Avilés está… Esperando a Darian

Esperando a DarianMañana viernes, día 27, en el café 70 grados (c/ Rui Pérez, 5) de Avilés, a las 19:30 horas, tendrá lugar la presentación de la novela Esperando a Darian, de Julia Navas.

Presenta el periodista Juan Carlos Galán Álvarez.

La escritora avilesina quiere presentar su novela en la ciudad que la vio nacer y crecer, demostrando así el cariño que la profesa, además de ser el escenario del que surgió esta novela, que ya va por su segunda edición ¡Felicidades, Julia!

Sinopsis: Ana, repasa su vida en un momento agridulce. Su plácida niñez; su adolescencia trepidante en el Madrid de la Movida. Años de música, diversión y coqueteo con las drogas; de amistad inquebrantable junto a Luis, un espacio físico y humano que la acoge y la protege de su soledad; su autoengaño en la relación con David en una relación adictiva y peligrosa que acaba tras un acontecimiento inesperado. El encuentro con Darian le llenará de ilusión y compensará el escozor de las heridas abiertas aunque él haya llegado de su país, la antigua Yugoslavia, lacerado por el dolor de la guerra, el desarraigo y una historia dolorosa que trata de ocultar. La espera del otro ha merecido la pena, pero la felicidad es un estado intenso e inestable que dura lo mismo que un suspiro… Esperando a Darian es una historia trepidante de amistad, amores y lealtades en dos escenarios distintos y coetáneos. Una España que despierta del oscuro letargo de la dictadura, que emerge eufórica y esperanzada, frente a un país, la Yugoslavia de Tito, que se desmorona y disgrega en pueblos que sufren odios ancestrales. Una trama de acontecimientos históricos y tragedias personales que arrastran a los variados personajes que aparecen alrededor de Ana y Darian. Algunos, entrañables; otros… terribles. A través de ellos hay una reflexión sobre la condición humana; el entorno y los personajes políticos que mueven los hilos de nuestras vidas. Y el destino… Siempre el destino: esa trascendente disculpa a la que acudimos para aludir a las consecuencias del camino elegido.

Julia NavasJulia Navas Moreno nació en Avilés en 1966. Desde 1989 reside en Gijón. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo, su verdadera pasión ha sido siempre la literatura. Comenzó a escribir poesía y relatos a una edad temprana, recibiendo varios premios como ganadora y finalista. Permaneció muchos años inactiva, volviendo con ganas y retomando la escritura con la que ha sido su primera novela, Esperando a Darian, una historia trepidante y emotiva con una prosa directa y llena de lirismo que volvemos a vislumbrar  en sus poemas. En noviembre del 2014 se alzó como ganadora en el II Concurso de Relatos Contra la Violencia Machista que organiza el Ayuntamiento de Terrassa con la concejalía de Políticas de Género. Dicho relato aparece en un libro: Compartiendo Historias.

 En breve verá la luz su primer libro de poemas titulado Confieso que he perdido el miedo.

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Sangre y polvo, de David Hijón

Esta semana, en la sección los Jueves literarios, espacio a través del cual compartimos reseñas de libros, tenemos la novela Sangre y polvo, del joven autor onubense David Hijón.

Sangre y polvo-David HijónTítulo: Crónicas de Gaia I: Sangre y polvo

Autor: David Hijón

320 Páginas

Papel y Ebook Amazon.es

Año 2015

 

Sinopsis 

Tras años de dudas, de suposiciones y habladurías, por fin se conocerá la verdad.
Antes de aquellos días se habían sucedido muchas disputas y guerras, pero por fin se alzaba algo parecido a la paz, o al menos eso creían los habitantes de Gaia. No obstante, iluso es aquel que cree que la paz durará por siempre, pues la naturaleza del ser humano es intentar dominar a otros.
Acceso al conocimientoSolo una persona parecía no creer lo que veían sus ojos en aquellos momentos, lo que tanto había deseado y anhelado. Era la persona que sujetaba las páginas que tanto habían buscado, la persona a la que iban destinadas dichos escritos. Cierto era que su autor había deseado que esas páginas llegasen a las manos de aquel que las sujetaba ahora. Al menos, ese había sido el propósito de alguien adorado por muchos y odiado por otros tantos.
Mucho tiempo habían esperado las personas de toda Gaia para saber la verdad, aunque solo fuese una parte de ella. Y al fin lo lograron, pues en las manos de Indúrinel se encontraba la historia de una vida y la de muchas muertes.

Una historia llena de aventuras, viajes, batallas, amor y traiciones que atrapará al lector desde la primera página.

¿Te atreves a descubrir el secreto tras las Puertas del Conocimiento?

Reseña

Primera novela de David Hijón, joven estudiante de Filología inglesa que nos sumerge en un mundo fantástico que no está ubicado en el tiempo, podría ser un pasado remoto o un futuro.

Únlinor es un príncipe cuyo destino es reinar en Gaia. Educado con todos los privilegios de su posición no cuenta, sin embargo, con el apoyo de su padre, el rey Rágar, debido a la muerte de su madre a causa de su nacimiento.

Sínduner sobrevive en las calles tras la muerte de toda su familia debido al hambre y la pobreza extremas, consecuencia del reinado de Rágar.

A partir de dos extremos de una sociedad (el máximo gobernante y el más pobre de los ciudadanos), la historia nos muestra como pueden llegar al mismo punto. La caída de uno y la traición que sufre otro, hacen que sus caminos se encuentren. Desde ese momento cambian, se hacen más humanos, adquieren principios morales y luchan por una sociedad más justa y equitativa.

Al mismo tiempo que los dos personajes tan contrapuestos van evolucionando, el autor nos muestra la confrontación entre dos tipos de gobierno, el dictatorial, representado como monarquía, y el democrático. En éste último también describe sus puntos débiles.

Se puede ver un paralelismo entre personajes y gobiernos. Únlinor sería la representación de la Monarquía mientras Sínduner podría ser la figura de la democracia, del pueblo. Pero hay una diferencia entre personajes y tipos de organización social. Los humanos cambian y terminan yendo en la misma dirección, a pesar de sus diferencias iniciales extremas. Sin embargo, las formas de gobierno se enfrentan en una batalla y sólo una puede ganar, a costa de la otra. Quizás es una manera de decir que el individuo puede cambiarse a sí mismo, a través del conocimiento, y la sociedad sólo puede hacerlo si los miembros que la componen cambian de forma individual.

Que el villano de la historia venga definido por la oscuridad también puede ser una manera de mostrar que la ignorancia nos vuelve ciegos. El conocimiento aporta la luz necesaria para cambiar y enfrentarse a esa oscuridad que cubrirá el mundo (el reino de Gaia), pero la búsqueda del conocimiento absoluto tiene también sus consecuencias. Alcanzarlo puede llevar a la destrucción como individuo.

En el libro se encuentran referencias a autores americanos del Trascendentalismo americano, como Thoureau o Emerson y a otros escritores. El propio autor aparece en forma de personaje secundario, en un guiño al Postmodernismo.

La novela se lee muy bien, el lenguaje es descriptivo sin pecar de retórica, los personajes están muy bien definidos y su evolución se desarrolla de forma natural y creíble a lo largo del libro. La historia atrapa enseguida al lector y mantiene el suspense por lo que va a suceder, y aunque tiene un final, deja las puertas abiertas…

M. P. Drayes

 

David HijónDavid Hijón Romero. Actualmente estudiante de tercer año de Filología Inglesa en la Universidad de Sevilla (US) aunque este año se encuentra de Erasmus en Manchester en la Manchester Metropolitan University. Nací en Manzanilla (Huelva) el 24 de febrero de 1993.
El propósito de este blog es dar a conocer las novelas y artículos que publique.
Ha publicado un artículo llamado The Transcendentalism of Kvothe, a la venta en Amazon, y una novela de fantasía titulada Sangre y Polvo, también disponible en Amazon.

Actualmente el autor se encuentra escribiendo la segunda parte de estas Crónicas de Gaia.

 

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Cómo escribir una buena novela y… no morir en el intento

Escribir, cursosLa novela es, sin duda, el género de ficción más ambicioso. Se trata de una carrera de fondo, en la que lo más complicado es mantener un buen ritmo narrativo y no perder el resuello a mitad de camino. No pocas veces, comenzamos con entusiasmo novelas que, meses más tarde, terminan apartadas en un cajón. Por eso, una buena planificación de la historia resulta esencial a la hora de plantearnos escribir una novela.

            Uno de los errores más comunes de los autores noveles consiste en comenzar a escribir sin un esquema de trabajo adecuado, sin una idea clara de hacia dónde irá la historia. Aunque todo esquema previo varía durante el propio proceso de escritura, es importante contar con él. Las decisiones más determinantes deben tomarse antes de sentarse a escribir las primeras líneas de nuestra novela: ¿Cuál será la voz narrativa que elijamos? ¿Narraremos en primera persona o en tercera? ¿Contaremos con una sola voz narrativa o diversificaremos los puntos de vista? ¿Nuestro narrador será también un personaje o será lo que se conoce como un narrador sin rostro?

            El tipo de narrador que elijamos será determinante, como lo serán también nuestros personajes. Saber construir personajes redondos, complejos y verosímiles, es sin duda otro de los grandes retos del novelista y uno de los talones de Aquiles habituales de los escritores noveles. Cada personaje ha de tener voz y entidad propia (una forma particular de hablar, de ser, de actuar), ha de ser verosímil, coherente con el mundo ficcional que proponemos. Todo buen escritor es, a la postre, un “detective” del alma humana y, de nuestra capacidad de observación de las personas, dependerá en gran medida nuestra destreza a la hora de ser capaces de crear buenos personajes.

            Estos tres aspectos primordiales para comenzar a escribir una novela (planificaciónCurso práctico de novela del trabajo, elección del narrador y composición de los personajes) puedes trabajarlos más a fondo, de forma clara, directa y útil, en el curso práctico de novela que organiza la asociación, el día 14 de marzo, en Gijón (Asturias), donde se dotará a los alumnos de éstas y otras herramientas indispensables para que consigan su propósito: escribir una buena novela y no morir en el intento.

Olalla Castro

www.sistercastro.blogspot.com.es

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Terror 3.0 en el… Bibliotren

RELATOS DE TERROR-Alberto BellidoOtra semana más nuestro programa de radio se encuentra inmerso en el misterio y el terror, acompañados por fantasmas, zombis, vampiros…

Mañana martes, día 24, en el Bibliotren, a las 11:30 horas, comentaremos el libro, Relatos de terror 3.0, y a continuación entrevistaremos a su autor, Alberto Bellido.

En este libro de relatos encontraremos historias que nos adentrarán en bosques extraños, mundos de fantasía, historias sobrenaturales, a la vez que nos acompañarán zombis, vampiros, fantasmas… incluso viviremos un Halloween muy especial.

Alberto Bellido es escritor, guionista, productor y director de cine. Además de lectorAlberto Bellido empedernido, desde niño es un enamorado de la magia del séptimo arte.

Ha colaborado con diversos relatos, guiones, artículos y críticas de cine en las publicaciones y revistas digitales Scifiworld, Ultratumba, la revista digital de Castilla y León, Penumbria y Catalejo.

Fue coordinador y editor de cine en la revista digital Astrolabium y en la actualidad es guionista, productor y director de cine en SÍE Productions.

Su proyecto más cercano es un cortometraje titulado La calabaza andante.

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Voltaire en… Días de cuento

Esta semana disfrutaremos con la lectura de un cuento de Voltaire, quien más conocido por sus escritos filosóficos que por los literarios.

VoltaireFrançois Marie Arouet (París,  1694 – ibídem,  1778), más conocido como Voltaire, fue un escritor, historiador, filósofo y abogado francés que figura como uno de los principales representantes de la Ilustración, un período que enfatizó el poder de la razón humana, de la ciencia y el respeto hacia la humanidad. En 1746 Voltaire fue elegido miembro de la Academia francesa en la que ocupó el asiento número 33.

Voltaire alcanzó la celebridad gracias a sus escritos literarios, sobre todo filosóficos y ha pasado a la Historia por acuñar el concepto de tolerancia religiosa. Fue un incansable luchador contra la intolerancia y la superstición y siempre defendió la convivencia pacífica entre personas de distintas creencias y religiones. Sus escritos siempre se caracterizaron por la llaneza del lenguaje, huyendo de cualquier tipo de grandilocuencia. Maestro de la ironía, la utilizó siempre para defenderse de sus enemigos, de los que en ocasiones hacía burla demostrando en todo momento un finísimo sentido del humor. Conocidas son sus discrepancias con Montesquieu acerca del derecho de los pueblos a la guerra, y el despiadado modo que tenía de referirse a Rousseau, achacándole sensiblería e hipocresía.

Una aventura india

 Voltaire

PitágorasPitágoras, estando en la India, aprendió, como saben todos, en la escuela de los gimnosofistas la lengua de los animales y la de las plantas. Paseándose un día por un prado cerca de la orilla del mar, oyó estas palabras:

-¡Qué desdicha la mía de haber nacido hierba, apenas llego a dos pulgadas de alto, cuando me huella bajo sus vastos pies un monstruo voraz, un animal horroroso, que tiene armada la boca de una fila de tajantes hoces con que me siega, me hace añicos, y me traga: los hombres llaman carnero a este monstruo, y no creo que haya en el universo criatura más abominable.

Dio Pitágoras algunos pasos más, y encontró una ostra abierta sobre una piedra: todavía no había abrazado la admirable ley que prohíbe comerse a los animales nuestros semejantes; iba a tragarse la ostra, cuando dijo ella estas lastimosas razones:

-¡Oh, naturaleza, qué feliz es la hierba, que como yo es obra tuya! Cuando la cortan, renace, y es inmortal; y nosotras desventuradas ostras, en balde nos defiende una doble coraza, que unos malvados nos engullen a docenas para desayunarse, y se acabó para siempre. ¡Qué suerte tan horrenda la de una ostra! ¡Que inhumanos son los hombres!

Estremecido Pitágoras, conoció la enormidad del delito que iba a cometer: pidió llorando perdón a la ostra, y la repuso bonitamente encima de la piedra.

Mientras iba meditando profundamente en este suceso, vio de vuelta al pueblo arañas que se comían las moscas, golondrinas que se comían las arañas, y gavilanes que se comían las golondrinas.

-¡Todas estas gentes -decía- no son filósofos!

Al entrar en el pueblo lo apretaron, lo estrujaron y lo tiraron al suelo una muchedumbre de pillos y desarrapados que iban corriendo y gritando:

-Muy bien hecho; bien lo merecen.

-¿Quién?, ¿qué? -dijo levantándose Pitágoras.

Y la gente corría sin cesar diciendo:

-¡Ah, qué gusto será verlos asar!

Pitágoras creyó que hablaban de membrillos o de alguna otra fruta; pero no era así, que era de dos pobres indios.

-Sin duda -dijo Pitágoras- que serán dos grandes filósofos aburridos de la vida y quePitágoras anhelan renacer bajo otra forma. Siempre es cosa gustosa mudar de casa, puesto que ningún alojamiento hay bueno; pero sobre gustos no se ha de disputar.

Siguió con la muchedumbre hasta la plaza pública, y allí vio una gran hoguera encendida, y enfrente de la hoguera un banco que llamaban un tribunal, y en este banco unos jueces; y estos jueces tenían todos en la mano una cola de vaca, y en la cabeza un bonete que se parecía perfectamente a las dos orejas del animal que montaba Isleño cuando vino en otro tiempo al país con Baco, después de atravesar el mar Eritreo a pie enjuto, y parar el Sol y la Luna, como lo cuentan los verídicos órficos.

Entre estos jueces se encontraba un hombre de bien a quien conocía mucho Pitágoras; y el sabio de la India explicó al de Samos de qué se trataba en la fiesta que iban a dar al pueblo indio.

-Los dos indios -le dijo- no tienen ganas ninguna de que los quemen; que les han condenado a este suplicio mis graves colegas: al uno, porque ha dicho que la sustancia de Jaca es distinta de la de Brama; y al otro, porque ha sospechado que era posible agradar al Ser supremo siendo virtuoso, sin agarrar a la hora de la muerte una vaca por la cola; porque, dice él, en todos los tiempos es posible practicar la virtud, y no siempre se encuentra una vaca a mano. Las buenas mujeres de este pueblo se han alborotado de tal modo al oír estas dos proposiciones heréticas, que no han dejado ni a sol ni a sombra a los jueces, hasta que han mandado el suplicio de estos dos infelices.

Infirió Pitágoras que, desde la hierba hasta el hombre, había motivos de quebranto en este mundo, puesto que trajo a la razón a los jueces, y aún a las devotas, cosa que solamente esta vez ha sucedido.

Fuese luego a predicar la tolerancia a Crotona; más un intolerante pegó fuego a su casa, y se quemó en ella después de haber librado a dos indios de las llamas. ¡Escape el que pudiere!

 

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Víctor Ros visita… los «jueves literarios»

El misterio de la casa Aranda

Título: El misterio de la casa Aranda

Autor: Jerónimo Tristante

Editorial Maeva (2007), Plaza & Janés (2015)

Páginas 360

Sinopsis: Madrid a finales del siglo XIX: el joven subinspector Víctor Ros, es llamado a la casa de los Aranda. Parece que una extraña maldición relacionada con la Divina Comedia, de Dante afecta a este lugar. Aurora, una joven recién casada, ha intentado acuchillar a su marido tras leer un párrafo del libro de Dante. Al mismo tiempo, Lola, una prostituta y amiga de Víctor le pide ayuda ya que tres de sus compañeras han sufrido una muerte violenta. Aparentemente los dos casos no están vinculados, pero muy pronto Víctor sigue varias pistas.

Reseña

Víctor Ros

En la serie interpretado por el actor Carles Francino

Los que habéis seguido esta miniserie de TVE, o la habéis visto en los anuncios, ya sabréis que está basada en la novela El misterio de la casa Aranda (Maeva, 2008), de Jerónimo Tristante, una obra con una larga trayectoria.

Cuando leí la novela en el 2008, después de conocer a su autor en la Semana Negra de Gijón,  Jerónimo Tristante era un escritor aún desconocido, si bien esta no era su primera obra.

Esta novela tiene todos los ingredientes para atrapar al lector como son misterio, acción, intriga, además de ser entretenida, amena y de fácil lectura. Pero lo que más me cautivó fue el personaje principal, Víctor Ros, un subinspector que, además de llegar a la policía después de haber sido un delincuente (“chirlero”), se deja guiar por el corazón, es intuitivo, comete errores, está obsesionado con el problema de las clases sociales y duda de si mismo (por ejemplo al pensar que no es merecedor de la mujer a la que ama), y posee la capacidad deductiva de un Sherlock Holmes a la española, incluso su Watson particular, en la persona de su ayudante Alberto Andanza, quien le instruye en las técnicas forenses más avanzadas de la época.

Victor-RosEl autor nos presenta a un personaje capaz de atraernos con su forma de ser y actuar, no dejando indiferente al lector en ningún momento. Acompañado además por un ritmo in crescendo que mantiene al lector pendiente de qué pasará; incluso incorporando unos breves flashbacks al inicio que nos aportan un poco más sobre el protagonista, conociendo su infancia y juventud, tenemos una novela ágil que nos enganchará desde la primera página.

Y si todo esto no es ya suficiente para querer leer la novela, tenemos que añadir su fantástica ambientación en el Madrid del siglo XIX, que no es solo costumbrista, incorporando múltiples referencias a noticias de la época aparecidas en la prensa, estrenos de teatro…, así como a datos curiosos para el lector como que en aquellos años estaba de moda el timo de la pirámide, lo que aporta aún una mayor credibilidad a la trama.

¿Se puede pedir más?  Una novela para disfrutar con su lectura y pasar unas horas muy entretenidos.

Covi S.

Jeronimo TristanteJerónimo Tristante (Murcia, 1969) es profesor de Biología y Geología en un instituto de secundaria de Archena. Aparte de El misterio de la casa Aranda (Maeva, 2007), la saga de Víctor Ros continua con El caso de la viuda negra (Maeva, 2008), El enigma de la calle Calabria (Maeva, 2010), y la Última noche de Víctor Ros (Plaza & Janés, 2013). También ha escrito la novela 1969 (200) que transcurre durante los últimos años del franquismo en Murcia y así como otra titulada El valle de las sombras (Editorial Plaza & Janés) en la que nos narra la aventura de unos presos dentro de la construcción de El valle de los Caídos. Anteriormente, y con el nombre de Tristante Salmerón publicó El ojo en el azul (Editorial Inédita, 2005) y Crónica de Jufré (Tres fronteras, 2001). Entre toda su obra hay que mencionar asimismo la única novela de tema histórico El tesoro de los nazarenos (Roca Editorial, 2009).

Su obra se ha traducido al italiano, francés y polaco.

La saga de Víctor Ros

La saga de Víctor Ros completa

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7 consejos para escribir de Edgar Allan Poe

edgar_allan_poePuede que no haya otra frase más macabramente misógina en la literatura inglesa que la afirmación de Edgar Allan Poe: «la muerte… de una mujer hermosa es sin duda el tema más poético del mundo.» (Tal vez su observación irónica impulsó a Sylvia Plath a escribir, cien años  después, «la mujer es perfecta / ella muerta / el cuerpo se viste con la sonrisa del éxito.») La frase pertenece al ensayo escrito por Poe en 1846 titulado La filosofía de la composición, y si este trabajo solo fue conocido por su fetichización literaria de lo que Elisabeth Bronfen llama «un cadáver estéticamente agradable» —marcando profundas ansiedades en «la sexualidad femenina y la decadencia»— entonces sería de interés para las feministas y académicos, aunque quizás no para el lector promedio.

Pero Poe tiene mucho más que contar aparte de un romance con mujeres muertas. El ensayo cumple la promesa de su título. Es aquí donde encontramos la famosa teoría de lo que la buena literatura es y hace, el logro de lo que él llama «unidad del efecto». Esta «totalidad» literaria es el resultado de una colección de elementos esenciales que el autor considera indispensable para «la construcción de una historia» que produzca un «efecto vívido», sea en poesía o en prosa.

Para ilustrar lo que quiere decir, Poe nos guía a través de un análisis de su propia obra, El cuervo. Como lectores, hemos de dar por sentado que El cuervo logra su efecto deseado. Poe no tiene dudas sobre eso. Pero, ¿cómo lo hace? Contra la idea común de que los escritores «componen a través de una especie de fino frenesí —una extática intuición», Poe no tiene «la menor dificultad en recordar los pasos progresivos de cualquiera de mis composiciones», pasos que él considera casi «matemáticos». Tampoco piensa que es una «falta de decoro» correr a un lado la cortina y revelar sus trucos. A continuación, en forma condensada, hemos enumerado los principales puntos del ensayo de Poe, que cubre los elementos que él considera más necesarios para una «efectiva» composición literaria.

  1. Saber el final antes de empezar a escribir.

«Nada es más claro», escribe Poe, «que cada argumento, digno de ese nombre, debe de ser elaborado hacia su desenlace antes de intentar cualquier cosa con la pluma.» Una vez que comienza la escritura, el autor debe mantener el final «constantemente a la vista» con el fin de «dar al argumento el aire indispensable de la consecuencia» e inevitabilidad.

  1. Manténgalo corto —la regla de una «sola sentada».

Poe sostiene que «si una obra literaria es demasiado larga para ser leída en una sola sesión, debemos contentarnos con prescindir del efecto inmensamente importante derivable de la unidad de impresión.», forzando al lector a tomar un descanso, y que «los asuntos mundanos interfieran» y rompan el hechizo. Este «límite de una sola sentada», por supuesto, admite excepciones —o la novela sería descalificada como literatura—. Poe cita a Robinson Crusoe como un ejemplo de una obra de arte «exigiendo ninguna unidad». Pero la regla de una sola sentada se aplica a todos los poemas, y por esta razón, escribe Poe, Paraíso Perdido de Milton fracasa en lo del efecto sostenido.

  1. Decidir sobre el efecto deseado.

El autor debe decidir de antemano «la elección de la impresión» que él o ella desea dejar en el lector. Poe asume aquí muchísimo acerca de la capacidad de los autores para manipular las emociones de los lectores. Incluso tiene la osadía de afirmar que el diseño de El cuervo rindió un trabajo «universalmente apreciable». Esto podría ser así, pero quizás no inspira universalmente la apreciación de la belleza que «excita al alma sensible hasta las lágrimas» —el efecto deseado de Poe para el poema.

  1. Elija el tono de la obra.

Poe afirma que es la base más elevada para su trabajo, aunque es discutible si es que él estaba siendo serio al respecto. Al igual que, en general, «La belleza es la única legítima provincia del poema», y en particular en El cuervo «La melancolía es por lo tanto la más legítima de todos los tonos poéticos.» cualquiera sea el tono que se elija, sin embargo, la técnica que emplea Poe, y recomienda, probablemente se aplica. Es la del «estribillo» —una repetida «nota clave»— sea una palabra, frase o imagen que sustenta un estado de ánimo. En El Cuervo, la palabra «nunca más» realiza esta función, una palabra que Poe eligió por su fonética tanto como por sus cualidades conceptuales.

Poe afirma que su elección del Cuervo para entregar este estribillo surgió del deseo para conciliar la irreflexiva «monotonía del ejercicio» con las capacidades racionales del personaje humano. Él en un principio consideró poner la palabra en el pico de un loro, y luego la colocó en un cuervo —«el pájaro de mal agüero»—, en consonancia con el tono melancólico.

  1. Determinar el tema y los personajes de la obra.

Aquí Poe reivindica lo de «la muerte de una mujer hermosa», y añade, «los labios más adecuados para tal tema son los de un amante afligido.» Él elige estas partículas para representar su tema: «la más melancólica» Muerte. Al contrario de los métodos de muchos escritores, Poe se mueve de lo abstracto a lo concreto, escogiendo personajes que sean portavoces de ideas.

  1. Establecer el clímax.

En El cuervo, dice Poe que «tuvo que combinar las dos ideas, la de un amante lamentando la muerte de la mujer y la de un cuervo que repite continuamente la palabra “Nunca más”». Reuniéndolos, primero compuso la tercera-a-última estrofa, lo que le permitió determinar el «ritmo, el metro, y la longitud y la disposición general» del resto del poema. Al igual que en la etapa de planificación, Poe recomienda que la escritura «tiene su principio-en el final.»

  1. Determinar el escenario.

Aunque este aspecto pareciera ser el punto obvio para empezar cualquier trabajo, Poe lo sostiene hacia el final, después de que él ya ha decidido el porqué quiere colocar ciertos personajes en un lugar, diciendo ciertas cosas. Sólo cuando se ha aclarado su propósito y ampliamente esbozado con antelación cómo pretende lograrlo, decide «colocar el amante en su habitación… ricamente decorada.» Dejar para lo último estos detalles no significa, sin embargo, que sean ideas tardías, sino que son sugeridas —o inevitablemente derivan— del trabajo anterior. En el caso de El Cuervo, Poe nos dice que con el fin de llevar a cabo su esquema literario, «una demarcación cerrada del espacio es absolutamente necesaria para el efecto del incidente aislado.»

A través de su análisis, Poe sigue insistiendo, con un alto grado de repetición, que en todos sus escritos mantiene «la originalidad siempre a la vista.» Pero originalidad para Poe, no es «una cuestión, como algunos suponen, de impulso o intuición». En cambio, él escribe que «ello demanda en su consecución menos invención que negación» En otras palabras, Poe recomienda que el escritor haga pleno uso de las convenciones y formas familiares, pero variando, combinando, y adaptándolas para encajar con el propósito del trabajo y convertirlo en algo propio.

Aunque la mayoría de las técnicas de Poe se refieren específicamente a la poesía, su propia ficción en prosa atestigua que estos pasos pueden aplicarse igualmente al arte de la narración breve. Y aunque él insiste en que las representaciones de la Belleza y de la Muerte, o que la melancólica belleza de la muerte marcan el más alto de los objetivos literarios, sin lugar a dudas cualquiera podría adaptar su fórmula a temas menos obsesivamente mórbidos.

