Paco Abril: “No permitiría tratar de colar, a través de la literatura infantil, cualquier tipo de ideología disfrazada de valores”

Paco Abril, escritor, cuentacuentos y artista plásticoEntrevistamos al escritor, cuentacuentos y artista plástico, Paco Abril, que nos acompañará durante la jornada del día 28 del IV Congreso de Escritores #AEN18 para hablarnos de la magia de los cuentos.

Pregunta. ¿Cuán importantes son los cuentos infantiles en la literatura?

Respuesta. He dedicado gran parte de mi vida a los cuentos. Los he contado en numerosos lugares de España, y en Nueva York, México, Casablanca, París, Lisboa… Los he mostrado en cerca de cincuenta exposiciones, he reseñado más de mil relatos en el suplemento infantil “La Oreja Verde”, he participado en redes de selección para elegir los más destacados, he preparado guías de lectura, los he contado en la televisión y en la radio, los he ilustrado, he realizado una apasionante campaña para que los adultos se dieran cuenta de su importancia y los contaran a los más pequeños; y, siempre, siempre he reflexionado sobre su poder de fascinación. Esta reflexión, de más de treinta años, la he recogido en el ensayo que titulé “Los dones de los cuentos” (Octaedro Editorial 2014). En este libro he tratado de explicar por qué son tan importantes los cuentos. Es difícil entender que las ficciones sean necesarias. Sostengo que los cuentos son una necesidad vital, que otorgan, a quienes los disfrutan, extraordinarios dones. Necesitamos cuentos tanto para conocernos mejor a nosotros mismos como a la realidad en la que estamos inmersos. Las ficciones son representaciones de la complejidad de lo que somos. Cuando nos miramos en ellas aprendemos a vernos desde fuera, aprendemos a salir de la tiranía del yo, a conocernos, a aceptarnos y a mejorarnos. Y esto lo afirmo a pesar de que los relatos no son inocentes, a pesar de que, en muchas ocasiones, son vehículo del engaño y de la manipulación. Insisto: los cuentos, a pesar de estar construidos con los materiales de las mentiras, a pesar de ser en muchas ocasiones instrumentos para formatear nuestras mentes, nos llevan a la verdad de nosotros mismos y a la verdad de la realidad a través del laberinto de la imaginación.

P.- ¿Son mayores los valores que transmiten los cuentos infantiles que cualquier otra obra? R.- Quienes cuentan cuentos a los más pequeños, les prestan atención atenta, los tienen en cuenta, los valoran, los consuelan, los hacen sentirse queridos, los invitan a esforzarse, a superarse, igual que hacen los protagonistas de las historias que les narran. Les proporcionan sólidos cimientos para construirse fuertes por dentro con la fuerza que otorgan el afecto y la comprensión. En resumen, los cuentos, las ficciones proporcionan a los niños y a las niñas el don del afecto, de la fuga, del consuelo, de la palabra, de la identificación, del deseo lector, del conocimiento, de la atención, del pensamiento, de la imaginación, de la empatía, de la prevención, de la verdad, de la justicia. Aparte del imprescindible amor de sus personas queridas, ¿hay algo que les dé más?

P.- ¿Hay algún tema tabú en los cuentos infantiles?

R.- Con todas las matizaciones que se quiera, creo que todos los temas pueden tratarse en los cuentos infantiles. Lo único que no debería estar permitido es aburrir. Aunque tampoco permitiría tratar de colar, a través de la literatura infantil, cualquier tipo de ideología disfrazada de valores. Ahora mismo se publican una gran cantidad de libros rosas que son un insulto a la inteligencia de las niñas, un insulto a la literatura y un insulto al sentido común. Nunca hubo en el mercado editorial infantil mayor proliferación de libros de princesas. Tal se diría que el máximo al que pudiera aspirar una niña fuera ser princesa. Lo podemos comprobar recorriendo librerías. Y ya hay quien afirma que las niñas escogen el rosa por naturaleza, y añaden que, también por naturaleza, faltaría más, son más incapaces para las ciencias y las matemáticas; que son, por naturaleza, cuidadoras de niños y amas de casa y, en fin, que por naturaleza deben de someterse a los designios masculinos. Ese “inocente teñir de rosa”, todo lo que se hace para las niñas, sobre todo sus ficciones, es muy grave porque ofrece respaldo ideológico a una de las mayores lacras de nuestra sociedad: la violencia contra las mujeres.

P.- ¿Te has enamorado de algún personaje?

R.- Prefiero utilizar la palabra identificar, más que enamorar. Me he identificado, entre otros, con un personaje que se me instaló muy adentro cuando empecé a leerlo a los 8 años, y ya nunca más salió de mí. Ese personaje era, es, Guillermo Brown. Aquel niño, tres años mayor que yo, que conocí viviendo en Barcelona, me dejó, desde las primeras páginas de sus aventuras, ser un miembro más de su pandilla. Gracias a él fui, en aquella deslumbrante edad, un proscrito y, gracias a él, sigo manteniendo ese espíritu aún hoy. Guillermo, del que llegaron a publicarse en España treinta y ocho libros, era ese compañero con el que jamás te aburrías. La desoladora palabra aburrimiento estaba relacionada en sus libros con la escuela, los oficios dominicales y las tediosas reuniones familiares. Lo curioso es que ni su entorno, ni su colegio, ni sus padres, ni las costumbres del pueblecito inglés en el que transcurrían sus peripecias tenían nada que ver conmigo. Y, sin embargo, puedo asegurar que viví allí, con él y los demás proscritos, los mejores momentos de mi vida. Y como los demás amigos de aquel héroe extraordinario, quedé “intoxicado por el glorioso optimismo de Guillermo”, y todavía sigo siendo fiel a aquel amigo del alma, el mejor que he tenido nunca. Bastante tiempo después me sorprendí, y me regocijé por ello, de que mi héroe hubiera sido creado por una mujer tímida y solitaria llamada Richmal Crompton (1890–1969). Ella supo ver, como la tía abuela con la que pasé los dos mejores años de mi infancia en Barcelona, que los niños tenemos que viajar a otros mundos para no sentirnos prisioneros en el nuestro.

P.- ¿Cuál era el principal motivo por el que se creó la Semana Negra?

R.- La Semana negra, como conté en un artículo en el que explicaba su gestación, La génesis de la “Semana negra”, nació para arropar el IV Encuentro de la Asociación de Escritores Policíacos. Los anteriores encuentros, sin montajes a su alrededor, se habían celebrado en La Habana, México y Crimea. El alcalde de la ciudad ofreció Gijón para acoger a los autores del género negro, antes de que se materializase la propuesta, de gran peso, de llevar este congreso a Barcelona, apoyada entre otros, por el gran escritor Manuel Vázquez Montalbán. El puerto de El Musel, en Gijón, como primer escenario idóneo para este evento, fue una idea de otro gran escritor y comunicador, Juan Cueto, y de Chus Quirós, figura emblemática de la decoración en Asturias.

P.- ¿Cómo te ha tratado la crítica?

R.- Los mejores críticos de mis obras son los que no han escrito sobre ellas, esto es, los niños y las niñas y muchos adultos que han leído mis libros y me han transmitido que se han sentido identificados con las historias relatadas en ellos. A ellos y a ellas les estoy sinceramente agradecido. En cuanto a las críticas que han hecho de mis libros y de mi obra plástica quienes se dedican a esta tarea de manera profesional, siempre han sido muy generosas, consideradas y respetuosas, lo que también es muy de agradecer.

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