Fuente: traducción del artículo publicado en openculture.com, titulado “Seven Tips from Edgar Allan Poe on How to Write Vivid Stories and Poems”.

 Traducción: Susana Visalli

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Terror, suspense, acción, ficción en… el Bibliotren

El despertarEste martes, día 17, a las 11:30 horas, nos escucharemos en nuestro programa de radio, el Bibliotren, para comentar la novela El despertar, pero no estaremos en el estudio, sino que viajaremos hasta un planeta oscuro llamado Nirvana, un lugar de paso donde sus habitantes quieren saber…, pero después regresaremos a la Tierra donde los humanos quieren… ¡Ten cuidado con lo que deseas!

¿Qué secretos esconden Matt, John, Steven, Duncan, Sara, el Capitán, Sam o Spell?

¿Te atreves a saber la verdad?

Al final volveremos al estudio para entrevistar a Isaac Barrao, el autor de esta novela de suspense, terror, ciencia Ficción, acción, para saber si… ¿Se puede dominar nuestro destino?

Una novela difícil de clasificar en un solo genero y en la que encontrarás miedo, suspense, acción, rencor, odio, sexo y… amor.

Isaac BarraoIsaac Barrao (Gerona, 1976) posee un espíritu creativo que le ha llevado hasta sus dos pasiones: el dibujo artístico y escribir, todo ello para plasmar aquello que siente e imagina. Su primera obra es El despertar, una novela que despierta el interés del lector desde su primera página para sumergirlo dentro de la acción, el suspense, el terror… siempre al límite. Una obra que no te dejará indiferente cuando llegues a la última página.

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¡Feliz San Valentín! Y como regalo, varios cuentos de amor…

Como hoy es San Valentín y además estamos celebrando las fiestas de Carnaval, vamos a celebrarlo con una agradable lectura, y por eso os traemos dos cuentos clásicos muy especiales: Abuelita, de Hans Christian Andersen,  y El primer amor, de Emila Pardo Bazán. ¿Os animáis a leerlos?

Abuelita

 Hans Christian Andersen

Abuela-cuenta-cuentosAbuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda. Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda. Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes? Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe – ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! – sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y… abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

-Se ha terminado -dijo- y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñito.

Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; se habría dicho que lo bañaba el sol… y entonces dijeron que estaba muerta.

La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido, y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y venerable, y no daba miedo mirar a la muerta. Era siempre la abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cánticos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido así, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a abuelita.

En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreciórosal espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí, y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro colocado bajo la cabeza de la difunta. La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero la muerta no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio. Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros, y por eso no vuelven. Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cánticos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, se ha convertido en polvo también. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y enviando el órgano sus melodías. Y uno piensa muy a menudo en la abuelita, y la ve con sus ojos dulces, eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca. Los nuestros verán a abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo.

Primer amor

de Emilia Pardo Bazán

Emilia-Pardo-Bazan¿Qué edad contaría yo a la sazón? ¿Once o doce años? Más bien serían trece, porque antes es demasiado temprano para enamorarse tan de veras; pero no me atrevo a asegurar nada, considerando que en los países meridionales madruga mucho el corazón, dado que esta víscera tenga la culpa de semejantes trastornos.

Si no recuerdo bien el «cuándo», por lo menos puedo decir con completa exactitud el «cómo» empezó mi pasión a revelarse.

Gustábame mucho -después de que mi tía se largaba a la iglesia a hacer sus devociones vespertinas- colarme en su dormitorio y revolverle los cajones de la cómoda, que los tenía en un orden admirable. Aquellos cajones eran para mí un museo. Siempre tropezaba en ellos con alguna cosa rara, antigua, que exhalaba un olorcillo arcaico y discreto: el aroma de los abanicos de sándalo que andaban por allí perfumando la ropa blanca. Acericos de raso descolorido ya; mitones de malla, muy doblados entre papel de seda; estampitas de santos; enseres de costura; un «ridículo» de terciopelo azul bordado de canutillo: un rosario de ámbar y plata, fueron apareciendo por los rincones. Yo los curioseaba y los volvía a su sitio. Pero un día -me acuerdo lo mismo que si fuese hoy- en la esquina del cajón superior y al través de unos cuellos de rancio encaje, vi brillar un objeto dorado… Metí las manos, arrugué sin querer las puntillas, y saqué un retrato, una miniatura sobre marfil, que mediría tres pulgadas de alto, con marco de oro.

Me quedé como embelesado al mirarla. Un rayo de sol se filtraba por la vidriera y hería la seductora imagen, que parecía querer desprenderse del fondo oscuro y venir hacia mí. Era una criatura hermosísima, como yo no la había visto jamás sino en mis sueños de adolescente, cuando los primeros estremecimientos de la pubertad me causaban, al caer la tarde, vagas tristezas y anhelos indefinibles. Podría la dama del retrato frisar en los veinte y pico; no era una virgencita cándida, capullo a medio abrir, sino una mujer en quien ya resplandecía todo el fulgor de la belleza. Tenía la cara oval, pero no muy prolongada; los labios carnosos, entreabiertos y risueños; los ojos lánguidamente entornados, y un hoyuelo en la barba, que parecía abierto por la yema del dedo juguetón de Cupido. Su peinado era extraño y gracioso: un grupo compacto a manera de piña de bucles al lado de las sienes, y un cesto de trenzas en lo alto de la cabeza. Este peinado antiguo, que arremangaba en la nuca, descubría toda la morbidez de la fresca garganta, donde el hoyo de la barbilla se repetía más delicado y suave. En cuanto al vestido…

Yo no acierto a resolver si nuestras abuelas eran de suyo menos recatadas de lo que sonmujer-retrato nuestras esposas, o si los confesores de antaño gastaban manga más ancha que los de hogaño. Y me inclino a creer esto último, porque hará unos sesenta años las hembras se preciaban de cristianas y devotas, y no desobedecían a su director de conciencia en cosa tan grave y patente. Lo indudable es que si en el día se presenta alguna señora con el traje de la dama del retrato, ocasiona un motín, pues desde el talle (que nacía casi en el sobaco) solo la velaban leves ondas de gasa diáfana, señalando, mejor que cubriendo, dos escándalos de nieve, por entre los cuales serpeaba un hilo de perlas, no sin descansar antes en la tersa superficie del satinado escote. Con el propio impudor se ostentaban los brazos redondos, dignos de Juno, rematados por manos esculturales… Al decir «manos» no soy exacto, porque, en rigor, solo una mano se veía, y ésa apretaba un pañuelo rico.

Aún hoy me asombro del fulminante efecto que la contemplación de aquella miniatura me produjo, y de cómo me quedé arrobado, suspensa la respiración, comiéndome el retrato con los ojos. Ya había yo visto aquí y acullá estampas que representaban mujeres bellas. Frecuentemente, en las Ilustraciones, en los grabados mitológicos del comedor, en los escaparates de las tiendas, sucedía que una línea gallarda, un contorno armonioso y elegante, cautivaba mis miradas precozmente artísticas; pero la miniatura encontrada en el cajón de mi tía, aparte de su gran gentileza, se me figuraba como animada de sutil aura vital; advertíase en ella que no era el capricho de un pintor, sino imagen de persona real, efectiva, de carne y hueso. El rico y jugoso tono del empaste hacía adivinar, bajo la nacarada epidermis, la sangre tibia; los labios se desviaban para lucir el esmalte de los dientes; y, completando la ilusión, corría alrededor del marco una orla de cabellos naturales castaños, ondeados y sedosos, que habían crecido en las sienes del original. Lo dicho: aquello, más que copia, era reflejo de persona viva, de la cual sólo me separaba un muro de vidrio… Puse la mano en él, lo calenté con mi aliento, y se me ocurrió que el calor de la misteriosa deidad se comunicaba a mis labios y circulaba por mis venas.

Estando en esto, sentí pisadas en el corredor. Era mi tía que regresaba de sus rezos. Oí su tos asmática y el arrastrar de sus pies gotosos. Tuve tiempo no más que de dejar la miniatura en el cajón, cerrarlo, y arrimarme a la vidriera, adoptando una actitud indiferente y nada sospechosa.

Entró mi tía sonándose recio, porque el frío de la iglesia le había recrudecido el catarro, ya crónico. Al verme se animaron sus ribeteados ojillos, y, dándome un amistoso bofetoncito con la seca palma, me preguntó si le había revuelto los cajones, según costumbre.

Después, sonriéndose con picardía:

-Aguarda, aguarda -añadió-, voy a darte algo… que te chuparás los dedos.

Y sacó de su vasta faltriquera un cucurucho, y del cucurucho, tres o cuatro bolitas de goma adheridas, como aplastadas, que me infundieron asco.

mi-tíaLa estampa de mi tía no convidaba a que uno abriese la boca y se zampase el confite: muchos años, la dentadura traspillada, los ojos enternecidos más de los justo, unos asomos de bigote o cerdas sobre la hundida boca, la raya de tres dedos de ancho, unas canas sucias revoloteando sobre las sienes amarillas, un pescuezo flácido y lívido como el moco del pavo cuando está de buen humor… Vamos que yo no tomaba las bolitas, ¡ea! Un sentimiento de indignación, una protesta varonil se alzó en mí, y declaré con energía:

-No quiero, no quiero.

-¿No quieres? ¡Gran milagro! ¡Tú que eres más goloso que la gata!

-Ya no soy ningún chiquillo -exclamé creciéndome, empinándome en la punta de los pies- y no me gustan las golosinas.

La tía me miró entre bondadosa e irónica, y al fin, cediendo a la gracia que le hice, soltó el trapo, con lo cual se desfiguró y puso patente la espantable anatomía de sus quijadas. Reíase de tan buena gana, que se besaban barba y nariz, ocultando los labios, y se le señalaban dos arrugas, o mejor, dos zanjas hondas, y más de una docena de pliegues en mejillas y párpados. Al mismo tiempo, la cabeza y el vientre se le columpiaban con las sacudidas de la risa, hasta que al fin vino la tos a interrumpir las carcajadas, y entre risas y tos, involuntariamente, la vieja me regó la cara con un rocío de saliva… Humillado y lleno de repugnancia, huí a escape y no paré hasta el cuarto de mi madre, donde me lavé con agua y jabón, y me di a pensar en la dama del retrato.

Y desde aquel punto y hora ya no acerté a separar mi pensamiento de ella. Salir la tía y escurrirme yo hacia su aposento, entreabrir el cajón, sacar la miniatura y embobarme contemplándola, todo era uno. A fuerza de mirarla, figurábaseme que sus ojos entornados, al través de la -voluptuosa penumbra de las pestañas, se fijaban en los míos, y que su blanco pecho respiraba afanosamente. Me llegó a dar vergüenza besarla, imaginando que se enojaba de mi osadía, y solo la apretaba contra el corazón o arrimaba a ella el rostro. Todas mis acciones y pensamientos se referían a la dama; tenía con ella extraños refinamientos y delicadezas nimias. Antes de entrar en el cuarto de mi tía y abrir el codiciado cajón, me lavaba, me peinaba, me componía, como vi después que suele hacerse para acudir a las citas amorosas.

Me sucedía a menudo encontrar en la calle a otros niños de mi edad, muy armados ya de su cacho de novia, que ufanos me enseñaban cartitas, retratos y flores, preguntándome si yo no escogería también «mi niña» con quien cartearme. Un sentimiento de pudor inexplicable me ataba la lengua, y solo les contestaba con enigmática y orgullosa sonrisa. Cuando me pedían parecer acerca de la belleza de sus damiselillas, me encogía de hombros y las calificaba desdeñosamente de feas y fachas.

Ocurrió cierto domingo que fui a jugar a casa de unas primitas mías, muy graciosas en verdad, y que la mayor no llegaba a los quince. Estábamos muy entretenidos en ver un estereóscopo, y de pronto una de las chiquillas, la menor, doce primaveras a lo sumo, disimuladamente me cogió la mano, y, conmovidísima, colorada como una fresa, me dijo al oído:

-Toma.

Al propio tiempo sentí en la palma de la mano una cosa blanda y fresca, y vi que era un capullo de rosa, con su verde follaje. La chiquilla se apartaba sonriendo y echándome una mirada de soslayo; pero yo, con un puritanismo digno del casto José, grité a mi vez:

-¡Toma!

Y le arrojé el capullo a la nariz, desaire que la tuvo toda la tarde llorosa y de morros conmigo, y que aún a estas fechas, que se ha casado y tiene tres hijos, probablemente no me ha perdonado.

Siéndome cortas para admirar el mágico retrato las dos o tres horas que entre mañana y tarde se pasaba mi tía en la iglesia, me resolví, por fin, a guardarme la miniatura en el bolsillo, y anduve todo el día escondiéndome de la gente lo mismo que si hubiese cometido un crimen.

Se me antojaba que el retrato, desde el fondo de su cárcel de tela, veía todas mis acciones, y llegué al ridículo extremo de que si quería rascarme una pulga, atarme un calcetín o cualquier otra cosa menos conforme con el idealismo de mi amor purísimo, sacaba primero la miniatura, la depositaba en sitio seguro y después me juzgaba libre de hacer lo que más me conviniese.

En fin, desde que hube consumado el robo, no cabía en mí; de noche lo escondía bajo la almohada y me dormía en actitud de defenderlo; el retrato quedaba vuelto hacia la pared, yo hacia la parte de afuera, y despertaba mil veces con temor de que viniesen a arrebatarme mi tesoro. Por fin lo saqué de debajo de la almohada y lo deslicé entre la camisa y la carne, sobre la tetilla izquierda, donde al día siguiente se podían ver impresos los cincelados adornos del marco.

El contacto de la cara miniatura me produjo sueños deliciosos. La dama del retrato, no en efigie, sino en su natural tamaño y proporciones, viva, airosa, afable, gallarda, venía hacia mí para conducirme a su palacio, en un carruaje de blandos almohadones. Con dulce autoridad me hacía sentar a sus pies en un cojín y me pasaba la torneada mano por la cabeza, acariciándome la frente, los ojos y el revuelto pelo. Yo le leía en un gran misal, o tocaba el laúd, y ella se dignaba sonreírse agradeciéndome el placer que le causaban mis canciones y lecturas. En fin: las reminiscencias románticas me bullían en el cerebro, y ya era paje, ya trovador.

Con todas estas imaginaciones, el caso es que fui adelgazando de un modo notable, y lo observaron con gran inquietud mis padres y mi tía.

-En esa difícil y crítica edad del desarrollo, todo es alarmante -dijo mi padre, que solía leer libros de Medicina y estudiaba con recelo las ojeras oscuras, los ojos apagados, la boca contraída y pálida, y, sobre todo, la completa falta de apetito que se apoderaba de mí.

-Juega, chiquillo; come, chiquillo -solían decirme.

Y yo les contestaba con abatimiento:

-No tengo ganas.

Empezaron a discurrirme distracciones. Me ofrecieron llevarme al teatro; me suspendieron los estudios y diéronme a beber leche recién ordeñada y espumosa. Después me echaron por el cogote y la espalda duchas de agua fría, para fortificar mis nervios; y noté que mi padre, en la mesa, o por las mañanas cuando iba a su alcoba a darle los buenos días, me miraba fijamente un rato y a veces sus manos se escurrían por mi espinazo abajo, palpando y tentando mis vértebras. Yo bajaba hipócritamente los ojos, resuelto a dejarme morir antes que confesar el delito. En librándome de la cariñosa fiscalización de la familia, ya estaba con mi dama del retrato. Por fin, para mejor acercarme a ella acordé suprimir el frío cristal: vacilé al ir a ponerlo en obra. Al cabo pudo más el amor que el vago miedo que semejante profanación me inspiraba, y con gran destreza logré arrancar el vidrio y dejar patente la plancha de marfil. Al apoyar en la pintura mis labios y percibir la tenue fragancia de la orla de cabellos, se me figuró con más evidencia que era persona viviente la que estrechaban mis manos trémulas. Un desvanecimiento se apoderó de mí, y quedé en el sofá como privado de sentido, apretando la miniatura.

Cuando recobré el conocimiento vi a mi padre, a mi madre, a mi tía, todos inclinados hacia mí con sumo interés. Leí en sus caras el asombro y el susto. Mi padre me pulsaba, meneaba la cabeza y murmuraba:

-Este pulso parece un hilito, una cosa que se va.

Mi tía, con sus dedos ganchudos, se esforzaba en quitarme el retrato, y yo, maquinalmente, lo escondía y aseguraba mejor.

-Pero, chiquillo…. ¡suelta, que lo echas a perder! -exclamaba ella-. ¿No ves que lo estás borrando? Si no te riño, hombre… Yo te lo enseñaré cuantas veces quieras; pero no lo estropees. Suelta, que le haces daño.

-Dejáselo -suplicaba mi madre-, el niño está malito.

-¡Pues no faltaba más!-contestó la solterona-. ¡Dejarlo! ¿Y quién hace otro como ese… ni quién me vuelve a mí los tiempos aquellos? ¡Hoy en día nadie pinta miniaturas!… Eso se acabó… Y yo también me acabé y no soy lo que ahí aparece!

hombre-asustadoMis ojos se dilataban de horror; mis manos aflojaban la pintura. No sé cómo pude articular:

-Usted… El retrato…. es usted…

-¿No te parezco tan guapa, chiquillo? ¡Bah! Veintiséis años son más bonitos que…, que…. que no sé cuántos, porque no llevo la cuenta; nadie ha de robármelos.

Doblé la cabeza, y acaso me desmayaría otra vez. Lo cierto es que mi padre me llevó en brazos a la cama y me hizo tragar unas cucharadas de oporto.

Convalecí presto y no quise entrar más en el cuarto de mi tía.

 

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Isabel Jiménez tercer puesto en el XXVIII Certamen de Cartas de Amor de la Asociación de Amas de Casa de Puertollano

Premiados en el Certamen Cartas de AmorMás alegrías para compartir porque una de nuestras compañeras ha ganado el tercer premio en el XXVIII Certamen de Cartas de Amor de la Asociación de Amas de Casa de Puertollano.

“Esa vida entre preposiciones”, firmada por Amando García Núñez, de Madrid, ha sido la carta ganadora del XXVIII Certamen de la Asociación de Amas de Casa “El Timón”, que recibirá un premio de 300 euros y placa. En segundo lugar ha quedado el trabajo “La princesa de Guirlache” de Lola Sanabria García, de Madrid, que se ha hecho acreedora de 200 euros y placa, mientras que el jurado ha seleccionado en tercer puesto a “Mi querer son tus recuerdos” de Isabel Jiménez, de Puertollano, que recibirá 100 euros y placa.

La entrega del premio tuvo lugar hoy viernes, día 13, a las 19:00 horas, en el Auditorio Municipal de Puertollano.

¡Felicidades Isabel!

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Los últimos días de nuestros padres, de Joël Dicker

Los-ultimos-dias-nuestros-padresTítulo: Los últimos días de nuestros padres

Autor: Joël Dicker.

Editorial Alfaguara,

Año 2014

Colección:  Literaturas.

Traducción:  Juan  Carlos Durán Romero.

416 páginas.

Sinopsis

“En 1940 Winston Churchill tiene una idea que cambiará el curso de la guerra: crear unaSOE nueva sección de los servicios secretos, el Special Operations Executive (SOE), para llevar a cabo acciones de sabotaje desde el interior de las líneas enemigas. Unos meses más tarde, el joven Paul-Émile deja París rumbo a Londres con la esperanza de unirse a la Resistencia. El SOE no tarda en llamarlo a sus filas, junto a un grupo de jóvenes compañeros. Tras un entrenamiento brutal, los pocos elegidos conocerán el amor, el miedo y la amistad, y serán enviados en misión a la Francia ocupada. Pero el contraespionaje alemán ya ha sido alertado…”

 Reseña

Novela  perteneciente  al  género  histórico-bélico,  es  decir,  una  trama  novelesca sustentada sobre hechos históricos, es una novela de gran intensidad dramática en la que se amalgaman historia, espionaje y amor, por partes iguales, aunque no todos los temas tratados de igual forma ni con la misma intensidad.

Es un texto emotivo, en el que no se habla de la forja de héroes, sino de la forja de “hombres” con sus sentimientos, sus ansias vitales, sus alegrías y tristezas, sus obsesiones…

SOE y la resistenciaSon seres humanos valientes, pero también seres humanos llenos de debilidades,  y en la humanidad que poseen es donde reside el mayor acierto del autor.

Quien espere encontrar una novela bélica, se decepcionará, porque en la novela no se relatan  grandes  hazañas  bélicas,  no  son  más  que  meras  anécdotas.  Quien  espere encontrar una novela de espionaje, también se decepcionará, porque la novela carece de la tensión dramática que caracteriza a este tipo de relatos. Es una novela que habla de sentimientos: el amor de un hijo hacia su padre, hasta su perdición, el amor de un padre hacia su hijo, casi hasta la locura, el amor entre un hombre y una mujer, el amor y la camaradería, el amor platónico…

Dicker es un gran contador de historias, tiene la capacidad de hacer que el lector empatice con los personajes, aunque para ello utiliza un lenguaje demasiado común, sin ninguna ambición estética. No hay en ella una preocupación de estilo o de perfección formal.

Sin duda, posee un talento narrativo que te engancha, ya que escribe por instinto y con una intuición inusual. Narra, a través de un narrador omnisciente, que va desgranando el interior de los personajes, no sólo a través de sus palabras, sino de sus hechos,  dejando al descubierto las emociones que alcanzan su cénit en los pequeños retazos en los que se nos muestra la tristeza del padre del protagonista, la desesperación que raya la locura.

Los personajes son maravillosos, están llenos de matices, algunos son deliciosos, alguno inquietante.

Es una novela de gran lirismo y hay que acudir a ella sin prejuicios, olvidando que Dicker es el autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert, porque quien no lo haga, no será capaz de ver el valor que realmente tiene.

Lo mejor de la novela: la capacidad de contar de Dicker, su manera de mostrarnos a hombres comunes capaces de realizar hechos extraordinarios, y a hombres execrables que son capaces de tener gestos que dejan patente una cierta sensibilidad. Lo peor: que el narrador omnisciente está demasiado presente y el final cerrado, anticipando el futuro de los personajes desde su presente.

Es una novela recomendable, entretenida.

T. Villarino

El escritor Joël Dicker nació en Suiza en 1985. Ha escrito seis novelas de las que hajoel-dicker publicado sólo dos. La primera es esta novela, Los últimos días de nuestros padres, que, siguiendo la estela del éxito obtenido por La verdad sobre el caso Harry Quebert, ha sido publicada por la editorial Alfaguara dos años después de su publicación.

Cuando contaba con 20 años de edad su cuento corto “Le Tigre” ganó el Premio Internacional para Jóvenes Autores Francoparlantes y la publicación del mismo junto a otros relatos ganadores le estimuló a continuar escribiendo. Este impulso se materializó en la novela “Los últimos días de nuestros padres“, que Dicker terminó en 2009 y con la que ganó el Premio de los Escritores Ginebrinos, que se convoca cada 4 años y al que sólo pueden presentarse obras que no hayan sido previamente publicadas.

Su segunda novela publicada, la aclamada La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara, 2013), ha sido galardonada con el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa, y, en España, ha sido elegida Mejor libro del año según los lectores de El País y  ha  merecido  el  Premio  Qué  Leer  al  mejor  libro  traducido  y  el XX  Premio  San Clemente otorgado por los alumnos de bachillerato de varios institutos de Galicia. Traducida  con  gran  éxito  a  treinta  y  tres  idiomas,  se  ha  convertido  en  el  último fenómeno literario global.

 

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Llega a Avilés la magia con la presentación del libro «Y vos, ¿qué pensás?»

Y-vos-que-pensasSeguro que os acordáis que la semana pasada tuvimos en el Bibliotren a Juan José González para hablarnos de su último libro Y vos, ¿qué pensás?.

Ahora tenéis la oportunidad de verle en directo asistiendo a la presentación del día 13, viernes, a las 19:30 horas, en el Palacio de Valdelcarzana de Avilés.

Un libro que te llevará a través de la magia de las palabras a reflexionar, a imaginar, a dudar…

Hay libros especiales, libros que te llegan muy adentro cuando los lees, cuando los disfrutas lentamente, saboreando cada párrafo, este es uno de ellos.

¿Os lo vais a perder?

Puedes escuchar la entrevista que le hicimos al autor en el Bibliotren como aperitivo antes de ir a la presentación…

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Carlos Fernández Salinas gana un premio de relato

Ganador del XXVII CERTAMEN DE RELATO CORTO BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE PILAS 2014

Está claro, nuestro compañero nos llena de alegrías… ¡Felicidades, Carlos!Carlos Fernández Salinas

Seguramente os acordareis que a finales de enero hicimos un pequeño taller para comentar cómo  enviar un relato a un certamen literario, y que la persona que ofrecía este taller era el autor Carlos F. Salinas, cuya trayectoria avala por si sola su valía como escritor.

Hoy tenemos una maravillosa noticia, Carlos Fernández Salinas es el ganador del XXVII CERTAMEN DE RELATO CORTO BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE PILAS 2014, con su relato Días de lluvia, otro premio más que añade a su ya extenso currículo literario.

¿Os apetece leer algo de este autor? Pues os recordamos que Carlos tiene un libro deLo que la mar esconde relatos editado, se titula Lo que la mar esconde (Autores Premiados, 2013), y en el encontrareis una cuidada selección de relatos premiados en varios certámenes, y cuyo hilo conductor es la mar.

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La caída del inmortal en… el Bibliotren

La caida del inmortalEste martes, a las 11:30 horas, en el Bibliotren, el programa de radio que dedicamos a los libros, comentaremos la novela La caída del inmortal.

Después entrevistaremos a su autor, Pablo Gutierrez.

El auto ha escrito una novela llena de fantasía, magia, imaginación, con un protagonista normal que tiene miedos, complejos, como cada uno de nosotros, pero se encuentra con Pablo, una persona diferente que…

Sinopsis: Cuando Arturo vuelve una tarde del trabajo, su mujer le entrega un misterioso paquete sin remitente y con un inquietante dibujo. Al rasgar el envoltorio descubre un libro titulado El Inmortal, cuyo autor es Pablo. Un aluvión de recuerdos le transporta treinta años atrás. En aquella época, Arturo era un solitario muchacho de quince años sin rumbo, inmerso en su infierno personal e incapaz de ver más allá de la miseria absoluta del barrio marginal donde vivía. En ese momento llega al barrio, y a su vida, Pablo, un chico extraño, soñador y vital que le enseñará a mirar con otros ojos lo que le rodea, y a apreciar que en acciones aparentemente sin importancia se encuentra el héroe que cada uno sueña ser. Arturo se siente magnetizado por su forma de pensar y ver el mundo.

Pero Pablo esconde un secreto…,  tiene un don.

Una noche en casa de Pablo, hojeando unos dibujos, Arturo ve el esbozo de una estepa. Pablo le anima a poner su mano sobre el dibujo y… aquí comienza la lucha de Arturo, incluso en la vida real.

Pablo José Gutierrez nació en Granada. Desde pequeño su cabeza bulle llena dePablo Gutierrez aventuras, de hazañas, de mundos extraños, de héroes…, hasta que un día decide compartirlo, pasarlo al papel y dejar que otros se sumerjan también y compartan su pasión.

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El regreso… en Días de cuento

El regreso

Emilio Díaz Valcárcel

sillón de mimbreSe detuvo frente al balconcito sin saber qué hacer. Miró por un instante el viejo sillón de mimbre, la escalera de tablas carcomidas, las puertas cerradas y pegadas a la faz de la casa como dos ojos enormes. Se quedó inmóvil, la mirada perpleja, en el mismo momento en que una patrulla de recuerdos lo asaltaba. Debe de estar en el rosario, dijo, y se volvió para ver si lo habían escuchado. Pero solo un perro vagabundo cruzaba la callejuela solitaria, veteándose de luz al pasar bajo las bombillas que se encarnizaban contra la noche. Volvió a contemplar el balcón destartalado, el viejo sillón de mimbre, rechazando un recuerdo. (El cuarto femenino, el olor a cold cream, el suave y voluptuoso olor a cold cream que él siempre llevó dentro aun sin tener que percibirlo con los sentidos; el cuarto femenino en penumbras, las piernas blancas, la mano sobre la redonda rodilla, la madre ausente… ¿Cuánto tiempo hacía? ¿Cuándo?) “Todavía no”, le había dicho Catalina. “Cuando vuelvas seré tuya.”

El hombre se llevó las manos a la frente, donde comenzaban a destellar diminutas gotas. ¿Por qué tengo que volver a esto?, se dijo.

Cuando llegó al pueblo embutido en su nítido uniforme, lo recibió la metralla de preguntas: “¿Cuándo llegaste?” “¿Peleaste mucho?” “¿Y las coreanas, cómo son las coreanas?” Pero no hizo otra cosa que emprender la retirada. Alguien disparó una interrogación a sus espaldas y él se apresuró a explicar: “Si me notan algo raro, es la alegría que siento.”

Eso, una hora antes. Ahora se dio a caminar sin rumbo, saltando la alambrada de su desánimo, sin atreverse a mirar a las mujeres que de rato en rato lo rozaban con sus miradas.

-Date la fría, mi hermano.

Se había encontrado emboscado entre aquel alborozo de amigos, con música de vellonera de fondo. Tenía una cerveza pegada a los labios, el cogote hacia atrás, los ojos fijos al batallón de botellas del mostrador. Frente a él, borroso, el rostro del dependiente reía y reía, había mucha alegría. Pero él no comprendía el porqué de aquellos dientes pelados.

-Me invitas a la boda, panita.

Se dio vuelta de repente, alzando un puño con lentitud hasta la altura de la cabeza. Ya empiezan, se dijo; deben de saberlo. Bajó el puño y desvió la mirada, avergonzado.

-Están todos invitados -dijo forzando una sonrisa.

Salió a la calle fumando un cigarrillo. Mejor es que le hable, pensó; no sabe que estoy en elperro vagabundo pueblo. Caminó hasta el frente de la casa, nuevamente. Si lo supiera, se dijo, me hubiera esperado en el balcón, como siempre. Se detuvo sin saber qué hacer. Allí estaba el viejo sillón de mimbre otra vez, la escalera un poco deteriorada, las puertas siempre abiertas para él, el cuarto en penumbra, el espejo de luna donde él se había mirado de reojo al mirarla a ella… “Cuando vuelvas”, había dicho ella retirándolo con las manos sobre el pecho de él. “No, ahora, Catalina, vamos a hacerlo ahora.” Encendió otro cigarrillo, lanzando el fósforo sobre el lomo de un perro que le olfateaba los ruedos del pantalón. “Yo regresaré pronto.” Chupó hasta colmarse los pulmones. El perro lo miraba receloso, las orejas tiesas y el rabo erguido. “Cuando vuelvas, no ahora”, sonó la voz de Catalina. Se estrujó el pañuelo por la frente y miró a todos lados. El perro continuaba estático, con los ojos como luces de bengala. “Pero yo te quiero ahora, nena.”

Un gato saltó de una lata de basura y se perdió tras una casa. El perro ladró sin moverse de su sitio y el hombre, sobresaltado, lo amenazó con un puntapié. Huyó el animal, minando parte del silencio con su aullido. Miró su reloj pulsera: las ocho y treinta.

Dos mujeres venían hablando animadamente. Cerca ya, dejaron de hablar y lo miraron de soslayo, rehuyéndole un tanto. Cuando sus figuras comenzaron a desdibujarse en la distancia recomenzaron su charla, mirando hacia atrás de rato en rato. Lo último que percibió de ellas fue algo como un leve silbido de admiración.

Chupó hondamente del cigarrillo que ya le quemaba los dedos. “Vendré enterito para ti”, le había dicho a ella, en el cuarto oloroso a cold cream y a sueño, tasándola de reojo en el cigarroespejo, de pie contra su cuerpo, mientras la madre estaba en el rosario. Luego vino la lucha inútil sobre la cama, las piernas cerradas con obstinación para rechazarlo. Y meses más tarde la notificación de la marcha hacia la guerra, la despedida junto al sillón de mimbre, el eterno viaje de treinta días por mar, el asalto a la colina Kelly con las luces de bengala en lo alto, en una noche que ahora es el recuerdo de una pesadilla; los hombres cayendo por montones, unos sobre otros, como sacos de arroz en una trastienda. Y él escondido tras un arbusto, haciendo fuego bajo un cielo negro, apedreado por el miedo, con el recuerdo de ella palpitando en lo más hondo. El estallido de la mina aquella, casi debajo suyo, y la bruma que le entró por los ojos hasta llenarlo sordamente como el guano a la almohada. Las luces pálidas del hospital, el olor mareante del éter, el médico de rostro esculpido en madera vieja diciendo una y otra vez: “Mal sitio para una herida, mal sitio para una herida.” Y su grito ahogado: “¡Catalina!” “Cuando vuelvas seré tuya.” Debo hablar con ella, se dijo el hombre encendiendo otro cigarrillo. No me va a querer, pensó; ninguna mujer quiere a un hombre así. Caminó en círculo frente a la casa, pisoteándose la sombra.

Un perro ladró en la esquina. El hombre columbró una silueta en la punta de la callejuela y se pegó a una pared, el aliento contenido. La vio cruzar bajo un chorro de luz con aquel paso resuelto que él conocía tan bien. El canto de un gallo se escuchó ronco y prolongado detrás de las últimas casas del barrio. La sentía avanzar, y el rumor de sus pasos quedaba suspendido en el aire lento y vacío de la noche. Ágiles reflejos de luz se agitaban en los pliegues de su falda; las sombras le apretaban la cintura.

La vio subir la escalera, contoneándose, abrir la puerta y encender la luz de la sala. Ahora cruzaba las piernas al sentarse a la mesa con papel y pluma en las manos. Me va a escribir, pensó él, recordando las cartas recibidas en Corea, y las recibidas luego en el campamento norteamericano.

Minutos después ella se levantó y puso la carta sobre el cristal del chinero. Él la vio hundirse ahora en la oscuridad de la cocina y salió de su escondite en el instante en que sellamando a la puerta encendía sobre ella una bombilla. He venido a hablarle, pensó, y así lo haré. Subió temblando al balcón, con pasos suaves como si temiese pisar el resorte de una mina, y acarició por un instante la baranda donde ambos se habían reclinado infinitas veces. “¿Por qué tengo que volver a esto”, se preguntó, dudando un momento. Luego se irguió con resolución y tocó a la puerta. La voz de la mujer serpenteó desde el fondo de la casa:

-¿Quién es?

“Cuando vuelvas.” No pudo contestar. Ella volvió a preguntar, al cabo de un largo minuto, un poco sobresaltada:

-¿Quién está ahí, ah?

Sintió resonar sus pasos, lentos, medrosos, a través de la sala. “Cuando vuelvas seré tuya.” Los pasos estaban ya junto a la puerta. “Cuando vuelvas…” El hombre saltó la baranda y se perdió entre los callejones.

Emilio Díaz Valcárcel Emilio Díaz Valcárcel nació en Trujillo Alto, Puerto Rico en el 1929. A los veinte años fue reclutado por el ejército de los Estados Unidos y enviado a la guerra de Corea, experiencia que dejaría huella en buena parte de su obra, aportando una nueva temática a la literatura hispana. Forma parte de la promoción de narradores que surge con mucha fuerza, a mediados del siglo XX y que incluye figuras como José Luis González, Pedro Juan Soto y René Marqués. Trabajó como guionista de cine en la División de Educación  de la Comunidad y como redactor de textos publicitarios. Dirigió la revista cultural Cupey y se desempeñó como Catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Puerto Rico, de donde se jubiló en 1995. Fundó el Taller de Narrativa del Instituto de Cultura Puertorriqueña y el del Departamento de Español de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico. Su obra literaria ha sido objeto de estudios  y tesis doctorales por estudiantes de universidades dentro y fuera de Puerto Rico, cuentos_completos de Emilio Díaz Valcárcelasí como parte de su obra ha sido traducida a diferentes idiomas. Ha recibido múltiples homenajes y reconocimientos  por diferentes universidades y organizaciones culturales tanto en Puerto Rico como  en el exterior. Su trabajo literario ha sido premiado por instituciones tales como el Ateneo Puertorriqueño, Pen Club de Puerto Rico, Instituto de Literatura Puertorriqueña y Premio Nacional de Las Artes 2002 otorgado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña por una vida  dedicada al quehacer cultural. Tiene varios libros de cuentos y entre sus novelas se destacan: Figuraciones en el mes de marzo, finalista del Premio Biblioteca Breve Seix Barral 1971, que ingresó a Puerto Rico en el “boom” de la literatura hispanoamericana; Harlem todos los díasMi mamá me amaEl hombre que trabajó el lunes; y Laguna y Asociados.  Su última obra publicada en 2002 es una antología de Editorial Alfaguara, Cuentos Completos. Actualmente trabaja en una novela.

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Y Latina, la revista de los escritores noveles

Y LatinaHoy te presentamos nuestra revista literaria Y Latina, la revista de los escritores noveles.

Una revista con entrevistas, relatos, artículos, poesías, novedades literarias y mucho más.

En este primer número encontrarás la entrevista que le realizamos al escritor Enrique Laso, a quien tuvimos hace poco en nuestro programa de radio, El Bibliotren, y que nos hablaba de su última novela, El rumor de los muertos.

Podrás disfrutar con la lectura de relatos como Héroes por una sola vez (Sara Caballero),  El perro demasiado pequeño (Toni Cifuentes), En la lista (Jose Luís Díaz), Noche de Paz (Francisco Javier Gómez), La peluquera (Conchi Gonzalo), Llego tarde (Julia Navas), Días de humo (Covi Sánchez) o Cartas (M. P. Drayes).

Relatos juevniles llenos de fantasía y aventura como La historia de Alex y Roth (Alex Jiménez) o Los extraños amigos de Jack ( Hipólito Sánchez)

Los microrrelatos como Limpiemos (Julia Navas) o los tres ganadores del certamen de Halloween 2014… La noche perfecta (Ricardo Zamorano Valverde), Sueño (Cristina Argibay) y Lobo (Anais González).

Artículos como el titulado Borracho y homosexual (Ignacio Pérez González), maravilloso homenaje a Truman Capote; Cuando leer resulta tan bestial (Agustín Molleda), ¡Música, Maestro! (M. P. Drayes), o El trabajo bien hecho y Amabilidad (Jordi Pujolá).

Poesías como la titulada Del buscón D. Pablos en las Indias (Francisco Javier Gómez) o Si las paredes hablasen (Julia Navas).

La ternura hecha palabras en la poesía para niños, El año (Ana Rodríguez).

Y todas las novedades literarias del 2014 y lo que llevamos del 2015…

¿Qué te ha gustado más de la revista? Esperamos vuestros comentarios…

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Esta semana en el Bibliotren… Y vos, ¿qué pensás?

Este martes contaremos con un nuevo programa de radio en el Bibliotren, de la RPA, a las 11:30 horas, presentaremos el libro  Y vos, ¿qué pensás?, un libro muy especial.

A continuación entrevistaremos a su autor, Juan José González, más conocido como… Disten.

Y-vos-que-pensasY vos, ¿qué pensás? Decimos que es un libro muy especial porque a través de él viviremos experiencias, y nos adentraremos en nuestras propias reflexiones y recuerdos.

Sinopsis: En sus manos no tiene una joya. No le dará poder, ni dinero, ni estatus; quizás más bien se los quite. Se trata de un agujero negro hacia usted mismo. Un medio de transporte hacia sus reflexiones y recuerdos. Un último aviso, después de este viaje su reputación puede estar en juego… o más bien la de todos los que le rodean.

Juan José GonzálezDisten es el personaje en el que algún día quiere convertirse el hoy por hoy, mortal, ciudadano y aprendiz de la vida, Juan José González Martínez, (Juanjo, para los amigos), nacido y criado desde 1965 en su barrio de Vallecas, escritor sin haberlo previsto y con el favor de un público siempre cariñoso y comprensivo.

Entusiasmado con cada paisaje que descubre, con cada vivencia y asombrado por lo que le enseña toda ciudad o pueblo al que acude a presentar sus obras, de esta forma ha tenido la posibilidad de saborear Cáceres, Oviedo, Gijón, Avilés, Plasencia, Almería, Tabernas, Senés, León, Ponferrada, Fabero, Piedralaves, Cacabelos, Piedrafita do Cebreiro, Montefurado… y que sigan viniendo más enseñanzas a tal efecto.

Siempre descubriendo buena gente por el mundo y espectaculares campos, mares y montañas.

Cada día, cada estrella y cada persona… no son ya importantes, sino vitales para este aprendiz de escritor y de la vida.

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En días de cuento… La causa secreta

Machado-de-AssisJoaquim Machado de Assis (1839-1908) fue un escritor brasileño, y uno de los grandes narradores del siglo XIX. En su obra encontramos cuentos, novela poesía y teatro. Fue un activo crítico literario, además de ser uno de los creadores de la crónica en Brasil. Fundó la Academia Brasileña de las Letras.

Considerado el padre del realismo en Brasil, si bien de un realismo muy especial, con ecos de Sterne, escribió obras tan destacables como Memorias póstumas de Blas Cubas, Don Casmurro, Quincas Borba o Memorial de Aires.

Fuente: es.wikipedia.org/wiki/

 

La causa secreta

de Joaquim Machado de Assis

García, de pie, miraba y hacía crujir sus dedos; Fortunato, en la mecedora, miraba el techo; María Luisa, junto a la ventana, concluía un trabajo de aguja. Hacía cinco minutos que ninguno de ellos decía nada. Habían hablado del día, que fue excelente, de Catumbi, donde residía el matrimonio Fortunato, y de un sanatorio sobre el que ya volveremos. Como los tres personajes allí presentes están ahora muertos y enterrados, ya es tiempo de contar la historia sin remilgos.

Habían hablado también de otra cosa, además de aquellas tres, cosa tan fea y grave, que no les dejó muchas ganas de charlar sobre el día, el barrio y el sanatorio. Toda la conversación a ese respecto fue tensa. Ahora mismo, los dedos de María Luisa se ven temblorosos, mientras que en el rostro de García hay una expresión de severidad, que no es habitual en él. En verdad, lo que ocurrió fue de tal naturaleza, que para hacerlo comprensible es preciso remontarse al origen de la situación.

rua de dom manuel-brasilGarcía se había doctorado en medicina, el año anterior, 1861. En 1860, estando aún en la facultad, se encontró con Fortunato por primera vez, en la puerta de la Santa Casa; entraba cuando el otro salía. Le impresionó la figura; pero aun así la habría olvidado de no haberse producido un segundo encuentro, pocos días después. Vivía en Rua de Dom Manuel. Una de sus escasas distracciones consistía en ir al Teatro de São Januário, que quedaba cerca, entre esa calle y la playa; iba una o dos veces por mes, y nunca encontraba más de cuarenta personas. Sólo los más intrépidos osaban extender sus pasos hasta aquel rincón de la ciudad. Una noche, estando ya acomodado en su butaca, apareció allí Fortunato y se sentó junto a él.

La pieza era un dramón, cosido a cuchilladas, erizado de imprecaciones y remordimientos; pero Fortunato lo escuchaba con singular interés. En las escenas dolorosas, su atención se redoblaba, sus ojos iban ávidamente de un personaje a otro, a tal punto que el estudiante sospechó que en la pieza había reminiscencias personales del vecino. A continuación del drama, venía una farsa; pero Fortunato no esperó por ella y salió; García salió tras él. Fortunato fue por el Beco do Cotovelo, Rua de São José, hasta el Largo da Carioca. Iba despacio, cabizbajo, deteniéndose a veces, para descargar un bastonazo en algún perro que dormía; el perro se quedaba aullando y él proseguía su camino. En el Largo da Carioca subió a un tílburi, y se fue hacia los lados de la Praça da Constituçao. García regresó a su casa sin saber nada más.

Pasaron algunas semanas. Una noche, a las nueve, estaba en su habitación cuando oyó rumor de voces en la escalera; bajó en seguida de la buhardilla donde vivía, al primer piso, donde residía un funcionario del arsenal de guerra. Algunos hombres lo conducían, escaleras arriba, ensangrentado. El negro que lo servía acudió a abrir la puerta; el hombre gemía, las voces eran confusas, la luz escasa. Una vez que lo acostaron en la cama, García dijo que era necesario llamar a un médico.

-Ahí viene uno -dijo alguien.

García miró al recién llegado: era el mismo hombre de la Santa Casa y del teatro. Supuso que sería pariente o amigo del herido; pero rechazó la suposición, cuando oyó que le preguntaba si tenía familiares o algún allegado. El negro le dijo que no, y él asumió la responsabilidad de la atención, les pidió a las personas extrañas que se retirasen, dio una propina a quienes cargaron con el herido, y formuló las primeras órdenes. Sabiendo que García era vecino y estudiante de medicina, le pidió que se quedara para ayudar al médico. En seguida le contó lo que había pasado.

-Fue una pandilla de ladrones. Yo venía del cuartel de Moura, adonde fui a visitar a un primo, cuando oí un tumulto muy grande, y de inmediato vi una aglomeración. Parece que ellos hirieron también a un sujeto que pasaba por allí, y que se metió por uno de aquellos callejones; pero yo sólo vi a este señor, que había cruzado la calle en el momento en que uno de los ladrones, abalanzándose sobre él, le hundió el puñal. No cayó enseguida; alcanzó a decir dónde vivía, y como era a dos pasos, me pareció mejor traerlo.

-¿Usted ya lo conocía? -preguntó García.

-No, nunca lo vi. ¿Quién es?

-Es un buen hombre, funcionario del arsenal de guerra. Se llama Gouveia.

-No sé quién es.

HeridoUn médico y un subcomisario de la policía llegaron poco después; se hizo la curación y se tomaron las declaraciones. El desconocido dijo llamarse Fortunato Gomes da Silveira, vivir en la capital, ser soltero y residente en Catumbi. La herida fue diagnosticada como grave. Durante la curación, auxiliado por el estudiante, Fortunato actuó como ayudante, sosteniendo la palangana, la vela, las vendas, sin inmiscuirse en nada, mirando fríamente al herido que gemía mucho. Por fin habló en un aparte con el médico, lo acompañó hasta el rellano de la escalera, y le reiteró al subcomisario que podía contar con él cuando lo deseara para las investigaciones policiales. Los dos se fueron; el estudiante y él permanecieron en la habitación.

García estaba atónito. Lo miró, lo vio sentarse tranquilamente, estirar las piernas, hundir las manos en los bolsillos, y fijar la mirada en el herido. Los ojos eran claros, color de plomo, se movían despacio, y tenían una expresión dura, seca y fría. Cara delgada y pálida; un hilo de barba que pasaba por debajo del mentón, y se extendía de una sien a otra, corto y rojizo. Tenía cuarenta años. De vez en cuando se volvía hacia el estudiante, y le preguntaba una que otra cosa acerca del herido; pero en seguida apartaba la mirada, mientras el muchacho le daba la respuesta. La sensación que tenía el estudiante era de repulsión al mismo tiempo que de curiosidad; no podía negar que estaba presenciando un acto de rara dedicación, y si era desinteresado como parecía, no había otra cosa que hacer que aceptar que el corazón humano era un pozo de misterios.

Fortunato salió poco antes de una hora; volvió en los días siguientes, pero el restablecimiento se produjo rápidamente y, antes de que concluyese, desapareció sin decirle al convaleciente dónde vivía. Fue el estudiante quien le dio las indicaciones del nombre, calle y número.

-Voy a agradecerle la ayuda que me dio, apenas pueda salir -dijo el convaleciente.

Corrió a Catumbi seis día después. Fortunato lo recibió contrariado, oyó impaciente lasCatumbi palabras de agradecimiento, le dio una respuesta tediosa y terminó golpeando los faldones del saco en las rodillas. Gouveia, frente a él, sentado y callado, alisaba su sombrero con los dedos, levantando los ojos de vez en cuando, sin encontrar nada que decir. Al cabo de diez minutos se disculpó y se fue.

-¡Cuidado con los ladrones! -le dijo el dueño de casa, riéndose. El pobre diablo salió de allí mortificado, humillado, tragando con dificultad el desdén, forcejeando para olvidarlo, explicarlo o perdonarlo; el esfuerzo era vano. El resentimiento, huésped nuevo y exclusivo, entró y expulsó la gratitud, de modo que la desgraciada no tuvo más que trepar hasta la cabeza y refugiarse allí como una simple idea. Así fue como el propio benefactor inoculó en este hombre el sentimiento de la desconsideración.

Todo eso asombró a García. Este muchacho poseía, en germen, la facultad de descifrar a los hombres, de descomponer los caracteres, tenía la pasión del análisis, y sentía el don, que decía ser supremo, de penetrar muchas capas morales, hasta palpar el secreto de un organismo. Acicateado por la curiosidad sintió deseos de ir a ver al hombre de Catumbi, pero advirtió que no había recibido de él el ofrecimiento formal de su casa. Cuando menos, necesitaba un pretexto, y no encontró ninguno.

Tiempo después, ya recibido, y viviendo en la Rua de Mata-Cavalos, cerca de la del Conde, se encontró con Fortunato en una góndola, la casualidad volvió a reunirlos después otras veces, y la frecuencia trajo la familiaridad. Un día Fortunato lo invitó a visitarlo allí cerca, en Catumbi.

-¿Sabe que estoy casado?

-No lo sabía.

-Me casé hace cuatro meses, podría decir cuatro días. Venga a cenar con nosotros el domingo.

Mujer de negroGarcía fue allí el domingo. Fortunato le ofreció una buena cena, buenos cigarros y buena charla, en compañía de su señora, que era interesante. Su figura o su aspecto no habían cambiado; los ojos eran las mismas planchas de estaño, duras y frías; las otras facciones no eran más atrayentes que antes. Las atenciones, empero, si bien no contrarrestaban la naturaleza, ofrecían alguna compensación, y no era poco. María Luisa, en cambio, tenía ambos atractivos, personalidad y modales. Era esbelta, graciosa, ojos tiernos y sumisos; tenía veinticinco años pero no aparentaba más de diecinueve. Cuando allí volvió por segunda vez, García advirtió que entre ellos había alguna disonancia de carácter, poca o ninguna afinidad moral, y por parte de la mujer hacia su marido ciertas actitudes que trascendían el respeto y confinaban en la resignación y el temor. Un día, estando los tres juntos, García le preguntó a María Luisa si estaba enterada de las circunstancias en que él había conocido a su marido.

-No -respondió la muchacha.

-Va a escuchar algo digno de admiración.

-No vale la pena -interrumpió Fortunato.

-Usted decidirá si vale la pena o no -insistió el médico.

Le contó el episodio de la Rua de Dom Manuel. La muchacha lo escuchó sorprendida. Insensiblemente extendió la mano y apretó la muñeca de su marido, risueña y agradecida, como si acabase de descubrirle el corazón. Fortunato se encogía de hombros, pero no escuchaba con indiferencia. Por último, él mismo narró la visita que el herido le había hecho, con todos los pormenores de la figura, los gestos, las palabras contenidas, los silencios, en suma, algo desopilante. Y reía mucho al contarla. No era la risa de la simulación. La simulación es evasiva y oblicua; su risa era jovial y franca.

“¡Hombre singular!”, pensó García.

María Luisa se sintió desconsolada por la burla del marido: pero el médico le restituyó la satisfacción anterior, volviendo a destacar la dedicación de Fortunato y sus excepcionales cualidades de enfermero; tan buen enfermero, concluyó él, que si algún día llego a abrir un sanatorio, lo invitaré a trabajar en él.

-¿En serio? -preguntó Fortunato.

-¿En serio qué?

-¿Que piensa abrir un sanatorio?

-No, estaba bromeando.

-Sin embargo no es tan descabellado; y para usted, que se inicia en la clínica, sería algo realmente bueno. Tengo justamente una casa para renta que va a quedar desocupada, y sirve.

García rechazó la propuesta ese día y el siguiente; pero el proyecto se le había metido al otro en la cabeza, y ya no fue posible seguir negándose. En realidad, era un buen comienzo para él, y podría llegar a ser un buen negocio para ambos. Aceptó finalmente, días más tarde, y fue una desilusión para María Luisa. Criatura nerviosa y frágil, padecía con la sola idea de que su marido tuviese que vivir en contacto con enfermedades humanas, pero no se atrevió a oponérsele, e inclinó la cabeza. El plan fue trazado y se llevó a cabo rápidamente. Inaugurado el sanatorio, Fortunato pasó a ocuparse de la administración y de la supervisión de los enfermeros; examinaba todo, ordenaba todo, compras y caldos, drogas y cuentas.

García pudo entonces verificar que la atención al herido de la Rua de Dom Manuel no era un caso fortuito, sino que se asentaba en la naturaleza de aquel hombre. Lo veía trabajar como a ninguno de sus empleados. No retrocedía ante nada, no había enfermedad que lo hiciera sufrir o ante la que retrocediera, y estaba siempre listo para todo, a cualquier hora del día o de la noche. Todo el mundo lo admiraba y aplaudía. Fortunato estudiaba, acompañaba en las operaciones, y no había nadie como él para cuidar los cáusticos.

-Tengo mucha fe en los cáusticos -decía él.

La comunión de intereses estrechó los lazos de la amistad. García fue a partir de entonces una presencia familiar en la casa; allí cenaba casi todos los días, allí observaba la persona y la vida de María Luisa, cuya soledad moral era evidente. Y la soledad parecía duplicar su encanto. García empezó a sentir que algo lo agitaba cuando ella aparecía, cuando hablaba, cuando trabajaba callada, junto a un ángulo de la ventana, o tocaba en el piano sus melodías tristes. Lentamente, el amor fue ganando su corazón. Cuando advirtió su presencia, quiso expulsarlo, para que entre Fortunato y él no existiera otro vínculo que el de la amistad; pero no pudo. Lo único que logró fue encerrarlo; María Luisa comprendió ambas cosas, el afecto y el silenciamiento, pero no se dio por enterada.

A principios de octubre ocurrió un incidente que aclaró aún más, ante los ojos del médico, la situación de la muchacha. Fortunato había empezado a estudiar anatomía y fisiología, y se dedicaba en sus horas libres a envenenar y despanzurrar perros y gatos. Como los gemidos de los animales aturdían a los enfermos, trasladó el laboratorio a su casa, y la mujer, nerviosa como era, tuvo que sufrirlos. Pero un día, no soportando más, fue a hablar con el médico y le pidió que, como cosa suya, él le sugiriese al marido que pusiera término a tales experiencias…

-Pero usted misma…

María Luisa lo interrumpió sonriendo:

-Si yo se lo digo, él argumentará que es un pedido infantil de mi parte. Lo que yo quería es que usted, como médico, le dijese que eso me hace mal; y créame que es así…

García, prestamente, le hizo saber al otro que era conveniente que terminase con todas aquellas experiencias. Si fue a hacerlas a otra parte, nadie lo supo, pero bien pudiera ser. María Luisa le agradeció al médico, tanto por ella como por los animales, cuyos padecimientos no podía tolerar. Tosía de vez en cuando; García le preguntó si sentía algún malestar, ella respondió que no.

-Permítame que le tome el pulso.

-No tengo nada.

No dejó que le tomara el pulso, y se retiró. García se sintió aprensivo. Pensaba, por el contrario, que algo le ocurría y que era preciso observarla y avisar a su marido en el momento oportuno.

Dos días después -exactamente el día en que los vemos ahora-, García fue allí a cenar. En el comedor le informaron que Fortunato estaba en el laboratorio, y hacia allí se encaminó; estaba cerca de la puerta, cuando María Luisa la abrió y salió de adentro con la expresión demudada por la angustia.

-¿Qué ocurre? -le preguntó.

-¡El ratón! ¡El ratón! -exclamó la muchacha sofocada mientras se alejaba. García recordó que en la víspera había oído a Fortunato quejarse porque un ratón le había sustraído un papel importante; pero estaba lejos de sospechar que habría de encontrarse con lo que vio. Vio a Fortunato sentado ante la mesa que estaba en el centro del laboratorio, y sobre la cual había colocado un plato con alcohol. El líquido llameaba. Entre el pulgar y el índice de la mano izquierda sostenía un cordón, de cuya punta pendía el ratón atado de la cola. En la derecha tenía una tijera. En el momento en que García entró, Fortunato le cortaba al ratón una de las patas; en seguida bajó al infeliz hasta la llama, rápido, para no matarlo, y se dispuso a hacer lo mismo con la tercera pata, pues ya le había cortado la primera.

García se detuvo horrorizado.

-¡Mátalo en seguida! -le dijo.

-Ya va.

Y con una sonrisa única, reflejo de su alma satisfecha, algo que traducía la delicia íntima de las sensaciones supremas, Fortunato le cortó la tercera pata al ratón, y realizó por tercera vez el mismo movimiento de descenso hasta la llama. El miserable se retorcía aullando, ensangrentado, chamuscado, y no terminaba de morir. García desvió la mirada, después la volvió nuevamente hacia la mesa, y extendió la mano para impedir que el suplicio continuara, pero no llegó a hacerlo, porque el diablo de aquel hombre imponía miedo, con toda aquella serenidad radiante de su fisonomía. Le faltaba cortar la última pata; Fortunato la cortó muy despacio, siguiendo con los ojos el movimiento de la tijera; la pata cayó, y él se quedó mirando al ratón medio cadáver. Al bajarlo por cuarta vez hasta la llama, aumentó la velocidad del gesto, para salvar, si podía, algunas hilachas de vida.

FortunatoGarcía, ante él, lograba dominar la repugnancia del espectáculo empeñado en observar la cara del hombre. Ni rabia, ni odio; tan sólo un vasto placer apacible y profundo, como cualquier otro lo experimentaría oyendo una bella sonata o contemplando una estatua divina, algo parecido a la pura sensación estética. Le pareció, y era verdad, que Fortunato lo había olvidado completamente. Siendo así, no estaba fingiendo, y las cosas debían ser de ese modo, no más. La llama iba muriendo, no era posible que hubiese en el ratón un solo residuo de vida, sombra de una sombra como era; Fortunato aprovechó para cortarle el hocico y bajar por última vez la carne hasta el fuego. Por fin, dejó caer el cadáver al plato, y apartó de sí toda aquella mezcla de carne chamuscada y sangre.

Al incorporarse vio al médico y se sobresaltó. Entonces, se mostró enfurecido con el animal que le había comido el papel; pero la cólera evidentemente era fingida.

“Castiga sin rabia”, pensó el médico, “por la necesidad de encontrar una sensación de placer, que sólo el dolor ajeno le puede brindar: no es otro el secreto de este hombre.”

Fortunato subrayó la importancia del papel, el trastorno que le ocasionaba su pérdida, el tiempo que le insumía rehabilatarse de su falta justamente ahora en que cada minuto era preciso. García se limitaba a oír, sin decir nada ni darle crédito. Recordaba sus actos, graves y leves; a todos les encontraba la misma explicación. Era el mismo cambio de teclas de la sensibilidad, un diletantismo sui generis, una reducción de Calígula.

Cuando María Luisa volvió al laboratorio, poco después, el marido se le acercó riendo, la tomó de las manos y le habló tiernamente:

-¡Flojona!

Y volviéndose hacia el médico:

-¿Puedes creer que casi se desmayó?

María Luisa se defendió diciendo que era muy nerviosa y que además era mujer, después fue a sentarse junto a la ventana con sus lanas y agujas, y los dedos todavía temblorosos, tal como la vimos al comienzo de esta historia. Recordarán ustedes que, después de haber hablado de otras cosas, los tres guardaron silencio, el marido sentado, con la mirada perdida en el techo, el médico haciendo crujir los huesos de sus dedos. Poco después fueron a cenar; pero la cena no fue alegre. María Luisa se mostraba ensimismada y tosía; el médico se preguntaba si ella no estaría expuesta a algún exceso en compañía de un hombre como aquél. Era, apenas, una posibilidad; pero el amor le transformó la conjetura en convicción; tembló pensando en ella y decidió vigilarlos.

Ella tosía, tosía, y no transcurrió mucho tiempo sin que la molestia se quitara la máscara. Era la tisis, vieja dama insaciable, que chupa la vida entera, hasta reducirla a un montón de huesos. Fortunato recibió la noticia como un golpe; amaba de veras a su mujer, claro que a su manera; estaba acostumbrado a ella, le costaba perderla. No escatimó esfuerzos, médicos, remedios, cambios de aire, todos los recursos y todos los paliativos. Pero fue en vano. La enfermedad era mortal.

tuberculosisEn los últimos días, ante los tormentos supremos de la muchacha, la índole del marido subyugó cualquier otro afecto. No la volvió a dejar; fijó el ojo opaco y frío en aquella descomposición lenta y dolorosa de la vida, bebió una a una las aflicciones de la bella criatura, ahora delgada y transparente, devorada por la fiebre y minada por la muerte. Egoísmo desenfrenado, hambriento de sensaciones, no le perdonó un solo minuto de agonía, ni los pagó con una sola lágrima, pública o íntima. Sólo cuando ella expiró, él se sintió aturdido. Volviendo en sí, vio que otra vez estaba solo.

De noche, habiéndose retirado a descansar una parienta de María Luisa, que le había ayudado a morir, quedaron en la sala de estar Fortunato y García, velando el cadáver, ambos sumidos en sus pensamientos; pero el marido estaba agotado y el médico le aconsejó que fuera a echarse unas horas.

-Ve a descansar, duerme un par de horas: yo iré después.

Fortunato salió, fue a acostarse en el sofá de la salita contigua y se durmió en seguida. Veinte minutos después se despertó, quiso volver a dormirse, dormitó unos minutos, hasta que se levantó y volvió a la sala. Caminaba en puntas de pie para no despertar a la parienta, que dormía cerca de allí. Cuando llegó a la puerta, se detuvo asombrado.

Último adiósGarcía se había aproximado al cadáver, había levantado la mortaja y contemplado durante unos instantes las facciones de la difunta. Después, como si la muerte lo espiritualizase todo, la besó en la frente. Fue en ese momento cuando Fortunato llegó a la puerta. Se detuvo sorprendido: no podía ser el beso de la amistad, debía ser el epílogo de un libro adúltero. No sentía celos, adviértase; la naturaleza lo compuso de tal manera que no sintió celos ni envidia, sino cierta vanidad, que no es menos perniciosa ni menos deudora del resentimiento. Miró asombrado, mordiéndose los labios.

 Mientras tanto, García volvió a inclinarse para besar otra vez el cadáver, pero entonces no pudo más. El beso estalló en sollozos, y los ojos fueron incapaces de contener las lágrimas que se derramaron a borbotones, lágrimas de amor callado, e irremediable desesperación. Fortunato, en la puerta, donde se había quedado, saboreó tranquilo esa expresión de dolor moral que fue larga, muy larga, deliciosamente larga.

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El jilguero de Donna Tartt en… los jueves literarios

El jilgueroTítulo: El jilguero

AutoraDonna Tartt

Editorial Lumen,

Año 2014.

Traducción de Aurora Echevarría.

1143 páginas.


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XLVII Premio de Novela «Ateneo de Sevilla»

Convocado por el Excmo. Ateneo de Sevilla y Algaida Editores (Grupo Anaya)

Premio Ateneo de Sevilla 20151. Podrán optar escritores con novelas en castellano, originales e inéditas.

2. El premio de 24.000 euros, garantizados por Algaida Editores, no podrá declararse desierto ni dividirse, y se entregará en concepto de anticipo de derechos de autor, atendiendo a la fiscalidad vigente.

3. La extensión no será inferior a 150 A-4, mecanografiados a doble espacio, por duplicado y encuadernados. Se presentarán antes del 6 de abril de 2015 en la Secretaría del Ateneo de Sevilla (Orfila 7, 41003 Sevilla) o en Algaida Editores (Avda. San Francisco Javier 22, 5ª planta, 41018 Sevilla), especificando “XLVII Premio Ateneo de Sevilla de Novela”.

4. Las obras se presentarán firmadas por el autor o con seudónimo y plica. Asimismo se incluirá un currículum del autor y una certificación de que no tiene comprometidos los derechos de la obra, ni pendiente de resolución en otro concurso.

5. El fallo del Jurado, inapelable, se hará público en una fiesta literaria que se celebrará en Sevilla en junio de 2015.

6. Algaida Editores, a través de sus servicios editoriales y con la colaboración de Ámbito Cultural, seleccionará las novelas finalistas sobre las que decidirá el Jurado. La relación de éstas y los miembros del Jurado se hará públicos antes del fallo.

7. En el contrato de edición el autor premiado cederá a Algaida Editores, en exclusiva y para todo el mundo, los derechos de explotación de la obra, incluidos traducciones y audiovisuales, así como la gestión de acuerdos con terceros para otras explotaciones. Algaida podrá efectuar, durante quince años, las ediciones que juzgue oportunas de la obra, así como el número de ejemplares, precio y distribución, percibiendo el autor el 10% del PVP de los ejemplares vendidos, el 5% del PVP en bolsillo (impuestos excluidos) y el 20% de los ingresos netos obtenidos para la edición digital, y no devengándose cantidad alguna hasta cubrir el anticipo.

8. Algaida Editores podrá publicar las obras no premiadas que resultaran de su interés, previo acuerdo con los autores de las mismas. El resto de los originales no premiados serán destruidos, no manteniéndose correspondencia sobre los mismos.

9. La participación en el concurso implica la aceptación de las bases y el compromiso del autor de no retirar la obra antes del fallo, aceptar el premio si le es concedido y suscribir los documentos necesarios para el cumplimiento de la base 7, así como participar con su presencia en la campaña de promoción que diseñe la editorial. Para cualquier controversia que hubiera de dirimirse por vía judicial las partes renuncian a su propio fuero y se someten a los Juzgados y Tribunales de Sevilla.

10. De conformidad con la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección De Datos de Carácter Personal, el Excmo. Ateneo de Sevilla le informa que sus datos personales pasarán a formar parte de un fichero de su propiedad, con la finalidad de gestionar y evaluar su candidatura al premio convocado. Del mismo modo, doy mi conformidad para que mis datos puedan ser cedidos a medios de comunicación y/o a terceros con la finalidad de promocionar y/o patrocinar el evento; así como para que sean publicados en medios de comunicación y/o para que pueda ser fotografiado, grabado o aparecer en publicaciones, páginas web o cualquier otro medio. Usted podrá ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición dirigiéndose por escrito a la siguiente dirección: C/ Orfila, 7, C.P. 41003 de Sevilla, con copia de su DNI. Asimismo, el Excmo. Ateneo de Sevilla, le informa que sus datos personales serán cedidos a Algaida Editores con la finalidad de valorar la obra presentada a concurso.

Bases Premio Ateneo de Sevilla 2015

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Cómo presentarse a un concurso literario

concursos literariosSomos muchos los que sentimos el gusanillo de escribir y, a buen seguro, cada uno de nosotros y nosotras esgrimiríamos un buen argumento de porqué participar en un certamen literario.

Algunos de ellos podrían ser:

  • Querer que lean nuestros textos. No es ningún secreto que la mayoría de las obras que llegan a una editorial retoman el camino de regreso hacia sus dueños sin haber sido leídas —algunas, muchas, ni siquiera fueron abiertas—, eso sí, todas van acompañadas de una carta, no siempre agradable, donde se nos dice que la obra está bien pero no “encaja” en su línea editorial, o bien que su catálogo de futuras publicaciones ya está cerrado hasta el 20… Al menos si nos presentamos a un certamen, sí nos leerán.
  • Perder el miedo. En mi cabeza solía aparecer algunas veces una vocecita que me repetía «¿A quién le va a interesar lo que escribo? Ya sé que un concurso literario no sirve de indicador sino ganas o quedas finalista, pero sí puede servir para perder esa primera capa de inseguridad que estaba fuertemente adherida. Eso sí, sin olvidar que tienes que estar preparado/a para las críticas, y aprender de ellas.
  • Ganar un poco de visibilidad. Al menos alguien, en algún lugar, se ha tomado un tiempo (aunque fuese poco) para leer mi trabajo y evaluarlo.

Sin embargo, en todo este camino se nos pasan dos cosas muy importantes:

  • A qué concursos enviar nuestro texto
  • Cómo enviarlo para tener opciones

Elegir el concurso adecuado es un trabajo de búsqueda, documentación, casi tan exhaustivo como el que realizamos al escribir nuestro texto.

En España existen más de 3.500 concurso literarios de todos los géneros: relato, poesía, novela, periodismo, teatro, cuento ilustrado, cuento, ensayo…, según un informe publicado por Artgerust, por tanto tendremos que mirar dónde lo enviamos: ¿Es un concurso para escritores noveles o que se concede a la trayectoria de un autor? ¿Cuál es la extensión máxima y mínima? ¿El tema es libre o hay un tema obligatorio? ¿Tiene “buena reputación”?

Premios literariosNo lo envíes con precipitación porque finalice el plazo, corregir bien el texto previamente es esencial. Si lo enviamos con faltas de ortografía, estilo…, no vamos a tener opciones, además de estar dando una imagen pésima como escritores.

¿Qué errores son más comunes? ¿Cómo puedo corregirlos? ¿Lo envío solo a un concurso o a varios? ¿Mi texto tiene la extensión requerida (fijarse en la máxima y en la mínima)?

La presentación, ¿cómo debo presentarlo?

Y si no gano, ¿significa esto que mi texto no vale o que es malo?

No es fácil obtener respuestas. Por eso, si quieres saber más, no te olvides del taller presencial «10 claves para enviar tu relato a un certamen literario», este jueves día 29, con el escritor Carlos Fernández Salinas.

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Mañana en el Bibliotren… Rompiendo aguas

Este martes, día 27, en el programa de radio de la asociación, el Bibliotren, a las 11:30 horas, hablaremos del libro Rompiendo aguas.

A continuación tendremos la entrevista a su autora, Pepa J. Calero

Rompiendo aguasSinopsis: Clara, embarazada de su primer hijo, desea vivir su parto de forma natural. Para ello cuenta con su plan de parto y su rechazo a la anestesia epidural. A punto de cumplir cuarenta años, ha decidido ser fuerte y demostrar a todos y a sí misma que podrá. A pesar de la oposición de su entorno, ella lucha por sus ideas. Todo iba bien hasta que rompió aguas y las sorpresas se sucedieron unas tras otras.

Un libro que no se ocupa de la parte técnica del embarazo y el parto, sino que es una novela creada desde los sentimientos, las emociones…, donde las cosas pocas veces suceden como una las imagina, sino como la vida te impone vivirlas.

Un libro perfecto para mamás y papás, que engancha desde la primera página.

Pepa J. Calero

Pepa J. Calero nació hace 54 años en Socuéllamos (Ciudad Real). Estudió matrona y psicología. Actualmente vive en Almería. Ha ganado el 1. º premio del concurso Maternidad Punto y Aparte de la Fundación FIV Recoletos en el 2011 con el relato titulado Un acto de amor, y quedó como finalista en el concurso internacional de relatos Max Aub, en el 2012.

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EL maestro Valle Inclán… en Días de Cuento

 

El Miedo

de Ramón del Valle-Inclán (cuento).

Pazo TorradoEse largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosas al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar. Después me llamó en voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia:

-Vete a la tribuna, hijo mío. Allí estarás mejor…

La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio y comunicaba con la biblioteca. La capilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre el retablo campeaba el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al señor de Bradomín, Pedro Aguiar de Tor, llamado el Chivo y también el Viejo. Aquel caballero estaba enterrado a la derecha del altar. El sepulcro tenía la estatua orante de un guerrero. La lámpara del presbiterio alumbraba día y noche ante el retablo, labrado como joyel de reyes. Los áureos racimos de la vid evangélica parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreció mirra al Niño Dios. Su túnica de seda bordada de oro brillaba con elRezando resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido aleteo de pájaro prisionero como si se afanase por volar hacia el Santo.

Mi madre quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas como ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodilló ante el altar. Yo, desde la tribuna, solamente oía el murmullo de su voz, que guiaba moribunda las avemarías; pero cuando a las niñas les tocaba responder, oía todas las palabras rituales de la oración. La tarde agonizaba y los rezos resonaban en la silenciosa oscuridad de la capilla, hondos, tristes y augustos, como un eco de la Pasión. Yo me adormecía en la tribuna. Las niñas fueron a sentarse en las gradas del altar. Sus vestidos eran albos como el lino de los paños litúrgicos. Ya sólo distinguía una sombra que rezaba bajo la lámpara del presbiterio. Era mi madre, que sostenía entre sus manos un libro abierto y leía con la cabeza inclinada. De tarde en tarde, el viento mecía la cortina de un alto ventanal. Yo entonces veía en el cielo, ya oscura, la faz de la luna, pálida y sobrenatural como una diosa que tiene su altar en los bosques y en los lagos…

Mi madre cerró el libro dando un suspiro, y de nuevo llamó a las niñas. Vi pasar sus sombras blancas a través del presbiterio y columbré que se arrodillaban a los lados de mi madre. La luz de la lámpara temblaba con un débil resplandor sobre las manos que volvían a sostener abierto el libro. En el silencio la voz leía piadosa y lenta. Las niñas escuchaban. y adiviné sus cabelleras sueltas sobre la albura del ropaje y cayendo a los lados del rostro iguales, tristes, nazarenas. Habíame adormecido, y de pronto me sobresaltaron los gritos de mis hermanas. Miré y las vi en medio del presbiterio abrazadas a mi madre. Gritaban despavoridas. Mi madre las asió de la mano y huyeron las tres. Bajé presuroso. Iba a seguirlas y quedé sobrecogido de terror. En el sepulcro del guerrero se entrechocaban los huesos del esqueleto. Los cabellos se erizaron en mi frente. La capilla había quedado en el mayor silencio, y oíase distintamente el hueco y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra. Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del presbiterio, con los ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la cortina de un ventanal, y las nubes pasaban sobre la luna, y las estrellas se encendían y se apagaban como nuestras vidas. De pronto, allá lejos, resonó festivo ladrar de perros y música de cascabeles. Una voz grave y eclesiástica llamaba:

-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán…!

Prior de BrandesoEra el Prior de Brandeso que llegaba para confesarme. Después oí la voz de mi madre trémula y asustada, y percibí distintamente la carrera retozona de los perros. La voz grave y eclesiástica se elevaba lentamente, como un canto gregoriano:

-Ahora veremos qué ha sido ello… Cosa del otro mundo no lo es, seguramente… ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán…!

Y el Prior de Brandeso, precedido de sus lebreles, apareció en la puerta de la capilla:

-¿Qué sucede, señor Granadero del Rey?

Yo repuse con voz ahogada:

-¡Señor Prior, he oído temblar el esqueleto dentro del sepulcro…!

El Prior atravesó lentamente la capilla. Era un hombre arrogante y erguido. En sus años juveniles también había sido Granadero del Rey. Llegó hasta mí, sin recoger el vuelo de sus hábitos blancos, y afirmándome una mano en el hombro y mirándome la faz descolorida, pronunció gravemente:

-¡Que nunca pueda decir el Prior de Brandeso que ha visto temblar a un Granadero del Rey…!

No levantó la mano de mi hombro, y permanecimos inmóviles, contemplándonos sin hablar. En aquel silencio oímos rodar la calavera del guerrero. La mano del Prior no tembló. A nuestro lado los perros enderezaban las orejas con el cuello espeluznado. De nuevo oímos rodar la calavera sobre su almohada de piedra. El Prior se sacudió:

-¡Señor Granadero del Rey, hay que saber si son trasgos o brujas!

Y se acercó al sepulcro y asió las dos anillas de bronce empotradas en una de las losas,Calavera aquella que tenía el epitafio. Me acerqué temblando. El Prior me miró sin despegar los labios. Yo puse mi mano sobre la suya en una anilla y tiré. Lentamente alzamos la piedra. El hueco, negro y frío, quedó ante nosotros. Yo vi que la árida y amarillenta calavera aún se movía. El Prior alargó un brazo dentro del sepulcro para cogerla. La recibí temblando. Yo estaba en medio del presbiterio y la luz de la lámpara caía sobre mis manos. Al fijar los ojos las sacudí con horror. Tenía entre ellas un nido de culebras que se desanillaron silbando, mientras la calavera rodaba por todas las gradas del presbiterio. El Prior me miró con sus ojos de guerrero que fulguraban bajo la capucha como bajo la visera de un casco:

-Señor Granadero del Rey, no hay absolución… ¡Yo no absuelvo a los cobardes!

Y con rudo empaque salió sin recoger el vuelo de sus blancos hábitos talares. Las palabras del Prior de Brandeso resonaron mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún. ¡Tal vez por ellas he sabido más tarde sonreír a la muerte como a una mujer!

 Autor

Ramón María del Valle-Inclán (1866 – 1936). Novelista, poeta y autor dramáticoValle Inclán español, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó y fue un modernista de primera hora que satirizó amargamente la sociedad española de su época. Nació en Villanueva de Arosa, Pontevedra, y estudió Derecho en Santiago de Compostela, pero interrumpió sus estudios para viajar a México, donde trabajó de periodista en El Correo Español y El Universal. A su regreso a Madrid llevó una vida literaria, adoptando una imagen que parece encarnar algunos de sus personajes. Actor de sí mismo, profesó un auténtico culto a la literatura, por la que sacrificó todo, llevando una vida bohemia de la que corrieron muchas anécdotas. Perdió un brazo durante una pelea. En 1916 visitó el frente francés de la I Guerra Mundial, y en 1922 volvió a viajar a México. Al proclamarse la República, en 1931, desempeñó varios cargos oficiales, entre ellos el de Director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. Posteriormente regresó a Santiago de Compostela, donde murió en enero de 1936. Su primer libro fue Femeninas, de 1895, con el realto ‘La niña chole’ de inspiración mexicana, al que siguieron obras de inspiración gallega, donde destaca la estilización lírica del ambiente campesino y popular, como Flor de santidad (1904), la poesía de Aromas Sonata de otoño y de inviernode leyenda (1907), y al mismo tiempo el arte erótico refinado, evocador y musical de las cuatro Sonatas (de otoño, estío, primavera e invierno), aparecidas entre 1902 y 1905, y que constituyen la biografía galante del marqués de Bradomín, y suponen la culminación del modernismo español. En 1907 se casó con la actriz Josefina Blanco, y publicó la primera de sus llamadas comedias bárbaras, Aguila de blasón, a la que siguió Romance de lobos (1908), obras de gran estilización dramática en un ambiente violento de resonancias medievales. En Cara de plata (1922), tercer volumen de esta trilogía teatral, vuelve a observarse el giro hacia las consideraciones de crítica social, como también ocurre en sus tres novelas ambientadas en la guerra carlista, Los cruzados de la causa (1908), El resplandor de la hoguera (1909) y Gerifaltes de antaño (1909), que ofrecen una amplia visión de carácter histórico de la época. En las obras dramáticas Cuento de abril (1910) y La marquesa Rosalinda (1913), retoma el modernismo. Lo mismo que ocurre en Voces de gesta (1911). A partir de entonces, la tragedia resulta escueta, desnuda, aunque en La lámpara maravillosa (1916), todavía utilice un lenguaje hermético para exponer ideas originales acerca del misticismo y la creación. Probablemente su segundo viaje a México le inspiró la escritura de Tirano Banderas (1926), considerada su mejor novela, síntesis del mundo americano, de Luces de Bohemiamuchos personajes y caudillos, que antecede a las llamadas novelas de tiranos cultivadas, entre otros, por Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier o García Márquez. Su obra teatral Luces de bohemia (1920), estableció una estética de la deformación, por medio de la que estiliza lo bajo, lo feo, con una especie de expresionismo gestual y caricaturesco que él mismo llama -del héroe reflejado en el espejo cóncavo- y que llamará esperpento y tiene antecedentes en Quevedo y Goya. Probablemente sea su obra teatral más lograda. Los cuernos de don Friolera (1921), y Las galas del difunto (1926), inciden en esta estética, mientras que en Divinas palabras (1920), la virtud de la palabra sagrada se impone a las pasiones carnales en unos ambientes de pesadilla. Valle-Inclán volvió a escribir novela histórica en El ruedo ibérico, una serie de novelas que se basan en el reinado de Isabel II, donde aparece una amarga visión satírica de la realidad española, y que consta de La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas, que apareció póstumamente.

Fuente: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2390
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Las tres bodas de Manolita… Jueves literarios

Fin de una trilogía…

Las-tres-bodas-de-manolitaTítulo: Las  tres  bodas  de  Manolita

Autora: Almudena  Grandes

Tusquets  Editores

Colección Andanzas

Año 2014

Páginas: 768.

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Parecido a un asesinato… en el Bibliotren

portada_parecido-a-un-asesinato_juan-boleaEste martes, día 20, a las 11:30 horas, nos encontraremos en un nuevo programa del Bibliotren, en la RPA, para comentar la novela recién publicada «Parecido a un asesinato».

Después entrevistaremos a su autor, el escritor Juan Bolea.

Esta semana hablaremos de un thriller psicológico protagonizado por la estricta Elena Enciso, una galerista de Gijón en horas bajas, y  con una vida complicada. El negocio que heredó de su padre tiene problemas financieros; su ex marido la acosa, amenaza y extorsiona; su hijastro de 15 años, Alex, aportado por su segundo esposo, está desarrollando un comportamiento que de preocupante, está pasando a ser peligroso.

Aconsejada por su mejor amiga, una psicóloga de prestigio, cuando Alex sufre una nueva crisis, Elena decide refugiarse con el muchacho en un pueblo aislado de los Picos de Europa donde no tardará en…

El autor

Entre su primer título (El palacio de los jardines oblicuos, Premio Ciudad de Alcalá deJuan Bolea Narrativa, 1980) y el más reciente (Parecido a un asesinato, MR 2015), Juan Bolea ha recorrido un largo y fructífero camino literario.

Ha escrito más de una docena novelas y en ellas predominan los géneros de intriga. A sus éxitos más internacionales, como El mánager o La mariposa de obsidiana, hay que añadir títulos muy apreciados por los lectores y la crítica, como El color del Índico, Los hermanos de la costaCrímenes para una exposiciónUn asesino irresistible, Orquídeas negras (finalista del Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón), Pálido monstruo o La melancolía de los hombres pájaro (Premio Abogados de Novela, 2011).

Entre sus actividades, se encuentra la de ser el coordinador general del Festival Negro de Aragón, cuya segunda edición será del 26 de enero al 1 de febrero.

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El fin de algo en… Días de cuento

El fin de algo, de Ernest Hemingway

aserradero-barilocheAntes, Horton Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes estaba libre del ruido de las grandes máquinas de un aserradero que había junto al lago. Pero un año se acabaron los troncos para aserrar. Entonces, las goletas de los madereros anclaron en la bahía y cargaron y se llevaron toda la madera amontonada en el patio. Desmantelaron el aserradero de toda la maquinaria transportable, que los mismos hombres que habían trabajado allí embarcaron en una de las goletas. La embarcación se alejó por el lago llevando las dos grandes sierras, el aparato que arrojaba los troncos contra las sierras circulares giratorias y todas las ruedas, correas y herramientas que cabían en ese enorme cargamento de madera. La bodega abierta estaba tapada con lona y de un modo hermético. Una vez henchidas las velas, el barco empezó a navegar por el lago, llevándose todo lo que había hecho del aserradero, un aserradero, y de Horton Bay, un pueblo.

Las casas de un piso, la cantina, el almacén de la compañía, las oficinas del aserradero y el mismo aserradero quedaron desiertos en medio de la pantanosa pradera cubierta de serrín que se extendía a la orilla del lago.

Diez años más tarde no quedaba nada del aserradero, excepto los cimientos de piedra caliza que Nick y Marjorie vieron a través del bosque renacido, mientras remaban a lo largo de la costa. Estaban pescando en bote al borde del banco que partía repentinamente desde los bajíos arenosos hacia las negras aguas de doce pies de profundidad. Se dirigían al lugar más apropiado para colocar los sedales nocturnos que atraían a las truchas arcoiris.

-He aquí nuestra vieja ruina, Nick -dijo Marjorie.

Mientras remaba, Nick miró hacia las piedras blancas que se veían entre los árboles verdes.

-Allí está -expresó.

-¿Te acuerdas cuando estaba el aserradero? -preguntó Marjorie.

-Sí, me acuerdo.

-Parece más bien un castillo -opinó la muchacha.

Nick no dijo nada. Remaron hasta perder de vista los restos del aserradero, siguiendo la costa. Luego, Nick atravesó la bahía.

-No están picando -dijo.

-No -respondió Marjorie, absorta en la caña mientras remaban. No se distraía ni siquierapescando bote al hablar. Le gustaba pescar. Le gustaba mucho pescar con Nick.

Cerca del bote, una trucha enorme sacudió la superficie del agua. Nick remó fuerte con un solo remo, haciendo girar el bote para que el anzuelo pasase por donde se hallaba la trucha. Cuando asomó su espinazo, los peces que usaba como cebo saltaron en forma salvaje. Se desparramaron por la superficie como un puñado de municiones arrojadas al agua. Del otro lado de la embarcación saltó otra trucha, en busca del preciado alimento.

-Están comiendo -indicó Marjorie.

-Pero no van a picar -dijo Nick.

Volvió a dar la vuelta con el bote pasando entre los hambrientos peces, y se dirigió a la costa. Marjorie no recogió el sedal hasta que llegaron a la orilla.

Detuvieron la embarcación en la playa y Nick sacó un balde con percas vivas que nadaban en el agua del recipiente. Después cogió tres con las manos y les cortó la cabeza y las peló, mientras Marjorie introducía las manos en el balde. Finalmente sacó una perca y empezó a hacer lo mismo que Nick. Nick miró el pez de Marjorie.

-No es necesario arrancarle la aleta ventral -dijo-. Lo mismo sirve como cebo, pero es mejor que la tenga.

Enganchó las colas de las percas peladas en los dos anzuelos del sedal de cada caña. Había dos anzuelos colocados en una guía para cada caña. Marjorie, por su parte, remó hacia el banco arenoso. Sostenía el hilo entre los dientes y miraba a Nick, que estaba con la caña en la playa, mientras el sedal se desenrollaba.

-Ya está bien -gritó.

-¿Lo suelto? -dijo Marjorie, con el sedal en la mano.

-Claro. Suéltalo.

Marjorie dejó caer el hilo y miró cómo los cebos penetraban en el agua.

bote arenaLuego volvió con el bote y se llevó el segundo sedal de la misma manera. A cada oportunidad, Nick colocó una pesada tabla haciendo cruz con el extremo de la caña para que no se moviera, y un trozo de madera más pequeño para formar el ángulo. Después devanó el sedal con lentitud hasta dejarlo tirante y establecer una línea recta desde donde el anzuelo descansaba sobre el fondo arenoso, y por último aseguró el carrete regulador. De este modo cuando alguna trucha se acercaba a comer, el hilo daba un tirón y el ruido del trinquete fijo indicaba su presencia.

Al principio, Marjorie avanzó lentamente para no mover el sedal, pero una vez que estuvo fuera de esa zona, remó con rapidez hacia la playa, acompañada por pequeñas olas. La muchacha salió del bote y Nick lo arrastró por la arena.

-¿Qué te pasa, Nick? -preguntó Marjorie.

-No sé -contestó este mientras juntaba leña para el fuego.

Encendieron el fuego con la madera que el agua había llevado a la costa. Marjorie fue al bote en busca de una manta. La brisa nocturna impulsaba el humo hacia el lugar, por lo que extendió la manta entre el fuego y el lago.

Después se sentó sobre la manta, de espaldas al fuego, y esperó a Nick. Éste volvió enseguida y se sentó a su lado. Detrás de ellos estaba el bosque renacido, en el promontorio, y enfrente, la bahía con la desembocadura del arroyo de Hortons. La oscuridad no era completa. La luz de la fogata iluminaba el agua. Ambos pudieron ver las dos cañas de pescar de acero, inclinadas sobre el lago. El fuego provocaba destellos en los carretes.

fuego leñaMarjorie abrió la cesta de la cena.

-No tengo ganas de comer -dijo Nick.

-Vamos, Nick. Come.

-Bueno.

Comieron sin decir nada, observando las dos cañas y el fuego reflejado en el agua.

-Esta noche va a haber luna -expresó Nick, que miraba hacia el otro lado de la bahía. Las colinas se recortaban ya contra el cielo. Se dio cuenta de que la luna estaba ya por asomarse, más allá de las colinas.

-Ya lo sé -dijo Marjorie con alegría.

-Tú lo sabes todo.

-¡Oh! ¡Cállate, Nick! Te lo ruego. ¡No seas así, por favor!

-No puedo evitarlo. Tú tienes la culpa. Lo sabes todo. Ese es el problema, y también lo sabes.

Marjorie no dijo nada.

-Te lo enseñado todo -continuó Nick-. No lo niegues. ¿Qué es lo que no sabes, entonces?

-¡Oh! ¡Cállate! Ahí viene la luna.

Se quedaron sentados sobre la manta, sin tocarse, observando cómo aparecía la luna.

-No tienes por qué decir tonterías -protestó Marjorie-. ¿Qué te ocurre en realidad?

-No sé.

-Por supuesto que lo sabes

-No. No sé.

-Anda. Dilo.

La lunaNick miró la luna, que se empinaba encima de las colinas.

-Ya no me divierte esto.

Tenía miedo de mirar a la muchacha, pero la miró. Marjorie le daba la espalda. Siguió mirándola.

-Ya no me divierte. Nada. En absoluto.

Ella no dijo nada. Nick continuó:

-Me encuentro como si todo se hubiera ido al demonio en mi alma. No sé, Marge. No sé qué decir.

Todavía miraba la espalda de la mujer.

-¿Ya no te divierte el amor? -preguntó Marjorie.

-No.

Marjorie se puso de pie. Nick permaneció sentado, con la cabeza entre las manos.

-Voy a usar el bote -le dijo Marjorie-. Tú puedes volver a pie por el promontorio.

-Bueno -dijo Nick-. Espera, que iré a desatracar el bote.

-No hace falta -cuando dijo esto, Marjorie estaba ya dentro de la embarcación, en el agua, bajo la luz de la luna.

Nick regresó y se acostó boca abajo, sobre la manta junto al fuego. Oyó el rítmico movimiento de los remos, mientras Marjorie se alejaba.

Permaneció allí largo rato. Estaba acostado cuando Bill apareció en el claro después de atravesar el bosque. Sintió que el recién llegado se acercaba al fuego. Pero Bill no lo tocó.

-¿Salió todo bien con ella? -preguntó Bill.

-Sí -contestó Nick sin abandonar su posición, con la cara pegada a la manta.

-¿Hubo una escena?

-No, no hubo ninguna escena.

-¿Cómo te sientes?

-¡Oh! ¡Vete, Bill! Vete por un rato.

Bill eligió un sándwich de la cesta y fue a echar un vistazo a las cañas.

FIN

“The End of Something”,
In Our Time, 1925

 Ernest HemingwayErnest Heinway fue un escritor y periodista estadounidense, y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo xx. Su estilo sobrio y minimalista tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo xx, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública influenció generaciones posteriores. Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de 1920 y mediados de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos. En 1959 compró una casa en Ketchum (Idaho), donde se suicidó el 2 de julio de 1961.

Fuente: ciudadseva.com 

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Oración sangrienta en Vallekas en… los Jueves literarios

Oración sangrienta en Vallekas

Título: Oración Sangrienta en Vallekas

Autor: Alejandro M. Gallo

Editorial Reino de Cordelia

Colección Literatura

Páginas 448

Año 2014

Sinopsis: Durante un encuentro mundial de la Teología de la Liberación, un sacerdote es asesinado en Vallecas. Como principal sospechoso, la policía detiene a un poeta argentino amigo del inspector Ramalho da Costa, que removerá la tierra y el cielo para demostrar su inocencia. Sus pesquisas le llevarán a intervenir entre facciones rivales dentro de la Iglesia católica, que pugnan por el poder ante la llegada del Papa Francisco. El enigma está servido: en un Madrid envuelto en una crisis de inseguridad ciudadana, un homicida que mata a escritores, un demente que secuestra y viola a menores y un justiciero que acaba con todo aquel que haya sido acusado de corrupción.

Reseña

El TriniEstamos ante una nueva novela del inspector Ramalho da Costa (alias el Trini), personaje que fue creado por Alejandro M. Gallo hace diez años. Fue tal éxito cosechado de crítica y público, que se ha realizado una novela gráfica, con guiones del propio Gallo y dibujos de Julio Cangialosi y Vicente Cifuentes.

Esta nueva entrega es una novela negra con una trama que engancha al lector desde la primera línea. Su lenguaje es llano, sencillo, y de lectura ágil.

A través del asesinato del Padre Brown nos adentra en varias historias entremezcladas donde un secreto, la historia, la Iglesia, la realidad social, irán marcando la investigación, la evolución de los personajes, y lo cotidiano.

Las descripciones de Madrid, de Vallecas, nos permiten recorrerlo como si realmenteRamalho conociéramos sus calles, sus bares…

Los personajes están bien trabajados, capaces de hacernos reír, emocionarnos, reflexionar y cabrearnos. Personajes como el Coronel, el Flecha, el Okupa, Benita la portera, Marie, Luci, la niña…, y especialmente el inspector, quien no da un caso por perdido, persiguiendo sin fatiga la justicia, pero sin convertirse por ello en un héroe estereotipado, solo es un sr humano que obra según sus convicciones y no tiene miedo a enfrentarse a los poderosos.

Me gusta como el autor muestra a sus personajes tal cual, dejando que veamos su forma de pensar, sus ideales, todo ello a través de diálogos con cierto descaro, lo que aún les confiere una mayor solidez y credibilidad.

Una novela para leer y degustar paso a paso.

Alejandro M GalloAlejandro M. Gallo (León, 1962). Es novelista, ensayista, crítico literario y guionista de cómic. Habitualmente combina la novela negra con la memoria histórica, principalmente sobre la guerrilla antifranquista y el exilio republicano español, lo que ha dado lugar a varias tesis y estudios académicos sobre su obra. En Rey Lear ha publicado Asesinato en el Kremlin (XIV Premio de Narrativa Policíaca Francisco García Pavón) y Morir bajo dos banderas (finalista de los Premios de la Crítica Literaria de Castilla y León). Sobre la guerrilla antifranquista española sus obras principales han sido Operación Exterminio y Caballeros de la muerte: la última batalla del Maquis. Es el creador de la saga del inspector Ramalho da Costa, alias el Trini (Una mina llamada InfiernoLa última fosa. Revolución del 34: caso abierto y Ramalho). También ha creado al comisario Gorgonio, cuyas aventuras se publicaron por entregas durante años en el diario El Comercio y algunas fueron recogidas en el volumen Seis meses con el comisario Gorgonio.

«Oración sangrienta en Vallekas es solo la primera novela de una trilogía sobre la crisis y la vida en los barrios en la que estoy trabajando, al estilo de la trilogía del griego Pétros Márkaris», ha comentado Alejandro Gallo, quien asegura que después de ésta primera novela ya no sería capaz de abandonar Vallecas.

Covi S.

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Cómo contar historias

escribiendoUna película, una obra de teatro, una serie en televisión o un libro, tienen un mismo punto en común «nos cuentan una historia». Por tanto, contar bien una historia es esencial. No puedes construir una pared solo con arena y esperar que esta permanezca impasible durante siglos. Si nuestra historia no está bien contada, no servirá para nada, se morirá sin más.

Todos sabemos que una historia tiene que tener un principio, un nudo y un desenlace, pero no es necesario que siempre presentemos la historia en este orden. ¿Has comenzado alguna vez por el desenlace? 

En un relato las proporciones entre las tres partes de las que consta, es primordial. ¿Sabes cómo son las proporciones? ¿Qué parte deberemos desarrollar más?

El inicio de nuestra historia tiene que enganchar al lector, pero sin olvidar que tiene una función… ¿sabes cuál es?

En el nudo va el conflicto, claro que deberemos saber cómo presentarlo, su función dentro de nuestro relato; e importante, conocer la proporción adecuada en nuestra historia. ¿Cómo desarrollar bien el conflicto? Y recuerda, sin conflicto no hay historia…

Un mal desenlace puede destrozar nuestra historia y echar a perder todo nuestro trabajo. ¿Cual es la función del desenlace? ¿Por qué es tan importante?

No te parecerá complicado si sabes cómo hacerlo

Y cómo saber si nuestro relato tiene una buena historia, un principio que engancha, un conflicto desarrollado en la proporción adecuada, o si el desenlace es el adecuado, muy fácil, solo tienes que suscribirte al taller presencial de Carlos F. Salinas, 10 claves para enviar un relato a un certamen literario.

¿Te lo vas a perder?

Envíalo cuanto antes, recuerda que la asistencia es gratuita hasta completar el aforo.

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Noa Pascual en el… Bibliotren

Una chica sin igual II

Mañana martes, día 13, a las 11:30 horas, en el programa de radio de la RPA, el Bibliotren, vamos a comentar la novela Una chica sin igual. Volumen II, y entrevistaremos a su autora, Noa Pascual.

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El árbol que hablaba

El árbol que hablaba

LoboHabía un lobo en la selva. Un día, cuando estaba afuera paseando, encontró a un árbol que tenía unas hojas que parecían caras de personas. Escuchó atentamente y pudo oír al árbol hablar.

El lobo se asustó y dijo:

-Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.

Tan pronto como hubo dicho estas palabras, alguna cosa que no pudo ver lo golpeó y lo dejó inconsciente. No sabía durante cuánto tiempo había estado allí tendido en el suelo, pero cuando despertó estaba demasiado asustado para hablar. Se levantó inmediatamente y empezó a correr.

El lobo estuvo pensando acerca de lo que le había ocurrido y se dio cuenta de que podía usar el árbol para su provecho. Se fue paseando de nuevo y se encontró a un antílope. Le contó lo del árbol que hablaba, pero el antílope no le creyó.

-Ven y lo verás tu mismo -dijo el lobo- pero cuando llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras: “Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante”. Si no las dices, morirás.

antilope-de-aguaEl lobo y el antílope se acercaron hasta el árbol que hablaba. El antílope dijo:

-Has dicho la verdad, lobo, hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.

Tan pronto como dijo esto alguna cosa lo golpeó y lo dejó inconsciente. El lobo cargó con él a su espalda y se lo llevó a casa para comérselo. “Este árbol que habla solucionará todos mis problemas”, pensó el lobo. “Si soy inteligente nunca más volveré a pasar hambre.”

Al día siguiente el lobo estaba paseando como de costumbre. Al cabo de un rato se encontró con una tortuga. Le contó la misma historia que le había contado al antílope, y la llevó hasta el lugar. La tortuga se sorprendió cuando vio al árbol hablante.

-No creía que esto fuera posible -dijo- hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.

tortugaInmediatamente fue golpeada por algo que no pudo ver y cayó inconsciente. El lobo la arrastró hasta su casa y la puso en una olla. Pensó en hacer una estupenda sopa.

El lobo estaba orgulloso de sí mismo. Después del antílope y la tortuga cazó un ave, un jabalí, y un ciervo. Nunca antes había comido mejor. Siempre usaba la misma estrategia. Contaba a sus presas que debían decir que nunca antes habían visto a un árbol hablar y que si no lo decían morirían. Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y todos ellos quedaron inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su casa. Era un plan perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las estrellas el hecho de haber encontrado a ese árbol. Esperaba comer como un rey durante el resto de su vida.

Un día, que se sentía con algo de hambre, el lobo fue a pasear de nuevo. Esta vez se encontró con una liebre. El lobo le dijo:

-Hermana liebre, he visto algo que tú no has visto desde el tiempo de tus antepasados.

-Hermano mayor, ¿qué puede ser? -preguntó la liebre.

-He visto un árbol que habla en la selva -dijo el lobo.

Contó la misma historia de siempre a la liebre y se ofreció para llevarla a ver ese árbol hablante. Fueron juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el lobo le dijo:

-No olvides lo que te he contado.

-¿Qué me contaste? -preguntó la liebre.

-Lo que debes decir cuando llegues junto al árbol, o si no, morirás -dijo el lobo.

-¡Oh!, sí -dijo la liebre-.

LiebreY empezó a hablar con el árbol.

-¡Oh!, árbol, ¡oh!, árbol -dijo-. Eres un árbol precioso.

.No, esto no -dijo el lobo.

-Perdona -dijo la liebre. Entonces habló de nuevo-. Árbol, ¡oh!, árbol, nunca pensé que pudieras ser tan maravilloso.

-¡No, no! -dijo el lobo- no un árbol precioso, un árbol hablante. Te dije que tenías que decir que nunca habías visto antes a un árbol hablante.

Tan pronto como hubo dicho estas palabras, el lobo cayó inconsciente. La liebre se fue andando y mirando hacia el árbol y el lobo. Luego sonrió:

-Entonces, este era el plan del señor Lobo -dijo-. Se pensaba que este lugar era un comedero y yo su comida.

La liebre se marchó y contó a todos los animales de la selva el secreto del árbol que hablaba. El plan del lobo fue descubierto, y el árbol, sin herir a nadie, continuó hablando solo.

Cuento anónimo africano

 Fuente: ciudadseva.com 
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Jueves literarios… El lector de Julio Verne

El lector de Julio Verne

 

Título: El lector de Julio Verne

Autora: Almudena Grandes

Tusquets editores, colección Andanzas.

Marzo, 2012.

Páginas: 424

 

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Un regalo fantástico para comenzar el año

Tu regalo perfecto

concursos literarios¿Uno de tus propósitos para este nuevo año es presentar tus relatos a certámenes literarios? Pues no lo dudes más, este es tu regalo perfecto.

Seguro que alguna vez ya has presentado tu relato a un certamen literario. Has esperado y… nada. Ni siquiera ha sido uno de los finalistas. Además de la decepción lógica por todo el esfuerzo y trabajo plasmado en él, siempre nos quedan las mismas preguntas sin respuesta:

¿Qué ha fallado en mi relato?

¿Cómo puedo mejorarlo?

¿Cómo tener opciones para ser finalista y poder ganar un certamen literario?

¿A qué certámenes presentarme?

¿Cómo preparar mi texto para el envío?

Para dar respuesta a estas y otras muchas preguntas que nos inquietan te presentamos el taller práctico del escritor Carlos Fernández Salinas (ha obtenido más de setenta premios y distinciones literarias), quien tiene en su haber más de 70 premios y distinciones literarias obtenidos en certámenes literarios repartidos por toda la geografía española y en otros países.

En el taller, Carlos, trabajará con los asistentes las diez claves más importantes:

  • Un principio que atrape.
  • El conflicto bien desarrollado.
  • La transición
  • El desenlace
  • Los personajes
  • El estilo
  • Unos lingüísticos

Y además, trabajareis con él sobre vuestros propios relatos, así como con relatos inolvidables, y explicará algunos trucos sobre otros puntos importantes como:

  • Dónde presentarse,
  • Cómo preparar el envío 
  • los Errores frecuentes que todos solemos cometer y que podemos aprender a corregir.

¿Cómo asistir al taller presencial? Muy fácil… Sigue leyendo

Y como es un regalo perfecto, la asistencia es libre hasta completar aforo.

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Días de cuento… Navidad sin ambiente

Miguel DelibesMiguel Delibes Setién (1920 – 2010) fue un novelista español y miembro de la Real Academia Española desde 1975 hasta su muerte, ocupando el sillón “e”. Licenciado en Comercio, comenzó su carrera como columnista y posterior periodista de El Norte de Castilla, periódico que llegó a dirigir, para pasar de forma gradual a dedicarse enteramente a la novela.

Gran conocedor de la fauna y flora de su entorno geográfico, apasionado de la caza y del mundo rural, supo plasmar en sus obras todo lo relativo a Castilla y a la caza.

Se trata de una de las primeras figuras de la literatura española posterior a la Guerra Civil, por lo cual fue reconocido con multitud de galardones; pero su influencia va aún más allá, ya que varias de sus obras han sido adaptadas al teatro o se han llevado al cine, siendo premiadas en certámenes como el Festival de Cannes.

La muerte de su mujer en 1974 le marcó profundamente y en 1998 padeció un cáncer de colon, del que nunca llegó a recuperarse completamente, lo que detuvo casi por completo su carrera literaria y le llevó a la apatía y prácticamente al ostracismo hasta su muerte en 2010.

 Aunque ya han finalizado las fiestas, queremos finalizar las mismas subiendo un cuento del maestro Miguel Delibes sobre la Navidad. Una mirada diferente, pero no por ello menos real. Esperamos que os guste.

Navidad sin ambiente

 Miguel Delibes

 

Niño Jesús-Ella nunca ponía el Niño de esa manera -dijo Chelo al sentarse a la mesa.

-Es lo mismo; cámbialo. Ni me di cuenta.

Cati se pasó delicadamente las manos por las mejillas sofocadas.

-Sentaos -dijo.

Raúl y Tomás hablaban junto a la chimenea.

Dijo Chelo:

-Mujer, es lo mismo. El caso es que el Niño presida, ¿no?

La silla crujió al sentarse Raúl, a la cabecera. Elvi rió al otro extremo.

-Deberías comer con más cuidado -dijo-. Yo no sé dónde vas a llegar.

Dijo Frutos:

-¿Por qué no habéis prendido lumbre como otros años?

A Cati le temblaba un poco la voz:

-Pensé que no hacía frío -levantó sus flacos hombros como disculpándose-. No sé…

-Bendice -dijo Toña.

La voz de Raúl, a la cabecera, tenía un volumen hinchado y creciente, como el retumbo de un trueno:

-Me pesé el jueves y he adelgazado, ya ves. Pásame el vino, Chelo, haz el favor.

Dijo Cati:

-Si queréis, prendo. Todavía estamos a tiempo.

Hubo una negativa general; una ruidosa, alborotada negativa.

-¿No bendices? -preguntó Toña.

Agregó Frutos:

-Yo, lo único por el ambiente; frío no hace.

Cati humilló ligeramente la cabeza y murmuró:

-Señor, da pan a los que tienen hambre y hambre a los que tienen pan.

Al concluir se santiguó.

Dijo Elvi:

-¡Qué bendición más original, chica! Ella nunca bendecía así.

Rodrigo miró furtivamente a su izquierda, hacia Cati:

-Se me hace raro no verla aquí, a mi lado, como otros años.

Tomás, Raúl y Frutos hablaban de las ventajas del «Seat 600» para aparcar en las grandes ciudades. Dijo Raúl:

-En carretera fatiga. Es ideal para la ciudad.

Chelo tenía los ojos húmedos cuando dijo:

-¿Os acordáis del año pasado? Ella lo presentía. Dijo: «Quién sabe si será la última Navidad que pasamos juntos.» ¿No os acordáis?

Hubo un silencio estremecido, quebrado por el repique de los cubiertos contra la loza. Raúl estalló:

-Llevaba veinte años diciendo lo mismo. Alguna vez tenía que ser. Es la vida, ¿no?

Cati carraspeó:

-Esa bendición se la oí un día al padre Martín. Es sobria y bonita. Me gustó.

Tomás levantó la voz:

-A mí, como no me gusta correr, tanto me da un coche grande como uno pequeño.

Elvi fruncía su naricita respingona cada vez que se disponía a hablar. Dijo:

-Raúl tiene pan, pero haría mejor pidiéndole a Dios que no le diese hambre. Si no, yo no sé dónde va a llegar.

Elena  pasaba   las   fuentes  alrededor  de  la  mesa. Y cuando Elvi habló, unió su risa espontánea a la de los demás.

-No, gracias, hija; no quiero más -dijo Frutos con un breve gesto de la mano. Rodrigo denegó también. Dijo luego:

-Ella ponía la lombarda de otra manera. No sé exactamente lo que es, pero era una cosa diferente.

Raúl se volvió a Tomás:

-Pero, bueno ¿quieres decirme qué kilómetros haces tú?

Dijo Frutos:

-Con la chimenea apagada no me parece Nochebuena, la verdad.

Toña saltó:

-No es la chimenea.

Cati se inclinó hacia Rodrigo:

-Está rehogada con un poco de ajo, exactamente como ella lo hacía.

Elvi arrugó su naricilla:

-Sigo pensando en esa bendición tuya, tan original, Cati. Creo que no está bien. ParaCena navidad arreglar ese asunto entre los que tienen hambre y los que no tienen hambre, me parece que no es necesario molestar a Dios. Sería más sencillo decirles a los que tienen pan y no tienen hambre, que les den el pan que les sobra a los que tienen hambre y no tienen pan. De esa manera, todos contentos, ¿no os parece?

Tomás se soliviantó un poco:

-Haga los kilómetros que haga. Yo no tengo necesidad de correr y en carretera tanto me da un «Seiscientos» como un «Mercedes»; es lo que tengo que decir.

-A mí no me parece Nochebuena -dijo Frutos después de observar atentamente la habitación-. Aquí falta algo.

Chelo amusgó los ojos y miró hacia Cati:

-Cati, mona -dijo- si te miro así con los ojos medio cerrados, como vas de negro, todavía me parece que está ella -se inclinó hacia Raúl-. Raúl -añadió-, cierra los ojos un poco, así, y mira para Cati. ¿No es verdad que te recuerda a ella?

Cati hizo un esfuerzo para tragar. Toña hizo un esfuerzo para tragar. Raúl hizo un esfuerzo para tragar. Finalmente, entrecerró los ojos y dijo:

-Sí, puede que se le dé un aire.

Rodrigo se dirigió a Frutos, cruzando la conversación:

-No te pongas pelma con el ambiente. No es el ambiente. Es la lombarda; y el besugo también. Este año tienen otro gusto.

Frutos enarcó las cejas.

-Lo que sea no lo sé. Pero a mí no me parece que hoy sea Nochebuena.

Cati descarnaba el alón del pavo nerviosamente, con increíble destreza. Luego se lo llevaba a la boca con el tenedor en porciones minúsculas.

Dijo Raúl:

-Pásame el vino, Chelo, anda.

Chelo le pasó la botella. Inmediatamente se incorporó y, sin decir nada, colocó al Niño en ángulo recto con el largo de la mesa, encarando a Cati. Inquirió:

-¿Y así?

Dijo Elvi:

-No os molestéis. Es la bendición tan rara de Cati la que lo ha echado todo a perder.

Toña gritó:

-¡No es la bendición!

-Bueno, no os pongáis así. Lo que hay que hacer es beber un poco -dijo Raúl-. El ambiente va por dentro.

Y repartió vino en los vasos de alrededor.

Frutos se puso en pie y sacó del bolsillo una caja de fósforos:

-Aguarda un momento -dijo-. ¿Tenéis un papel? -se dirigió a la chimenea.

Chelo le dijo a Toña:

-Toña, por favor, cierra un poco los ojos, así, y mira para Cati.

-Déjame -dijo Toña.

chimeneaLas llamas caracoleaban en el hogar. Frutos se incorporó con una mano en los riñones. Voceó mirando al fuego:

-Esto es otra cosa, ¿no?

Añadió Chelo:

-Yo no sé si es por el luto o que…

Frutos reculaba sin cesar de mirar a la lumbre:

-¿Qué? ¿Hay ambiente ahora o no hay ambiente?

Hubo un silencio prolongado, Rodrigo lo rompió al fin. Le dijo a Cati:

-¿Pusiste manzanas en el pavo?

-Sí, claro.

Rodrigo encogió los hombros imperceptiblemente. Frutos apartó su silla y se sentó de nuevo. Continuaba mirando al fuego. Toña le dijo irritada:

-No te molestes más; no es el fuego.

Elvi frunció su naricita:

-Cati -dijo-, si probaras a bendecir de otra manera, a lo mejor…

Se oyó un ronco sollozo. Raúl dejó el vaso de golpe, sobre la mesa.

-¡Lo que faltaba! -dijo-. ¿Pues no está llorando la boba esta ahora? Cati, mujer, ¿puede saberse qué es lo que te pasa?

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Este jueves literario… Inés y la alegría

Ines y la alegriaTítulo: Inés y la alegría

Autora: Almudena Grandes

Editorial: Tusquets Editores, Colección Andanzas

Páginas 736

Año 2010

Almudena  Grandes  nació  en  Madrid  (1960).  Estudio  Geografía  e  Historia  en  laAlmudena Grandes Universidad Complutense y comenzó a trabajar en el mundo editorial como escritora de encargo. Saltó al escenario literario con la novela “Las edades de Lulú” (1989) que obtuvo el XI premio “La Sonrisa Vertical” de narrativa erótica. Publicó su segunda novela en 1991: “Te llamaré Viernes”. Con esta novela dejaba atrás la vertiente erótica. Tuvo  escasa  repercusión  mediática.  Consiguió  despojarse  del  estigma  de  escritora erótica con la aparición de su tercera novela: “Malena es un nombre de tango” (1994). Grandes publicó posteriormente varias novelas, todas ellas con el denominador común de estar protagonizadas por mujeres. En 1998, presentó “Atlas de Geografía humana”. En el 2004 sería “Castillos de cartón” y, en febrero del 2007, “El corazón helado” (2007), considerada por la propia autora como su novela más ambiciosa hasta la fecha y con la que recibe el VII Premio de la Fundación Lara   y el premio del Gremio de Libreros de Madrid.

Además de sus novelas, Almudena Grandes ha dado a la imprenta “Modelos de mujer” (1996), una recopilación cuentos que habían sido publicados anteriormente en revistas y periódicos, y “El lenguaje de los balcones”, inspirado en un poema de su marido Luis García Montero. Otra recopilación de relatos es “Estaciones de paso” (2005).

También es autora de artículos publicados entre 1999 y 2003 en el País Semanal y que recopiló en “Mercado Barceló”.

En 1997 obtuvo el prestigioso premio Rossone d’Oro en Italia, concedido a personas destacadas en el mundo de las letras, las artes y las ciencias. En el 2002 recibió el IV Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras.

Varias de sus obras han sido llevadas al cine.

Con “Inés y la Alegría” inicia la serie de “Episodios de una guerra interminable”, proyecto narrativo a la manera de los Episodios Nacionales de Galdós, que constará de 6 novelas independientes en un intento de recorrer la posguerra y la dictadura de Franco.

Con esta novela ha obtenido los premios: Premio de la Critica de Madrid, 2011; Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, 2011; Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2011.

Sinopsis: 

Reconquista de España“Toulouse,  verano  de  1939.  Carmen  de  Pedro,  responsable  en  Francia  de  los diezmados comunistas españoles, se cruza con Jesús Monzón, un cargo menor del partido que, sin ella intuirlo, alberga un ambicioso plan. Unos años después, en 1944, Monzón, convertido en su pareja, ha organizado el grupo más disciplinado de la Resistencia contra la ocupación alemana, prepara la plataforma de la Unión Nacional Española y cuenta con un ejército de hombres dispuestos a invadir España. Entre ellos está Galán, que ha combatido en la Agrupación de Guerrilleros Españoles y que cree, como muchos otros en el otoño de 1944, que tras el desembarco aliado y la retirada de los alemanes, es posible establecer un gobierno republicano en Viella. No muy lejos de allí, Inés vive recluida y vigilada en casa de su hermano, delegado provincial de Falange en Lérida. Ha sufrido todas las calamidades desde que, sola en Madrid, apoyó la causa republicana  durante  la  guerra,  pero  ahora,  cuando  oye  a  escondidas  el anuncio de la operación Reconquista de España en Radio Pirenaica, Inés se arma de valor, y de secreta alegría, para dejar atrás los peores años de su vida”.

Reseña

primera invasiónLa narración se realiza, de forma coral, bajo tres puntos de vista: por un lado, a través de un narrador en primera persona que recrea las voces de Inés y de Galán, personajes sobre los que gira la trama; por otro lado, la narración en tercera persona a través de un narrador omnisciente, en capítulos más cortos que nos van contando lo que ocurrió en el seno del Partido Comunista en el exilio. Esta parte no es ficción. En ella, la autora cuenta,  con  más  o  menos  objetividad,  la  vida  de  los  protagonistas  de  la  Historia: Dolores Ibárruri, Jesús Monzón, Carmen de Pedro, Santiago Carrillo… Ellos van moviendo sus fichas desde un plano superior al de los protagonistas de la ficción, pero sus actos acaban afectando a aquéllos. Con este modo de presentarnos la historia que se cuenta en el relato, Grandes establece, como Galdós, una distinción entre personajes históricos y ficticios buscando dar a su creación una visión más coherente y convincente cuya finalidad es que se difuminen los límites entre la realidad y la ficción.

En cuanto a su estilo narrativo, la estructura de la obra presenta un final abierto. En el relato se van alternando el diálogo con las descripciones y el lenguaje utilizado presenta, en líneas generales, un registro coloquial.

En cuanto a los protagonistas, Almudena Grandes recurre a personajes que nos resultanpersonajes reales familiares en su narrativa: la protagonista femenina reniega de los cánones sociales comenzando, de este modo, a redefinir su universo íntimo en el que tienen una fuerte presencia los elementos eróticos. Es una mujer extraordinariamente parecida a la novelista: morena, opulenta, inteligente… Posee una mirada crítica a la hora de juzgar la sociedad que sufre y padece, y se rebela contra lo que no le convence, tomando las riendas de su vida. El protagonista masculino también es recurrente:  hombre fuerte, viril, valiente, mujeriego, pasional, que llega incluso a ser brusco.

El análisis de los personajes será pormenorizado. Maravillosos los personajes secundarios que, en ocasiones, adquieren relevancia de principales. Son personajes tan reales y cercanos que te atrapan, quizás el mayor logro de la novela.

Novela interesante que viene a rescatar la memoria histórica.

T. Villarino

*Importante: Lo sabemos, no estamos subiendo la reseña de un libro de rabiosa actualidad, pero es por un motivo claro y sencillo: nuestro objetivo es ayudar fomentando la lectura, y las personas que colaboran reseñando obras en este blog las realizan siempre sobre libros que van leyendo, propios, ya sean de autores conocidos o de escritores… menos conocidos.

 

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II PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA JOVELLANOS, EL MEJOR POEMA DEL MUNDO

II Premio Internacional Poesía JovellanosTras el éxito alcanzado por la primera edición del Premio Internacional de Poesía Jovellanos, ‘El mejor Poema del Mundo’, Ediciones Nobel continúa la búsqueda utópica del mejor poema escrito en cualquier lengua del mundo. Mantenemos así un año más vivo en autores de todo el mundo el recuerdo del ilustrado español que engrandeció con su vida, obra y pensamiento a la humanidad entera, y entre cuya memorable obra escrita también tuvo su lugar la poesía.

Convencidos de que todos los sueños se cumplen si no se renuncia a perseguirlos, queremos hacer realidad la sugestiva utopía de encontrar cada año “el mejor poema del mundo” para recordar al ilustre Gaspar Melchor de Jovellanos, rendir homenaje a su autor y difundirlo por todos los medios para que la voz de los poetas ilumine los días en que la noche no deje paso a la luz, para que sus palabras sean una antorcha sobre la tierra oscura.

BASES

Artículo 1. EDICIONES NOBEL abre el plazo de recepción de candidaturas para el II PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA JOVELLANOS, EL MEJOR POEMA DEL MUNDO, al que podrán presentarse autores de cualquier país y lengua, conforme a los requisitos que se especifican en estas bases. El plazo permanecerá abierto hasta las 24 horas (GMT+1. Hora de Madrid.) del próximo día 7 de enero de 2015, no admitiéndose a concurso ninguna obra fuera de dicho plazo.

Artículo 2. Cada autor podrá enviar un solo poema al concurso de temática y extensión libres. No se admite el envío de poemarios.

Artículo 3. No podrá tomar parte en esta convocatoria el ganador de la edición anterior.

Artículo 4. Los poemas habrán de ser originales e inéditos y deberán portar un título. Podrán estar escritos en cualquier idioma, pero deberán ir obligatoriamente acompañados de su traducción al español.

Artículo 5. Para poder participar, todas las candidaturas deberán registrarse en la página web http://poesia.premiojovellanos.com dentro del apartado ‘Inscripción’. Se deberán rellenar todos los campos del formulario donde habrá también que adjuntar el poema en formato Word, PDF o similares. No podrán remitirse poemas en papel. En ese caso, Ediciones Nobel no se compromete a conservarlos ni a devolverlos a sus autores.

Artículo 6. El jurado, seleccionado por la dirección de EDICIONES NOBEL y de Clarín, Revista de nueva literatura, elegirá el poema ganador y una selección de poemas finalistas que se editarán bajo el título ‘El mejor poema delmundo’.
Ganador y finalistas ceden con carácter no exclusivo a EDICIONES NOBEL los derechos de reproducción de su obra.

Artículo 7. El poema ganador será leído en el acto de entrega del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, que cada año se celebra en la ciudad de Gijón, Principado de Asturias, España.

Artículo 8. El premio al único ganador consta de un diploma acreditativo y una dotación económica de dos mil euros (2.000 €). Los finalistas seleccionados por el Jurado aparecerán junto al poema premiado en el libro que Ediciones Nobel publicará en la fecha que estime oportuna según sus intereses editoriales. Los finalistas una vez seleccionados no podrán solicitar a la editorial la retirada de su poema de la edición del libro.

Artículo 9. Tanto el autor del poema premiado como los finalistas renuncian expresamente a los derechos de autor que se devenguen por las ventas de la obra. Los beneficios serán donados a una entidad benéfica o cultural a determinar por la editorial.

Artículo 10. El premio podrá ser declarado desierto si el jurado, cuya decisión será inapelable, considerase que ninguna de las obras presentadas reúne la debida calidad.

Artículo 11. Los poemas serán publicados en su versión original junto a la traducción al español de su autor, indicándose así expresamente.

Artículo 12. La interpretación de estas bases corresponderá a Ediciones Nobel. La participación supone la aceptación completa de las mismas.

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Autoedición o autopublicación, no es lo mismo

¿La autoedición no existe?

Si buscamos por Internet encontraremos multitud de post (más de 51.000 entradas) que nos hablarán de cómo autoeditar o autopublicar, utilizando de forma similar ambos términos cuando se refieren a cosas muy distintas.

¿Qué diferencias existen entre “autopublicarse” y “autoeditarse”?

Mariana Eguaras, consultora editorial, ha escrito un post en su blog donde cuestiona ambos términos y declara que la autoedición no existe. Para ello esgrime argumentos muy claros «Autoeditarse significa que el autor realiza sobre su propia obra las tareas propias de un editor, que son muy amplias y variadas».

Y nos hace una serie de preguntas a los escritores:

  • ¿Puede un autor evaluarse a sí mismo si ha planteado claramente lo que quierecorrecciones decir en su manuscrito?
  • ¿La historia planteada atrapa la atención del lector desde el comienzo hasta el final?
  • ¿Puede evaluar si los personajes que ha incluido en la novela suenan reales, dicen lo que quieren decir cuando hablan y mantienen el tono a lo largo de toda la trama?
  • ¿Estos personajes son convincentes y están bien desarrollados? ¿Funcionan los diálogos entre ellos?
  • ¿Puede un autor evaluar si las ideas expresadas se encadenan con una determinada lógica y los términos están bien definidos?
  • ¿Puede un escritor determinar si su manuscrito posee un lenguaje correcto, si hay coherencia, uniformidad, sentido, claridad, fluidez y estructura en sus textos?
  • Asimismo, ¿puede determinar si su escritura está gramatical, sintáctica y lexicográficamente bien redactada?

El artículo es muy bueno y estoy de acuerdo con su contenido, salvo en una cosa: un autor sí puede autopublicarse con la misma calidad de una edición.

Para ello, el escritor o escritora debe suplir la falta de conocimiento contratando los servicios de un profesional que realice aquellos servicios esenciales, si quiere que su obra esté bien editada:

  • Una valoración y/o corrección de la obra completa: estilo (fondo y forma), ortografía, puntuación…
  • La maquetación del texto —recordando que la maquetación para impresión en papel 0 en formato digital son diferentes.
  • El diseño de la portada y la sinopsis (dos aspectos muy importantes).
  • No olvidar un buen marketing para escritores que nos enseñe a promocionarRedes sociales nuestro libro en las Redes Sociales y crear “marca”, es decir, conseguir que nuestro libro sea atractivo para los lectores, y para algún editor interesado en su publicación.

Claro que tenemos que ser realistas, esto va a elevar el presupuesto inicial para la edición
de nuestro libro. ¿Merece la pena este gasto? Sí, rotundamente. Queremos ver publicado nuestro libro, cierto, pero no olvidemos que es nuestra presentación en el mundo literario y que, por muy maravillosa que sea nuestra historia, si está sin corregir (todos cometemos errores, incluso los escritores más consagrados), sin maquetar correctamente (palabras cortadas, líneas que saltan, párrafos con separaciones extrañas…) y con una portada y una sinopsis que sean un desastre,  se morirá en una larga agonía.

Escribir es un oficio y si tu sueño es ser “escritor o escritora“, no dejes de perseguirlo, cree en ti, porque si tú no crees cómo esperas que lo hagan los demás. Si las editoriales tradicionales te dicen no, sigue escribiendo, busca otras opciones o autopublica con la ayuda de profesionales que “vestirán” tu obra para la ocasión.

El_peor_libroPero ¡ojo!, no tenemos que dejarnos llevar por el deseo de ver nuestro manuscrito publicado a toda costa y caer así en las manos de muchas “editoriales de autoedición” que, realmente, nada tienen de editores y sí mucho de engaño. Suelen prometer todo lo que hemos comentado anteriormente, incluida una distribución a nivel nacional (incluso en Hispanoamérica), para encontrarnos después con la cruel realidad: acumularemos cajas de libros en casa que no han pasado ningún tipo de corrección, que no cuentan con una buena maquetación del texto ni una buena portada ni sinopsis, y que encima no se distribuye en absoluto, salvo que vayamos puerta a puerta por las librerías de nuestra ciudad, comunidad, etc.

En estas fiestas navideñas donde solemos ponernos metas, anímate en el 2015 a perseguir tu sueño. Para ello, como en cualquier otra profesión, no te olvides de formarte para aprender a utilizar las herramientas y las técnicas; lee mucho, siempre; escribe, corrige, reescribe… y sigue escribiendo. No lo dudes, llegará tu momento.

Covi Sánchez
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Lecturas para regalar… el Bibliotren

Libros para regalar en Reyes

Una pequeña muestra de libros para regalar…

Este martes, día 30, a las 11:30 horas, en el último Bibliotren del año, vamos a comentar buenas lecturas para regalar o pedir a los Reyes Magos.

Este martes vamos a hablar de libros para niños, jóvenes y adultos.

Haremos un repaso a lo largo de este año 2014 para recordar libros y autores que estuvieron en nuestro espacio de radio en la RPA, el Bibliotren.

¿Qué genero os gusta, o le gusta a la persona a la que le queréis hacer el regalo? No te preocupes, tenemos lecturas para todos los gustos, edades…

En este año que termina hemos entrevistado a más de 40 escritores y escritoras,  por ejemplo a  Teresa Viejo, Benjamín Recacha, Alicia G. García, Reyes Martínez, Santiago Posteguillo, Enrique Laso, Jorge Magano, Juana D. Martínez, Lidia Ribera, Olga Rico, Abraham Agüera, María Teresa Álvarez, Gonzalo Moure, Susana Visalli, Eduardo Caballero, Felicitas Rebaque, Margarita Pedrayes, Agustín Molleda, Lidia Herbada, Andrés Ortiz Tafur, Carla Montero, José Ramón Sales, Virginia Aguilera, Julia Navas, Francisco Narla, Celia Álvarez, Tomás Dagna, Luis Compés, Paco Abril, Ana Belén Rodríguez, Blue jeans, Helena Nieto, María José Moreno

¿Quieres escuchar sus entrevistas?,  solo tienes que hacer clic aquí.

Literatura para niños y jóvenes

Literatura para niños y jóvenes

Novelas de…

  • Fantasía (magia, ficción, intriga, amor).
  • Históricas (con aventuras, enigmas y misterio).
  • Policíacas (llenas de intriga, asesinos, detectives e inspectores).
  • Románticas (amor, desamor, aventuras y desventuras).
  • Sobre la búsqueda… de uno mismo, de la vida, de nuestros sueños.
  • Para niños (cuentos maravillosos llenos de aventuras, secretos y descubrimientos).
  • Para jóvenes (intriga, misterio, detectives…).

 

Una vez terminado el programa de hoy, nos despedimos hasta el año que viene y queremos desearos un Feliz Año Nuevo 2015. Nos escuchamos de nuevo el 14 de enero… ¡Qué os traigan mucho los Reyes Magos!

 

 

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Concursos Literarios de relato y novela

Quedan pocos días para que termine el plazo de envío, aún estáis a tiempo, revisar vuestros cuentos o novelas y…

Premio Max AubXXIX Premio Internacional de cuentos Max Aub

Las bases de este año son las siguientes:

1. Los cuentos deberán estar escritos en lengua española.

2. Los cuentos serán inéditos y de tema libre. Sólo se podrá enviar un cuento por autor. Finaliza el 31 de diciembre de 2014.

3. Se presentará por el sistema de plica, es decir, en el exterior del sobre constará el título del cuento y la modalidad que opta (de forma excluyente); o al internacional o al comarcal; y en el interior, título del cuento, nombre y apellidos, domicilio, teléfono, y una breve nota bio-bibliográfica del autor.

4. El cuento se presentará en formato DIN A-4 por quintuplicado, cuerpo 12 y a doble espacio, por una sola cara. La extensión tendrá un mínimo de cinco folios y un máximo de quince folios.

Bases completas aquí

Premio José NogalesXXII PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS CORTOS JOSÉ NOGALES

1 Los cuentos de tema libre y escritos en lengua castellana serán originales, inéditos y no presentados -con el mismo o distinto título- a ningún otro certamen pendiente de resolución.

2 Los trabajos se presentarán por triplicado, impresos a doble espacio (tipo de letra Times New Roman, cuerpo 12) por una sola cara. La extensión no excederá los 15 folios ni será inferior a 8.

3 Los originales se remitirán por correo al Área de Dinamización y Cooperación Sociocultural de la Diputación de Huelva. (Estadio Iberoamericano de Atletismo. C/ Honduras S/N. 21007 Huelva (España), indicando en el sobre XXII Premio internacional de Relatos Cortos José Nogales.

4 Los cuentos se identificarán solamente con su título y con el lema elegido por el autor, careciendo de firma o de cualquier otro detalle que pudiera desvelar su identidad.
En otro sobre aparte -en cuyo exterior se repetirá el lema-, se adjuntará una nota con el nombre, dirección y número de teléfono del escritor En este sobre se incluirá una declaración del autor en la que se asegure no tener comprometidos los derechos de la obrapresentada, así como una fotocopia del DNI o pasaporte en vigor. El plazo de recepción de originales finaliza el 31 de diciembre de 2014.

Bases completas aquí

premio Alfaguara de novelaXVIII PREMIO ALFAGUARA DE NOVELA 2015

1.ª
Podrán optar al Premio todos los escritores (mayores de edad) que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad o procedencia, siempre que las obras que presenten se ajusten al concepto comúnmente aceptado de novela, estén escritas en idioma castellano, sean originales, rigurosamente inéditas y no hayan sido premiadas anteriormente en ningún otro concurso, ni correspondan a autores fallecidos con anterioridad a la presentación de la obra a este Premio.

2.ª
Las novelas tendrán una extensión mínima de 200 páginas, tamaño DIN A4 (210 x 297 mm), mecanografiadas a doble espacio por una sola cara. Deberá enviarse un original impreso, encuadernado o cosido, y copia digital (en cualquier soporte electrónico). El original irá firmado con seudónimo, siendo obligatorio adjuntar sobre cerrado con nombre y apellidos, dirección y teléfono de contacto. Será imprescindible adjuntar, en sobre cerrado, declaración firmada aceptando expresamente las bases y condiciones de este Premio, garantizando que la obra no se halla pendiente del fallo de ningún otro Premio y que el autor tiene la libre disposición de todos los derechos de explotación sobre la obra en cualquier forma y en sus diferentes modalidades.
No se mantendrá correspondencia con los remitentes ni se facilitará información alguna relativa al seguimiento del Premio.

3.ª
Los originales podrán enviarse a cualquiera de las sedes de ALFAGUARA en América Latina, Estados Unidos o España, cuyas direcciones figuran al final de estas bases, indicando claramente en el sobre «XVIII Premio Alfaguara de novela 2015». Una vez hecho público el fallo, los originales no premiados serán destruidos sin que quepa reclamación alguna en este sentido. La entidad organizadora no se hace responsable de las posibles pérdidas o deterioros de los originales, ni de los retrasos o cualquier otra circunstancia imputable a correos o a terceros que pueda afectar a los envíos de las obras participantes en el Premio.

4.ª
El plazo de admisión de originales se cerrará el 31 de diciembre de 2014.

 Bases completas aquí

Premio Primavera NovelaXIX PREMIO PRIMAVERA DE NOVELA


1ª)
Podrán participar en este premio escritores y escritoras de cualquier nacionalidad, siempre que las obras presentadas sean novelas escritas en lengua castellana y originales inéditos que no hayan sido premiados anteriormente en ningún otro concurso. No podrán presentarse las obras de aquellos autores que hubiesen fallecido antes de anunciarse la convocatoria.

2ª) Las novelas que se presenten al premio deberán estar firmadas con el nombre y los apellidos del autor o con seudónimo, en cuyo caso será imprescindible que estén acompañadas de una plica o sobre cerrado que contenga la identificación completa del concursante.

3ª) Las obras tendrán una extensión no inferior a 150 folios mecanografiados a doble espacio, impresos por una sola cara. Deberán ser enviadas por duplicado a la editorial Espasa. Josefa Valcárcel, 42 – 5ª Planta. 28027 Madrid, con la referencia “XIX Premio Primavera de Novela”.

Las novelas podrán presentarse por correo postal impresas por duplicado o por correo electrónico en un archivo word o pdf (en este caso, a la dirección ediciones@espasa.es, poniendo en el asunto: “Premio Primavera 2015”). En ambos casos deberá especificarse el nombre del autor, DNI o pasaporte, su domicilio y teléfono de contacto. En caso de que las obras se presenten bajo seudónimo*, deberán remitirse por correo postal y los datos personales deberán constar junto con la novela en un sobre aparte.

*La presentación de la obra al premio bajo seudónimo se efectúa a los solos efectos del desarrollo del concurso hasta su fallo.

Todas las obras deberán incluir una declaración firmada en la que deberán constar, necesariamente los siguientes extremos:

(i) Manifestación expresa del carácter original e inédito en todo el mundo de la obra que se presenta, así como que no es copia ni modificación, total o parcial, de ninguna otra obra propia o ajena;

(ii) Manifestación expresa de la titularidad exclusiva del autor sobre todos los derechos de la obra y que ésta se encuentra libre de cargas o limitaciones a los derechos de explotación;

(iii) Manifestación de que la obra presentada al premio no ha sido presentada a ningún otro concurso que esté pendiente de resolución en el momento de la presentación de la obra al premio;

(iv) Manifestación expresa de la aceptación por el autor de todas y cada una de las condiciones establecidas en las presentes bases; y

(v) Fecha de la declaración y firma.

En los casos de las obras presentadas vía correo electrónico la declaración jurada se incluirá escaneada en el mismo correo electrónico en el que se envíe la novela.

El autor de la obra presentada al premio se obliga a…

Bases completas aquí

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La buena ardilla en… Días de cuento

Este fin de semana navideño, en “Días de cuento”, leeremos un cuento apto para papás y mamás, abuelos y abuelas, y para los niños y niñas. Ah, al final del cuento tenéis los personajes para colorear, tan solo guardar e imprimirlos.

El protagonista es un niño “chiquitín” y muchos animales que seguro conoceréis. Es un cuento anónimo de origen suizo, ¿lo leemos todos juntos?

 La buena ardilla

Érase una vez un niño chiquitín. Este niño era solamente la mitad de grande de lo que eran los demás niños de su edad. Su padre lo llamaba Lu: nombre bonito y breve. Su madre lo llamaba Lulu. Su abuela, empero, que lo quería de todo corazón y no se cansaba nunca de él, lo llamaba Lululu.

niño trepandoLu era ágil como un armiño y podía trepar como una ardilla. Lo malo era que con ello se desgarraba cada día los pantaloncitos y la camisita. La abuela se lo remendaba todo con mucha paciencia. Pero un día ella se encontraba enferma en la cama, y así tenía la madre mucho que hacer. Como el chiquillo volviera, además, a casa con rotos en la ropa, dijo ella:

-Lulu, basta ya de ser destrozón. Aquí tienes el vestido de las fiestas. Si vuelves a trepar de nuevo con él por los árboles, tendrás que ir mañana con agujeros y desgarrones a la iglesia.

Esto no le interesaba a Lu, naturalmente; pero cuando se halló de nuevo en el jardín, debajo del gran abeto, vio saltar alegremente a la ardilla de rama en rama. Sintió un cosquilleo en los diez dedos de las manos y de los pies que le impulsaba a imitar a la ardilla.

-¡Ay! -gritó-. ¡Ardilla, querida ardilla! ¿Te riñen también a ti, cuando se te rasga el vestido?

La ardilla aguzó las orejas. De un gran salto se sentó en la rama inferior y miró con sus inteligentes ojos abajo, hacia donde estaba Lu:

-Mi vestido no se me rasga nunca -contestó la ardilla-. Mi vestido lo ha cosido el buen Dios, y por ello durará hasta que me muera.

-¡Oh! -exclamó Lu-. El mío lo ha cosido sólo mi abuela. Se rasga todos los días, y por ello hoy no puedo trepar hasta tu nido; de lo contrario, tendría que ir mañana con desgarrones a la iglesia.

-¡Lástima! -gritó la ardilla.

Luego fue a brincar y había trepado ya hasta la mitad del tronco, cuando gritó entonces elardilla chiquillo:

-¡Ardilla, querida ardilla, préstame tu vestido! ¡Sólo media horita! ¡Tengo tantas ganas de trepar!

-¿Y luego tendré yo que estar desnuda, sentada sobre esta rama? -preguntó la ardilla-. No, no; eso no me conviene.

-Tú puedes meterte en el nido, que está muy calentito, y mirar por la ventana. ¡Ay, sólo media horita!

El chiquillo derramaba lágrimas grandes como guisantes. Entonces no pudo seguir negándose la ardilla.

-¡Así, tómalo! ¡Pero no te entretengas más de media hora!

El chiquillo se quitó los pantalones y la camisita, y los dejó sobre las hojas secas, al pie del abeto. Luego se puso apresuradamente el pardo abrigo de pieles de la ardilla, mientras ésta, completamente desnuda, se ocultaba presurosa en el redondo nido, en lo alto del abeto. Miró por la ventana y vio trepar tan hábilmente al chiquillo, que le pareció estar viendo a su primo.

La media hora pasó volando.

-¡Lu! -gritó la ardilla-. ¡Ya ha pasado media hora!

-Sí -contestó el chiquillo-; voy a cambiarme.

Y así quiso hacerlo. Pero, al llegar abajo, se encontró con que al pie del abeto no había ningún pantalón ni ninguna camisita que ver.

-Ardilla -exclamó Lu-; no te puedo devolver por ahora tu vestido.

-¿Cómo? ¿Por qué?

-Porque mi ropa ha desaparecido de aquí, y yo no puedo ir desnudo a casa.

nido ardilla-¿Ah, sí? ¿Y yo tengo que quedarme desnuda en mi nido? No, no; todo lo que quieras; ¡pero mi vestido tienes que devolvérmelo!

Entonces trepó Lu a lo alto del abeto. Allí se quitó el pardo abrigo de pieles, y la ardilla se deslizó dentro de él. Desnudo y temblando, se quedó sentado el chiquillo sobre la rama, sin saber qué hacer. Entonces habló la bondadosa ardilla:

-¡Vete a mi casita! ¡Cierra la puerta cuando venga la comadreja o la pérfida ave de rapiña! Yo iré en busca de tu vestidito. ¡Cuando lo haya encontrado, ábreme entonces la puerta!

Lu se deslizó en el redondo nido de la ardilla, y ésta se plantó en tres saltos sobre el verde césped, junto a un mirlo negro. Éste picoteaba con su amarillo pico en el suelo, sin mirar a su alrededor.

-Mirlo -dijo la ardilla-¿Has robado tal vez un vestidito de niño?

-¿Robado? ¡Yo no soy ningún ladrón! ¡Haz el favor de marcharte, si no quieres que te saque los ojos con mi pico!

Entonces huyó de allí la buena ardilla, llena de espanto.

En el corral encontró al pato.

-Patito contorneador ¿has visto tú acaso un vestidito de niño?

-¿Un vestidito de niño? ¿Un vestidito de niño? ¿Y qué quieres tú que yo hiciera con un vestidito de niño?

-Lu lo ha perdido. No, dicho en confianza: un ladrón se lo ha robado.

Al oír esto graznó el pato tan fuerte como pudo. Al oírle todos los animales del corral sepatos acercaron corriendo.

-Schnädergeck -dijo el pato-; ¡ayúdennos todos a buscar! ¡Al pequeño Lu, a quien ya conocen todos ustedes, le han robado su vestido!.

El gallo cacareó fuerte, y las gallinas cloquearon, y todos batieron las alas en señal de que el suceso les afectaba profundamente. Como todos tenían en gran estima al pequeño Lu, ayudaron gustosos a buscar su vestidito. Delante de todos iba siempre la ardilla. Miraron atentamente por todos los rincones; pero ni en el patio ni en el jardín se veía ningún pantaloncito ni ninguna camisita. Entonces gritaron todos:

-¡Ladrón! ¡Ladrón! ¡Ladrón!

Delante de la ventana de la cocina dormía al sol el gato gris.

-¿Se refieren a mí? -gritó éste indignado -. Esto sí que no lo tolero yo.

Se irguió, juntó muy próximas sus cuatro patas, y arqueó el lomo.

-No, no -dijo la ardilla-. Al pequeño Lu, ya lo conoces tú también, al pequeño Lu le han robado su vestido.

-¿A mi Lu? ¿A mi Lulu? ¿A mi Lululu? ¿Quién es el ladrón? Le voy a sacar los ojos.

-Lo estamos buscando. ¡Ven con nosotros!

Entonces bajó el gato de un salto de la cornisa y marchó delante de todos, incluso de la ardilla. De repente, se quedó inmóvil.

perro caseta-Se me ocurre una cosa. Pero, ¡procuren no hacer ruido!

Silenciosamente se deslizó el gato hasta la garita del perro. Fofó aguzó las orejas, después gruñó suavemente, y por último ladró con todas sus fuerzas.

-¿Qué buscan aquí las gallinas? ¿Y qué se le ha perdido al gato gris? ¡Que se me acerque éste, si se atreve!

Pero Micifuz se acercó, y sus ojos brillaron de ira; pues, ¿saben lo que vio en el fondo de la garita del perro? ¡El vestido del niño! Todo estaba allí: los pantalones grises, la camisita azul y blanca.

-¡Ladrón! -bufó el gato.

Fofó se preparó para la lucha. Estos vestidos no tenía que tocarlos nadie. Pertenecían a su joven señor, el querido Lu. El perro los había encontrado y recogido, y los llevaba vigilando toda una hora. Estaba dispuesto a defenderlos, aun cuando, además de las gallinas y del gato y de la ardilla, viniera también todo el establo; el vestido no lo daría más que a su joven señor.

Pero los gatos son más inteligentes que los perros. Micifuz susurró al oído de la ardilla:

-¡Cuando esté fuera el perro, cojan ustedes el vestido!

Y Fofó salió en verdad de su casita, pues el gato bufaba y arqueaba el lomo, y encendía dos fuegos en sus ojos. Y esto era demasiado para Fofó.

-¡Guau, guau! -gritó, y se lanzó sobre el gato, al que no podía sufrir.

Micifuz trepó al manzano más próximo, bufó hacia abajo, y Fofó ladró hacia arriba, mientras la ardilla se apoderaba de los pantaloncitos y la camisita, y los llevaba arriba, hacia el redondo nido, donde esperaba Lu lleno de ansiedad.

niño y perroCuando regresó Fofó a su casita, y no encontró en ella los vestiditos, se tendió sobre el vientre y aulló con aullidos que inspiraban lástima. No cesó de aullar hasta que apareció Lu. Al verlo se levantó de un salto y ladró fuertemente, agitando gozoso la cola. Ahora comprendió, de repente, la verdad de lo ocurrido y olvidó en su felicidad incluso su cólera contra Micifuz.

También Lu se sentía feliz; pues sus pantaloncitos estaban intactos. Al día siguiente no tendría que ir con desgarrones a la iglesia. Su madre no lo castigaría.

Personajes para colorear 

perro colorear

niño para colorear

 

Ardilla-colorear

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Este jueves literario… Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo

Ofrenda a la tormenta-Dolores RedondoTítulo: Ofrenda a la tormenta 

Autora: Dolores Redondo

Editorial Destino

Colección Ancora y Delfín

Páginas: 546.

Año 2014

Dolores Redondo nació en Donostia (San Sebastián) en 1969).Dolores redondo Estudió Derecho y Restauración gastronómica, y durante algunos años se dedicó a distintos negocios. Comenzó escribiendo relatos cortos y cuentos infantiles. En 2009, publicó su primera novela, Los privilegios del ángel. En enero de 2013, publica El guardián invisible, primer volumen de la Trilogía del Baztán, siendo traducida a diez lenguas. Además, acaba de salir a la luz   de la mano de la editorial Planeta De Agostini una versión gráfica, ilustrada por Ernest Sala.

La Trilogía del Baztán está formada por: El guardián invisible, Legado en los huesos Ofrenda  a  la  tormenta.  Las  productoras  Atresmedia  y  Nadcon  han adquirido los derechos de la trilogía para llevar al cine su adaptación cinematográfica.

Como en las novelas anteriores, tanto el título de la obra como la trama vienen ligadas indisolublemente a una de las figuras de la mitología vasco-navarra. El primero, a la figura del mitológica del Basajaun; el segundo, a la del Tarttalo; el tercero y último, debe su título a la figura del Inguma, genio responsable de los malos sueños, las pesadillas, los terrores nocturnos y del que se dice que, por las noches, entra en las casas, colándose por los orificios de las cerraduras o como un vaho que pasa por debajo de las puertas, acercándose sigilosamente y apretando las gargantas de los durmientes dificultando su respiración, causando una sensación de angustia. Sus preferidos son los niños.

Sinopsis: 

Mapa Valle de Báztan“La muerte súbita de una niña en Elizondo resulta sospechosa: el bebé tiene unas marcas rojizas en el rostro que indican que ha habido presión digital y, además, su padre intenta llevarse el cadáver. La bisabuela de la pequeña sostiene que la tragedia es obra de Inguma que se bebe el aliento de los durmientes, arrebatándoles la vida durante el sueño. Pero serán los análisis forenses del doctor San Martín los que lleven a Amaia Salazar de investigar una serie de muertes de bebés, que pronto revelarán un rastro inaudito en el valle.

Por otro lado, ha pasado ya un mes desde que la inspectora de la Policía Foral recuperó a su hijo y pudo detener a Berasategui. Además, tanto la Guardia Civil como el juez Markina dan por muerta a Rosario, aunque Amaia siente que no está libre de peligro. Por otro lado, Berasategui muere inexplicablemente en su celda…”

 Reseña:

Trilogía completaCon esta novela, teóricamente, se pone punto y final a la trilogía, que para Redondo se trata de una única novela concebida en tres partes, en un perfecto engranaje en el que van encajando todas las piezas poco a poco, y cuyo nexo de unión es “el caso” que surge en el seno de la propia familia de la protagonista.

A lo largo de 57 capítulos, como en las dos novelas anteriores, confluyen varias investigaciones, oficiales unas, y otras no tanto, pues los nuevos casos parecen tener muchos puntos de conexión con los anteriores.

Narrada de nuevo en tercera persona, a través de un narrador omnisciente, que no sólo nos va sumergiendo en una trama que, en ocasiones, es sobrecogedora, sino que nos va ofreciendo una serie de pistas que derivan por múltiples bifurcaciones para que nos vayamos haciendo una idea de quién o quiénes son los artífices de ese complejo entramado de horribles crímenes. Los sospechosos irán desde los miembros de las familias de las víctimas, a los psicópatas asesinos, recalando en los miembros de una secta satánica cuyo móvil no es otro que el lucro personal.

El elemento descriptivo adquiere, por momentos, tintes poéticos.Arizkun Como en las novelas anteriores, tiene un especial protagonismo una naturaleza llena de matices: por una lado, sirve para ofrecernos una recreación de las ancestrales formas de vida del pueblo y de sus gentes, apegadas a las tradiciones y al paisaje, llena de misterios, magia, mostrándose inquietante e, incluso, inhóspita; por otro, adquiere matices idealizados, ofreciendo su lado más bucólico, como si se tratase de un paraíso solitario, grandioso, poblado de soñolientos caseríos, que incita a la contemplación.

INGUMAEl estilo de la novela es muy sencillo, carente de todo artificio y con un orden cronológico lineal desarrollado en capítulos bastante cortos y donde el diálogo es de vital importancia, pues revelará mucho de los personajes, de sus vaivenes emocionales. El ritmo es más lento en la primera parte de la novela, cogiendo velocidad a medida que avanza la trama.

Los personajes que estaban aún poco pincelados, tras las tres novelas, están mucho mejor caracterizados. El ambiente policial adquiere más relevancia que el familiar, en esta parte, dando mucho más protagonismo a los personajes relacionados con el ámbito laboral de la protagonista. Conoceremos mucho mejor a Montes, Zabalza, Iriarte, Etxaide, San Martín o Markina.

A esta parte, hemos de añadir un ingrediente que ya se vislumbraba en la novela anterior:  el sentimental, que no nos dejará indiferentes.

El final es previsible desde casi el principio de la novela, aunque esto no le resta ni tensión ni interés a la obra.

La novela está bien realizada, se cierran bien las líneas abiertas, aunque quedan puntos por resolver que no sé si responden a alguna finalidad por parte de la autora, de ahí lo de que “en teoría” es el fin de la trilogía.

Lectura recomendable. Es una novela muy entretenida.

T. Villarino
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18 consejos de Ernest Hemingway sobre el oficio de escribir,

Hemingway escribiendoErnest Hemingway (1899-1961) fue un escritor y periodista estadounidense, y uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Su estilo sobrio y minimalista tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública influenció generaciones posteriores.

Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de 1920 y mediados de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos.

Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos.

18 consejos de Ernest Hemingway sobre el oficio de escribir 

  • Nadie trabaja todos los días durante los meses de calor sin ponerse rancio: hay que tomarse el tiempo de asearse y vivir un poco, no ser un zombi de lápiz y papel (no tostarse los ojos frente al ordenador), el mundo más allá del escritorio tiene posibilidades que solo puedes explotar si sales y vives un rato.
  • No crees personajes, crea personas comunes en situaciones no tan comunes.
  • Los personajes deben ser tan reales que den la sensación deEl viejo y el mar que lo que se narra pasó realmente. Deberán estar proyectados desde el corazón, desde la cabeza, desde el conocimiento, desde la experiencia acumulada del propio escritor.
  • No se deben recargar los escritos de palabras resonantes, ni crear personajes tan increíbles que ni al autor convenzan.
  • Nunca se lo que va a suceder en una novela, a medida que avanza pasa lo que tiene que pasar.
  • Todas las historias que continúan lo suficiente terminan en la muerte: esta es pues una premisa ineludible tanto para el lector, como para el escritor, no se puede narrar la historia de la vida sin la antagónica muerte acercándose más y más conforme se alarga el propio relato.
  • El escritor no puede vivir de espaldas a la realidad social de su época.
  • Releer lo escrito una y otra vez, cientos de veces, y mejorarlo. Hemingway dejaba sus libros terminados 2 o 3 meses para retomarlos luego y corregirlos con cabeza fría, libre de influencias, y con nuevas ideas.
  • Por quién doblan las campanasEl autor debe alejarse de las preocupaciones cotidianas para escribir. Su mesa de trabajo es un lugar tan lejano en la memoria y la imaginación, que solo el autor —y quienes lean su obra— alcanzarán a vislumbrarlo.
  • La vida del escritor es solitaria, no esperes rodearte de multitudes que alaben tu trabajo. Nada te asegura el éxito instantáneo. Las grandes obrar universales se descubrieron muchos años después de la muerte de sus autores.
  • Transformar la soledad en algo positivo te ayudará a enfocarte en lo que quieres plantear y a dónde quieres llegar.
  • No te rindas. No te conformes.
  • Comer bien para que el hambre no te interrumpa el trabajo.
  • No escribas por dinero.
  • Estudia a fondo el diccionario.
  • Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes Hemingway y el oficio de escribir como “espléndido, grande, magnífico, suntuoso”.
  • Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.
  • Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.
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En el Bibliotren… La mirada de piedra

La mirada de piedraMañana martes, en el programa de radio El Bibliotren, a las 11:30 horas, comentaremos la novela La mirada de piedra, ganadora del I Premio Indie para autores independientes (2014), convocado por El Mundo y Amazon.

A continuación entrevistaremos en directo a su autor, Jorge Magano.

La mirada de piedra es la tercera entrega de una saga de aventuras protagonizada por el historiador de arte, metido a periodista, Jaime Azcárate, que siempre se ve envuelto en misterios relacionados con obras de arte.

Este periodista aventurero es como un Indiana Jones español, eso sí, algo torpe, que siempre se mete en líos.

La novela tiene una lectura fácil, que te engancha desde el principio y

La isis dorada

Primera novela de la saga de Jaime Azcárate

donde no solo disfrutarás con las aventuras, misterios e intrigas, sino también te reirás a carcajadas con los chistes y chascarrillos de su protagonista, Jaime Azcárate y su amigo, Roberto, un friki que ya conocemos de la entrega anterior.

La saga está formada, hasta ahora, por tres novelas: La Isis dorada (Suma de Letras y Amazon, 2007),  Donde nacen los milagros (Amazon, 2013) y La mirada de piedra (La esfera de los libros y Amazon, 2014).

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Días de cuento… Furufuhué

Este fin de semana en Días de cuento, queremos compartir un cuento especial. Se titula Furufuhué, y su autora es Felicitas Rebaque. Este cuento forma parte de un libro de cuentos titulado «La Navidad cuenta».

Como estamos a pocos días de que comiencen las fiestas navideñas hemos elegido una historia diferente, un cuento que nos muestra una realidad, la que viven muchas personas en su día a día.

Felicitas RebaqueFelicitas Rebaque de Lázaro (Tudela de Duero, Valladolid 1955). Desde muy niña siente inclinación por la lectura y la escritura, colaborando en su período educativo en todas las actividades literarias que se proponen en los centros en los que estudia. Diplomada en Magisterio y en Enfermería, desarrolla su actividad profesional en el campo de la Pediatría.
Su interés por el mundo del periodismo y de la comunicación le lleva a publicar diversos artículos de opinión en periódicos como El Mundo de Valladolid y El Comercio. Ha colaborado en revistas literarias como Y Latina o Revestidos. Fue delegada de la Asociación de Escritores Noveles en Valladolid. En 2008 publica La libélula, una recopilación de trece relatos. En 2011 publica su primera novela El latido del agua (Editorial Everest). En 2014 publica en versión digital el cuento Espantapajarón (Editorial Leer-e 2006).

Blog de la autora Entre la soledad y el aplauso

Y ahora nos sumergimos en el cuento…

El Furufuhué

Le sonaban las tripas. Esa noche no era el hambre lo que le impedía conciliar el sueño. Se dio la vuelta muy despacio para no despertar a Graciela, que dormía junto a él despreocupada y tranquila. Su mamá no había regresado aún. Las agujas brillantes del reloj de pared marcaban las dos y cuarto. Nunca les había dejado solos por la noche. Nunca. Hasta el día que habló con Mario. Pablo no había logrado borrar de su mente las palabras que se filtraron a través de la pared húmeda y fría que separaba la suya de la habitación en la que vivía Mario.

discutiendo parejaUna vez más, volvió a oír la voz suplicante de su madre:

—Sabes que hago limpias de la mañana a la noche. Acá tengo dos niños que alimentar y he de mandar plata a mis otras dos hijas que quedaron en mi país… Dame un poco más de tiempo y te pagaré todo lo que te debo.

—Me pides imposibles. Vivimos cinco familias en este piso. Todos nos conocemos. Si hago una excepción contigo los demás se enterarán y se me echarán encima. Tienes que pagar el alquiler o tendrás que dejar la habitación.

—No puedes hacerme esto. Buscaré más casas, trabajaré más horas. Dame un par de semanas, por favor.

—No. Como tarde, el lunes. Ya te he dicho la forma de ganar plata, fácil y rápido. Tienes un cuerpo precioso y una cara agradable.

—No, eso nunca. No quiero acabar como mi hermana.

—Pues piénsatelo. No tienes otro camino. Yo te proporcionaría los clientes. Pronto conseguirías lo suficiente para tener tu propio piso. Tu hijo y tu sobrina vivirían mejor. Podrías traerte también a las otras niñas, al resto de tu familia.

—No, Mario. De verdad. No puedo hacer lo que me pides.

—No sé por qué te asusta tanto. Conmigo no te hagas la santita. Se oye por ahí que Pablo no tiene papá reconocido. (Una bofetada quedó clavada en el aire y a continuación otra, como eco de la primera).

—Zorra. No vuelvas a hacerlo. ¿Entiendes? No vuelvas a hacerlo o te arrepentirás mientras vivas. Te doy de plazo hasta el lunes. O aceptas mi propuesta y me pagas, o coges tus miserias y te largas a la puta calle.

niño triste ventanaEse día Pablo lloró como no lo había hecho nunca. El hambre. Las voces arañaban más que el hambre. Puso una mano en el estómago y sacudió la cabeza para que las palabras salieran. Pero se le habían quedado grabadas como la cicatriz de una quemadura a la piel. Cuando logró silenciarlas se levantó y caminó hasta la ventana. La Virgen con el Niño en brazos, San José, la mula y el buey, se mantenían en papel sobre el cristal helado. Apoyó la frente. Hacía mucho frío.

Fuera, la noche estaba muy negra y muy quieta. Silencio.

Dentro tampoco se escuchaba nada. Ni la respiración sosegada de Graciela, ni el zumbidito de la nevera, ni el tic tac del reloj.

Nada. Noche de Paz, Noche de amor… Después de cenar su mamá se había ido a trabajar. Abrió la ventana sin hacer ruido. El viento helado del nordeste le revolvió el pelo y le azotó la cara con su áspera caricia. Agudizó el oído, pero no oyó nada. Ni siquiera el eco de pasos sobre el adoquinado de los que regresaban a sus casas después de cenar con sus familias. Parecía que a todos los sonidos del mundo se los hubiera tragado el silencio. Miró al cielo. Tampoco había estrellas. Las únicas de colorines que parpadeaban eran las del árbol de Navidad de la confitería de la esquina.

Las dudas de los últimos días volvieron, y con ellas la angustia y la inquietud. ¿Y si tía Nora no venía a por Graciela?

niño JesúsSe lo había pedido al Niño que le sonreía dulce desde el pesebre, en el nacimiento grande que habían puesto en la escuela. Se lo había pedido también a su tía:

“Tía Nora, te prometí que cuidaría de mamá y de Graciela. Sabes que hace cinco meses ya que llegamos acá. Mamá trabaja pero no gana lo suficiente para pagar el alquiler, comprar comida y mandar dinero a mis hermanas. Todos sus ahorros se los gastó en el viaje, y ya no le queda nada. Graciela está muy arrugadita; se pasa el día llorisqueando y quiere regresar a nuestro país, con la abuelita. Yo creo que no podrá, a no ser que se produzca un milagro. Tú decías que los milagros suceden cuando se desean con todas las fuerza del corazón. Y Graciela dice que sí puede. Pero tengo miedo, tía, mucho miedo. La ayudarás, ¿verdad?”.

Su plegaría salía de su corazón a través de las lágrimas y del vaho de su aliento que se congelaba como agujas de hielo en el frío de la noche. Todavía se quedó un rato más por si le llegaba una respuesta. Cuando comenzó a tiritar cerró la ventana.
Sus tripas se volvieron a quejar. Abrió el frigorífico y miró dentro. Lanevera luz fría iluminó la habitación e hizo visibles los enseres que ocupaban el cuarto: dos camas, un armario cojo, sin luna, y un desvencijado y viejo sofá. Desde un pequeño televisor les entraba una realidad ajena e irreal. Junto a la ventana, la mesa camilla donde hacía sus deberes mientras Graciela pintaba pájaros enormes con el cuerpo cubierto de escamas que volaban por cielos de colores.
Comió la mitad de una loncha de jamón reseca y regresó a la cama. Se acurrucó al lado de su prima. Le reconfortó su tibieza. Acarició sus rizos y le tranquilizó su tacto suave y sedoso.

Muchas tardes, después de volver del colegio, Pablo le hacía trencitas con lazos de colores mientras jugaban a adivinar palabras. Pero Graciela estaba triste. Sus ojos color miel se habían cubierto de niebla y se iban apagando como una lamparilla de iglesia. Al poco de llegar se había negado a comer. Volvió a mojar la cama. Por la noche tenía pesadillas y se despertaba gritando. “Síndrome de adaptación” —diagnosticó el médico—,  ya se le pasará.

niña osoLas pesadillas se fueron desde que dormía con Pablo, pero muchas tardes lloraba en silencio mientras dibujaba sus pájaros en su cuaderno goteado como de lluvia. Una de esas tardes dijo a Pablo:

—Voy a regresar a casa.

—No puedes, primita —le había replicado Pablo—. Eres demasiado pequeña para viajar sola; además no hay plata para el billete. Deja de pensar en eso. Aquí vamos a estar muy bien.

—Yo sí puedo.

—¿Que tú sí puedes? Pues ya me dirás cómo.

Graciela dejó de llorar. Miró a Pablo sorprendida, como si la pregunta que le acababa de hacer fuera muy tonta.

—Pues ¡volando! —le contestó, extendiendo los brazos como si volar fuera la cosa más natural del mundo.

furufuhue—¿Volando? ¿Cómo que volando? Te he dicho que no hay dinero para el avión.

—Es que no voy a ir en avión. Vendrá a buscarme el Furufuhué*. La abuela siempre lo dice: si eres muy buena, el Furufuhué te lleva a donde quieras. Sólo tienes que llamarlo fuerte, fuerte. Desde dentro. Pero no se lo digas a nadie. Tu mamá no me dejará.

—¡Pero estás loca Graciela! Tú no puedes volar. Eso sólo pasa en los cuentos.
—Yo sí puedo. Tú sólo tienes que auparme a la ventana.

Pablo en un principio se había olvidado del Furufuhué. Estaba demasiado preocupado por su madre. Lamentaba no ser lo suficiente mayor para trabajar. Tenía que evitar como fuera que la ocurriese lo mismo que a tía Nora. No, no quería escuchar en la escuela: tu madre es una puta. Y tener que agachar la cabeza y apretar fuerte los puños. O saldar la ofensa a puñetazos. No, él no vería a su mamá consumida por el sida y por el trato de los malos clientes. No. Él no iría al entierro de su mamá, como Graciela. ¡Menos mal que cuando ocurrió era demasiado pequeña!

Pensaba y pensaba sin encontrar la manera de poder ayudarla; hasta que una noche, mientras intentaba dormir, se abrió paso entre sus pensamientos la voz dulce de Graciela: vendrá a buscarme el Furufuhué. Intentó no pensar en eso, pero la voz de su prima se hacía cada vez más fuerte, hasta que ocupó toda su mente: vendrá a buscarme el Furufuhué.

¡No! —había gritado asustado, sentándose de golpe en la cama.

Cuando apaciguó su respiración se volvió a recostar. Y… ¿por qué no? Si Graciela se iba, su mamá no necesitaría tanto dinero y podría dejar de trabajar por las noches. Él ayudaría después de la escuela en lo que fuera. Si Graciela saltaba desde la ventana se iría al cielo. Y allí estaría bien y sería feliz para siempre junto a Tía Nora. Sí, esa era la única solución. El corazón se le estrujó en el pecho.

—Te auparé —le había dicho esa misma tarde, mientras esperaban a su madre para cenar.

dulcesEn la televisión, árboles de Navidad adornados con bolas brillantes, regalos, juguetes, turrones, música de villancicos “el camino que lleva a Belén…ropo pon pon…”. Extraña manera de celebrar el nacimiento de quien nació tan pobre, pensó Pablo. Mamá había partido en pequeños trocitos las tabletas de turrón que le habían dado en la parroquia. Así duraban más.
Graciela, ajena, pintaba cielos de nubes de colores y pájaros de alas grandes y escamosas, como si fueran peces voladores que se estrellaban en un rayado mar azul marino.

—¿Cuándo será?

—Mañana, que es Navidad. —Graciela le miró, sonrío y siguió pintando.
Pablo se revolvió inquieto en la cama. Se había levantado un fuerte viento que hacía oscilar la luz que entraba de la calle.

Silbaba el aire. O… ¿silbaba el Furufuhué? Tiritaba de frío. Gotas de sudor le resbalaban por la cara. Sudor y lágrimas. En el pecho una enorme piedra no le dejaba respirar. Y de nuevo interpeló a su tía… no se te olvide. ¡Por favor! Ella cree que será el Furufuhué, como en los cuentos. Dice que la pondrá sobre sus enormes alas y la regresará a casa, con la abuela. Pero yo sé que eso no va a ocurrir, y cuando ella brinque… Será mañana.

Se sobresaltó al sentir que alguien le zarandeaba. Al final se había dormido. Su madre yacía vestida sobre su cama. No la había sentido llegar. Su prima le miraba sonriente: Ya es mañana.

niña ventanaApenas había amanecido, y el sol de invierno entraba tímido en el cuarto. Sin decir palabra se dirigieron los dos a la ventana. Pablo la abrió sin ruido. Ayudó a subir a Graciela a la mesa y a sentarse en la poyata de la ventana. Cerró rápido tras ella. Un tambor golpeaba frenético en su cabeza al mismo ritmo que su corazón. Graciela volvió la cara y le miró tras el cristal. Sonreía feliz. Pablo sintió un roto por dentro. Controló el temblor de su mano. Muy despacio bajó la persiana.

Horas más tarde, Pablo entró de puntillas en la habitación 206 de la sala infantil del hospital. Graciela muy pálida, en una cama blanca, parecía dormir. Apenas abultaba bajo las mantas y las bolsas de agua caliente que le aportaban el calor necesario para remontar una grave hipotermia. Unos cables salían desde uno de sus brazos hasta un frasco colgado de un perchero metálico. Pablo se acercó a la niña y la cogió de la mano; una mano lánguida, fría, como de muerta. Asustado la destapó ligeramente hasta que se cercioró de que las sábanas bajaban y subían levemente con su respiración. Se inclinó sobre ella y la besó en la frente.

niña-enferma-en-camaExplotó en lágrimas. En un susurro preguntó a su prima:
—¿Qué pasó, por qué no saltaste? ¿No vino el Furufuhué?
Graciela abrió los ojos. Unos ojos de persona mayor.
—Tuve miedo.

* FURUFUHUÉ: ente mitológico vinculado con el viento. Se le describe como un pájaro cuyo cuerpo está cubierto de escamas refulgentes en vez de plumas, y que sólo puede ser visto a contrasol. Nadie sabe dónde anida ni de dónde viene, pero explican que su potente silbido puede oírse en cualquier lugar de la Tierra.
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Comienza la IX Edición del Premio Luis Adaro de relato

IX Premio Luis Adaro de relatoAbierta la convocatoria para participar en la IX edición del Premio Luis Adaro de relato corto, premio organizado por la Asociación de Escritores Noveles, con el patrocinio de Adaro Tecnología S. A., y la colaboración de la Universidad de Murcia.

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Este jueves literario con… Legado en los huesos

En esta sección de reseñas disfrutamos la semana pasada con la primera novela de Dolores Redondo, El guardián invisible,  y esta semana nos sumergimos en su segunda novela, Legado en los huesos.

La Trilogía del Baztan está formada por: “El guardián invisible”, “Legado en los huesos” y “Ofrenda a la tormenta” (la cual reseñaremos la próxima semana ¡No te la pierdas!).

Legado-en-los-huesosTítulo: Legado en los huesos

Autora: Dolores Redondo

Editorial Destino

553 páginas

Colección Áncora y Delfín

Año 2013

En sus novelas, Dolores Redondo establece una perfecta relación entre mitología y realidad y, si el anterior volumen debía su título y parte de la trama a la figura del mitológica del basajaun, este volumen se lo debe a la del tarttalo, figura fuerte y agresiva, similar a un cíclope de gran envergadura y que, según la tradición, amontonaba los huesos de sus víctimas a la entrada de su cueva.

Sinopsis. La novela se inicia con los últimos coletazos de lo que fue el caso de la anterior novela, “el juicio contra el padrastro de la joven Johana Márquez. Al mismo asiste una embarazada Amaia Salazar, la inspectora de la Policía Foral que un año atrás había resuelto los crímenes del llamado basajaun, que sembraron de terror el valle del Baztán. Amaia también había reunido las pruebas inculpatorias contra Jasón Medina, que imitando el modus operandi del basajaun había asesinado, violado y mutilado a Johana, la adolescente hija de su mujer. De pronto, el juez anuncia que el juicio debe cancelarse: el acusado acaba de suicidarse en los baños del juzgado. Ante la expectación y el enfado que la noticia provoca entre los asistentes, Amaia es reclamada por la policía: el acusado ha dejado una nota suicida dirigida a la inspectora, una nota que contiene un escueto e inquietante mensaje: «Tarttalo». Esa sola palabra que remite al personaje fabuloso del imaginario popular vasco destapará una trama terrorífica que envuelve a la inspectora hasta un trepidante final”.

Reseña:

Mapa Valle de BáztanEn esta segunda parte, la trama se complica aún más, pues partimos de dos investigaciones que, en principio, nada parecen tener que ver entre sí. El argumento se inicia situando al lector en Arizkun, un pequeño pueblecito del valle de Baztan, donde se han producido violentos actos de profanación en la iglesia. En el último de ellos, aparecen entre los restos de un incendio, en lo que parece ser una ofrenda sobre el altar, los huesos de un niño. Las sospechas recaen sobre los “agotes”, cuya presencia se centra en el barrio arizkundarra de Bozate. Esta comunidad ha padecido una marginación absoluta durante siglos, cargando con las culpas de todos los desastres y  malas cosechas y siendo el blanco de la mofa y el desprecio de los lugareños. tartaloParalelamente, se investiga un caso de violencia de género que concluye con el suicidio del agresor y que presenta muchas similitudes con otros casos de idéntico final: los suicidas aparecen con el brazo amputado, siendo todos ellos originarios del valle de Baztán. Junto a ellos aparecen unos extraños mensajes, escritos antes de suicidarse y que parecen ir dirigidos a la inspectora Salazar, con una sola palabra: Tarttalo.

Siguiendo la línea de la entrega anterior y con momentos de tensiónArizkun que, en esta, llegan a alcanzar niveles insospechados, Dolores Redondo, con Legado en los huesos, ha conseguido superar todas las expectativas. La historia narrada en 42 capítulos, con una prosa ágil y sin artificios, es mucho más madura que la anterior, está mejor cohesionada. La trama adquiere un mayor protagonismo. Se profundiza más en las relaciones e historias familiares de la protagonista. Entra en escena algún inquietante fantasma del pasado. Toma fuerza el subinspector Jonan Etxaide. Montes retorna a su puesto redimido. Y en todo este nuevo panorama, no faltan los sospechosos, el abanico es amplio: miembros de la Iglesia y del Opus Dei, maltratadores de mujeres, un bloguero obsesionado con el tema de los agotes, un psiquiatra perturbado…

Los hilos de los que Amaia y su equipo deberán tirar para desenmarañar la madeja de estos salvajes asesinatos, son muchos. Todos parecen tener un único objetivo: la venganza. La destinataria: Amaia Salazar.

A todo esto hay que añadir que, Dolores Redondo, sabe envolvernos en esa mágica atmósfera tan llena de misterios del Valle de Baztán, otro de los protagonistas de la historia.

La novela despierta el interés del lector de principio a fin.

T. Villarino

Dolores redondoDolores Redondo nació en Donostia (San Sebastián) en 1969). Estudió Derecho y Restauración gastronómica, y durante algunos años se dedicó a distintos negocios. Comenzó escribiendo relatos cortos y cuentos infantiles. En 2009, publicó su primera novela, Los privilegios del ángel. En enero de 2013, publica El guardián invisible, primer volumen de la Trilogía del Báztan, siendo traducida a diez idiomas. Además, acaba de salir a la luz de la mano de la editorial Planeta De Agostini una versión gráfica, ilustrada por Ernest Sala.

Los derechos de adaptación cinematográfica han sido vendidos a NadCon de Peter Nadermann y Henning Mankell, que, previsiblemente, llevarán al cine toda la trilogía.

Aquí podéis ver el Booktrailer impactante de la novela…

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Cómo escribir cuentos fantásticos…

LovecraftEsta semana, en la sección «Entrar en coma…», tenemos las Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos, donde H.P. Lovecraft define su proceso de creación.

Autor estadounidense de cuentos fantásticos y de horror, en esta guía nos descubre su fórmula específica para invocar espanto, choque y escalofrío en el lector, además de hacer creíble lo fantástico.

Lovecraft hace un análisis profundo de los elementos críticos desarrollados en el cuento fantástico…

Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos

H.P. Lovecraft


La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas
(escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes.

Mi predilección por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista. Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido, están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror. La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo.

El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

NecronomicónMi forma personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros -Poe, Dunsany, Arthur Machen, M. R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos- e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos.

Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden sor motivadas por la forma, imagen o idea elegida.
Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

  • Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden a su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.
  • Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en orden a su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.
  • Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin serAntología Lovecraft demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo; repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan.
  • Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes desde el comienzo hasta el final del relato.
  • Corregir toda posible superficialidad -palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.
  • Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, cte.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.
  • Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una meta idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra cabeza, jamás puestas sobre papel hasta que preparo una detallada sinopsis de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy que más tarde será desarrollado.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyendo o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática.

Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje en con un suceso o fenómeno grotesco.

El terror en la literatura-HPLovecraftCada relato fantástico -hablando en particular de los cuentos de miedo- puede desarrollar 5 elementos críticos:

  1. Lo que sirve de núcleo a un horror o anormalidad (condición, entidad, etc.).
  2. Efectos o desarrollos típicos del horror.
  3. El modo de la manifestación de ese horror.
  4. La forma de reaccionar ante ese horror.
  5. Los efectos específicos del horror en relación a las condiciones dadas.
  • Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera idónea, aplicando el énfasis necesario en el momento adecuado. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos.
  • Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural.
  • Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos; los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real.
  • Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector.

Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

  • La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de lael-horror-sobrenatural-en-la-literatura-hp-lovecraft literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe comunicarse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la ex realidad de lo irreal.

Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Estas han sido las reglas o moldes que he seguido -consciente o inconscientemente- ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

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Enrique Laso en… el Bibliotren

El rumor de los muertosEn el Bibliotren, mañana martes, día 16, contamos con un autor que lleva más de 125.000 descargas de su novela, El rumor de los muertos.

A las 11:30 horas, comentaremos la novela, El rumor de los muertos, editada ahora en papel por Ediciones Martínez Roca. A continuación, entrevistaremos a su autor, Enrique Laso.

El rumor de los muertos es una novela que te engancha desde la primera página.

Sinopsis: Sebastián Madrigal es un joven periodista que escribe para una revista dominical sin mucho renombre. Un día, uno de sus artículos llama poderosamente la atención: «El Necronomicón», acerca de una obra que nadie sabe a ciencia cierta si existe o es solo un invento de H. P. Lovecraft. Un libro cuyo poder maligno es capaz de resucitar a los muertos, arrebatar la vida o ganar la inmortalidad.

Un millonario que ha buscado el Necronomicón durante años confía en que Sebastián es la persona idónea para encontrarlo. El reportero acepta el reto. Muy pronto descubrirá que la realidad y el mito se fusionan en una macabra pintura aterradora.

Intriga, misterio, aventura e historia de la mano de bibliófilos, millonarios, periodistas y hackers.

Enrique LasoEnrique Laso (Badajoz, 1972) es un alma viajera, gracias a su profesión y a su ansia por descubrir países que tiene desde su niñez.

Aunque profesionalmente siempre he estado ligado al mundo del marketing y la comunicación, su vida es la literatura. Comenzó a escribir con apenas ocho años, y en 1994 fue galardonado con uno de los premios de poesía más importante de aquel entonces, el Premio Nacional Murcia Joven, por su poemario Infancia Perdida, que sería publicado en 1995.

En el 2005 publicó una novela corta, Desde el Infierno, adaptada al cine en 2014 por Luis Endera, además de colaboraciones esporádicas en prensa y varias revistas.

Su novela de más éxito El rumor de los muertos, con casi 150.000 descargas vendidas, ha salido en papel este otoño bajo el sello editorial MR de Planeta.

Actualmente está inmerso en varios proyectos como la novela El padre Salas, ya disponible en Amazon.

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Días de cuento con… La mancha indeleble

Del mismo autor de… El arte de escribir cuentos, Juan Bosch

Hace unas semanas pudimos disfrutar con unos consejos maravillosos sobre El arte de escribir cuentos, del escritor  Juan Bosch¿os acordáis?

Hoy aprovechamos en Días de cuento para recordar uno de sus cuentos y, a la vez, ver en la práctica sus consejos.

Si te gusta el cuento, ¿nos lo dices en un comentario?  ¡Gracias!

La mancha indeleble

por Juan Bosch

cabezas_cortadasTodos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente. Seguramente en esas vitrinas no entraba aire contaminado, pues las cabezas se conservaban en forma admirable, casi como si estuvieran vivas, aunque les faltaba el flujo de la sangre bajo la piel. Debo confesar que el espectáculo me produjo un miedo súbito e intenso. Durante cierto tiempo me sentí paralizado por el terror. Pero era el caso que aún incapacitado para pensar y para actuar, yo estaba allí: había pasado el umbral y tenía que entregar mi cabeza. Nadie podría evitarme esa macabra experiencia.

La situación era en verdad aterradora. Parecía que no había distancia entre la vida que había dejado atrás, del otro lado de la puerta, y la que iba a iniciar en ese momento. Físicamente, la distancia sería de tres metros, tal vez de cuatro.

Sin embargo lo que veía indicaba que la separación entre lo que fui y lo que sería no podía medirse en términos humanos.

-Entregue su cabeza -dijo una voz suave.

-¿La mía? -pregunté, con tanto miedo que a duras penas me oía a mí mismo.

-Claro -¿Cuál va a ser?

A pesar de que no era autoritaria, la voz llenaba todo el salón y resonaba entre las paredes, que se cubrían con lujosos tapices. Yo no podía saber de dónde salía. Tenía la impresión de que todo lo que veía estaba hablando a un tiempo: el piso de mármol negro y blanco, la alfombra roja que iba de la escalinata a la gran mesa del recibidor, y la alfombra similar que cruzaba a todo lo largo por el centro; las grandes columnas de mayólica, las cornisas de cubos dorados, las dos enormes lámparas colgantes de cristal de Bohemia. Sólo sabía a ciencia cierta que ninguna de las innumerables cabezas de las vitrinas había emitido el menor sonido.

Tal vez con el deseo inconsciente de ganar tiempo, pregunté.

-¿Y cómo me la quito?

-Sujétela fuertemente con las dos manos, apoyando los pulgares en las curvas de la quijada; tire hacia arriba y verá con qué facilidad sale. Colóquela después sobre la mesa.

Si se hubiera tratado de una pesadilla me habría explicado la orden ymesa salón mi situación. Pero no era una pesadilla. Eso estaba sucediéndome en pleno estado de lucidez, mientras me hallaba de pie y solitario en medio de un lujoso salón. No se veía una silla, y como temblaba de arriba abajo debido al frío mortal que se había desatado en mis venas, necesitaba sentarme o agarrarme de algo. Al fin apoyé las dos manos en la mesa.

-¿No ha oído o no ha comprendido? -dijo la voz.

Ya dije que la voz no era autoritaria sino suave. Tal vez por eso me parecía tan terrible. Resulta aterrador oír la orden de quitarse la cabeza dicha con tono normal, más bien tranquilo. Estaba seguro de que el dueño de esa voz había repetido la orden tantas veces que ya no le daba la menor importancia a lo que decía.

Al fin logré hablar.

-Sí, he oído y he comprendido -dije-. Pero no puedo despojarme de mi cabeza así como así. Deme algún tiempo para pensarlo. Comprenda que ella está llena de mis ideas, de mis recuerdos. Es el resumen de mi propia vida. Además, si me quedo sin ella, ¿con qué voy a pensar?

La parrafada no me salió de golpe. Me ahogaba. Dos veces tuve que parar para tomar aire. Callé, y me pareció que la voz emitía un ligero gruñido, como de risa burlona.

-Aquí no tiene que pensar. Pensaremos por usted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos más: va a empezar una nueva vida.

-¿Vida sin relación conmigo mismo, si mis ideas, sin emociones propias? -pregunté.

puerta cerradaInstintivamente miré hacia la puerta por donde había entrado. Estaba cerrada. Volví los ojos a los dos extremos del gran salón. Había también puertas en esos extremos, pero ninguna estaba abierta.

El espacio era largo y de techo alto, lo cual me hizo sentirme tan desamparado como un niño perdido en una gran ciudad. No había la menor señal de vida. Sólo yo me hallaba en ese salón imponente.

Peor aún: estábamos la voz y yo. Pero la voz no era humana, no podía relacionarse con un ser de carne y hueso. Me hallaba bajo la impresión de que miles de ojos malignos, también sin vida, estaban mirándome desde las paredes, y de que millones de seres minúsculos e invisibles acechaban mi pensamiento.

-Por favor, no nos haga perder tiempo, que hay otros en turno -dijo la voz.

No es fácil explicar lo que esas palabras significaron para mí. Sentí que alguien iba a entrar, que ya no estaría más tiempo solo, y volví la cara hacia la puerta. No me había equivocado; una mano sujetaba el borde de la gran hoja de madera brillante y la empujaba hacia adentro, y un pie se posaba en el umbral. Por la abertura de la puerta se advertía que afuera había poca luz. Sin duda era la hora indecisa entre el día que muere y la que todavía no ha cerrado.

HuyendoEn medio de mi terror actué como un autómata. Me lancé impetuosamente hacia la puerta, empujé al que entraba y salté a la calle. Me di cuenta de que alguna gente se alarmó al verme correr; tal vez pensaron que había robado o había sido sorprendido en el momento de robar. Comprendía que llevaba el rostro pálido y los ojos desorbitados, y de haber habido por allí un policía, me hubiera perseguido. De todas maneras, no me importaba. Mi necesidad de huir era imperiosa, y huía como loco.

Durante una semana no me atreví a salir de casa. Oía día y noche la voz y veía en todas partes los millares de ojos sin vida y los centenares de cabezas sin cuerpo. Pero en la octava noche, aliviado de mi miedo, me arriesgué a ir a la esquina, a un cafetucho de mala muerte, visitado siempre por gente extraña. Al lado de la mesa que ocupé había otra vacía. A poco, dos hombres se sentaron en ella. Uno tenía los ojos sombríos; me miró con intensidad y luego dijo al otro:

-Ese fue el que huyó después que estaba…

Yo tomaba en ese momento una taza de café. Me temblaron lasmancha de café manos con tanta violencia que un poco de la bebida se me derramó en la camisa.

Mi mal es que no tengo otra camisa ni manera de adquirir una nueva. Mientras me esfuerzo en hacer desaparecer la mancha oigo sin cesar las últimas palabras del hombre de los ojos sombríos:

-Después que ya estaba inscrito.

El miedo me hace sudar frío. Y yo sé que no podré librarme de este miedo; que lo sentiré ante cualquier desconocido. Pues en verdad ignoro si los dos hombres eran miembros o eran enemigos del Partido.

Ahora estoy en casa, tratando de lavar la camisa. Para el caso, he usado jabón, cepillo y un producto químico especial que hallé en el baño. La mancha no se va. Está ahí, indeleble. Al contrario, me parece que a cada esfuerzo por borrarla se destaca más.

FIN

 

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Este jueves literario… El guardián invisible

El guardián invisibleTítulo: El guardián invisible

Autora: Dolores Redondo

Editorial Destino

Nº páginas: 440

Papel y Ebook

Género: Novela policíaca/Novela negra

Año 2013

Sinopsis: «Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.»

En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás.

La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará devuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal al tiempo que convocar a los seres más inquietantes de las leyendas del Norte”.

Reseña: 

BosqueLas claves de un caso, que desde el principio se antoja complicado, se van desgranando a lo largo de cuarenta y tres capítulos en los que la voz de un narrador omnisciente nos va conduciendo por los caminos que sigue la investigación para descubrir a un asesino que no parece seguir un patrón concreto en la elección de sus víctimas, lo que dará muchos quebraderos de cabeza a Amaia y a su equipo. Todos los casos tienen como elemento común que los cuerpos de las chicas asesinadas se encontrarán gracias a los zapatos que aparecen perfectamente alineados en el borde de la carretera. Además, en los cuerpos, se hallan restos de pelo y piel animal y signos de rituales de purificación, lo que lleva a las gentes del lugar a recordar antiguas leyendas locales sobre los espíritus o basajaun que pueblan los bosques. La primera víctima de esta serie de asesinatos es una niña de unos doce años de edad, Ainhoa Elizasu.

La acción se desarrolla en Navarra, en el valle de Baztán, lugar en el que se sitúa la localidad de Elizondo, donde Amaya Salazar nació.

No cabe duda que el espacio es un elemento esencial en la novela, perfectamente ambientado y recreado a través de minuciosas descripciones, muy detalladas, donde el bosque, espacio que en la novela se relaciona con la muerte, el pueblo, con sus soñolientos caseríos y casas señoriales, y el río constituyen una atmósfera en la que se entremezclan la realidad y la leyenda que da a la novela el toque mágico.

El tiempo de la narración se desarrolla en dos planos que vienen a

escenarios de la novela

Esta fotografía pertenece al archivo de la autora. © Archivo de la autora.

contar dos historias: el del presente, que narra la investigación criminal, y el del pasado, que retrotrae la acción a los años de infancia de Amaia Salazar revelando un pasado terrible y un fuerte trauma infantil que ha marcado su vida y que nos dará las claves que definen la carismática personalidad de la inspectora.

En cuanto a los personajes, hay que decir que la autora centra su atención fundamentalmente en los personajes femeninos, quedando desdibujados los masculinos, quizás el mayor error que podemos encontrar en la obra,   respondiendo, en la mayor parte de los casos, a estereotipos.

Novela sin duda interesante, con una prosa sin grandes artificios, pero que nos mantiene pegados de principio a fin. Por cierto, el final no está del todo bien resuelto.

 T. Villarino

Dolores_Redondo

Esta fotografía pertenece al archivo de la autora © Archivo de la autora.

Dolores Redondo nació en Donostia (San Sebastián) en 1969). Estudió Derecho y Restauración gastronómica, y durante algunos años se dedicó a distintos negocios. Comenzó escribiendo relatos cortos y cuentos infantiles. En 2009 publicó su primera novela, Los privilegios del ángel. En enero de 2013 sale a la luz El guardián invisible, primer volumen de la Trilogía del Baztán, apareciendo simultáneamente en castellano (Destino), catalán (Columna), euskera (Erein) y gallego (Xerais), algo que no ocurre todos los días, como tampoco ocurre que editores de 13 países hayan comprado los derechos de publicación, siendo traducida a diez lenguas. Los derechos de adaptación cinematográfica han sido vendidos a NadCon de Peter Nadermann, productor cinematográfico que estuvo involucrado en las adaptaciones de la trilogía Millennium de Stieg Larsson y de las novelas de Henning Mankell, entre otras.

La Trilogía del Baztán está formada por: “El guardián invisible”, “Legado en los huesos” y “Ofrenda a la tormenta” (que acaba de salir  al  mercado).  Los  tres títulos hacen referencia a sendas figuras de la mitología vasco-navarra que aparecen en cada uno de los tomo: en este caso, el del basajaun, ser protector del bosque y los animales, será, en parte, protagonista de ‘El guardián invisible’.

El-Guardian-Invisible_cómicTambién se ha creado un cómic basado en esta novela.  La bella y magnética adaptación está a cargo del joven autor Ernest Salaquien se desplazó hasta las localizaciones donde se sitúa la trama para poder recrear con mayor precisión y así poder realizar un trabajo lo más fiel posible al libro. Además, también contó con la colaboración estrecha de Dolores Redondo, muy satisfecha con el resultado final y la capacidad de Sala para trasladar sus ideas: La riqueza, el cuidado, el detalle con que los elementos que forman parte de la novela original han sido plasmados en el cómic, son extraordinarios, afirma la autora.

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10 claves para publicar

Contar cuentos es algo connatural en nuestra especie. Algo que desarrollamos conforme nuestra capacidad de fabular se abre paso entre las conexiones sinápticas del cerebro, y que denominamos con muy buen tino «imaginación». Esta imaginación, a menudo inductiva de una pasión desaforada por la escritura, desgraciadamente es del todo insuficiente para llegar a la meta. Y la meta es, sin lugar a dudas, ver nuestras inquietudes publicadas por una editorial seria, intentando no caer en las redes de los desaprensivos que hacen negocio a expensas de nuestros sueños. Hablar de todo esto requeriría otro artículo. Para la ocasión he creído conveniente facilitaros las diez claves necesarias para intentarlo. Por supuesto, no hay garantías. Lo único que puedo ofreceros es mi experiencia, y lo que considero fundamental para alcanzar nuestro objetivo. Y lo hago desde la perspectiva de un escritor que ha partido de cero.

Así pues, no son frías teorías dejadas caer por un académico, un entendido en cuestiones literarias, un editor, o un escritor encumbrado. Os hablo desde la cercanía del camino por el que ando, junto a otros muchos, con una mochila cargada de ilusiones…

Repasemos pues las 10 claves:

1 — La primera y más importante, es valorarcorrecciones y corregir nuestros escritos. Escribir bien requiere de la conjunción y armonía de muchos elementos. Es imprescindible saber si tenemos cualidades, así como las virtudes y defectos a corregir. En mi caso, la elección de asociarme a la AEN fue un hecho capital.

2 — Tener un estilo propio. Cualquier entendido os dirá lo importante que es. Yo lo reafirmo. Es algo difícil, y no todos los escritores lo poseen; sobre todo en los tiempos que corren, donde la prosa se ha vulgarizado en exceso. El estilo es vuestra carta de presentación, vuestro DNI.

3 — Arroparos con una paciencia infinita. Éste es un caminopaciencia lento y difícil. A veces nos dejamos vencer por los continuos fracasos. La fortaleza será nuestro mayor aliado. Con cada golpe hay que levantarse, e intentarlo con más fuerza. El tesón y la perseverancia nos harán llegar, cuando otros se queden exhaustos en la cuneta.

4 — Elegir cuidadosamente los temas de nuestros libros. Desgraciadamente, una catarata de historias se vierte cada semana sobre los lectores, sumándose al ingente volumen de material ya escrito. Existen demasiados trabajos parecidos, y una marea de libros banales. Ser original es tan complicado como necesario.

5 — Perfeccionarse constantemente. Para ello realizar algunos talleres de escritura son una gran ayuda. El segundo paso, mucha escritura y lectura escogida, y tener una mente analítica en el proceso creativo, colocando los cinco sentidos en ello. A veces, incluso el sexto. Pulirse requiere su tiempo.

6 — Escribir desde el corazón. Puede resultar extraño; pero es algo que un editor profesional detecta de inmediato. A veces, demasiado influenciados con la técnica y lo que más pueda llegar al público, corremos el riesgo de convertirnos en una suerte de «escritores mercenarios». Escribe lo que te guste y lo que sientas de verdad.

7 — No cegarnos con el éxito, la fama y el dinero. Un auténtico escritor no tiene por qué llevar esto adosado en su equipaje. La Historia está llena de ejemplos. Sé un escritor honesto, antes que nada. Si así lo hicieres, muchos de los caminos se abrirán por sí solos. No busques crear libros olvidadizos de usar y tirar. Lo importante es la trascendencia. Es el mejor de los laureles.

8 — Internet es hoy día una herramienta necesaria para proyectarse a ciertos niveles. Yo la he utilizado a medias porque me robaba un tiempo vital para la escritura, mi verdadera vocación. Y ha sido mi escritura la que me ha abierto las puertas. Así pues, es algo necesario, pero no hay que perder de vista que es un medio para un fin. Aprender a utilizarla en tu favor, es esencial para optimizar tu tiempo.

9 — Crear una sinopsis atrayente de vuestra novela, teniendo claros desde un principio los objetivos. Tener un manuscrito bien presentado y corregido. Confeccionar un currículum lo más atractivo y sincero posible. Y añadirle una buena valoración de la novela, hecha por un comité especializado, como el que tiene la AEN. Por último, esbozar una buena carta de presentación. Ya tenéis el paquete listo para ir aporreando las puertas cibernéticas.

10 — No ser víctimas de vuestro anhelo, corriendo a los brazosasesoria-juridica menos indicados. Si contáis con una comunidad como la AEN, recabar consejo, y enviar copia del contrato de edición (cuenta con asesoramiento legal gratuito para los socios). Podéis también indagar en los foros literarios las opiniones de los usuarios. Yo he publicado en todos los sistemas. La coedición puede ser interesante si llegamos a beneficiarnos con un sello editorial con cierto prestigio. Por el contrario, la autopublicación (que no es lo mismo que autoedición) enflaquece nuestro currículo.

 José Ramón Sales

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