Un tren hacia el Norte

Retomamos viejas costumbres que nos lleva a la lectura, el cuento del fin de semana. Y para volver hemos elegido a una autora desconocida para muchos, Ágota Kristof, porque hemos leído un libro suyo y nos ha impactado. Esperamos que os guste.

Un tren hacia el Norte

Ágota Kristof

 

vias-trenUna escultura en un parque, cerca de una estación abandonada.
Representa a un perro y a un hombre.
El perro está de pie y el hombre de rodillas con los brazos rodeando el cuello del animal y la cabeza ligeramente inclinada.
Los ojos del perro miran hacia la llanura que se extiende hasta que se pierde la vista, a la izquierda de la estación. Los ojos del hombre miran fijamente hacia delante por encima del lomo del perro, contemplan los raíles cubiertos de hierba, por donde no circula ningún tren desde hace mucho tiempo. Los habitantes se fueron del pueblo donde se encuentra la estación abandonada. Aún quedan algunos ciudadanos amantes de la naturaleza y la soledad que se instalan allí cuando hace buen tiempo, pero todos tienen coche.
También está el anciano que merodea por el parque y dice que esculpió al perro y que al abrazarlo —porque lo quería mucho— él mismo quedó petrificado.
Cuando se le pregunta cómo puede ser que aún siga ahí, vivo, de carne y hueso, contesta simplemente que está esperando el próximo tren hacia el Norte.
Nadie se atreve a decirle que ya no hay trenes hacia el Norte, que ya no hay trenes hacia ninguna parte. Le proponen llevarlo en coche pero niega con la cabeza.
—No, en coche no. Me esperan en la estación.
Le proponen llevarlo hasta la estación, hasta cualquier estación del Norte.
Vuelve a agitar la cabeza.
—No, gracias. Debo coger el tren. He escrito cartas. A mi madre. A mi mujer también. He escrito que llegaría con el tren de las ocho de la tarde. Mi mujer me espera en la estación con los niños. Mi madre también me espera. Desde que murió mi padre me espera para el entierro. Le prometí que iría al entierro. También me gustaría volver a ver a mi mujer y a mis hijos, a los que abandoné. Sí, los abandoné para convertirme en un gran artista. He sido pintor, escultor. Pero ahora tengo ganas de volver.
—Pero… todo eso, la carta a su madre y a su esposa, el entierro de su padre, ¿cuándo sucedió?
—Sucedió cuando… envenené a mi perro porque no me quería dejar marchar. Se me colgaba de la chaqueta, del pantalón, aullaba cuando me iba a subir al tren. Entonces lo envenené y lo enterré bajo la escultura.
—¿La escultura ya estaba allí?
—No, la hice al día siguiente. Esculpí a mi perro aquí, sobre su tumba. Y cuando llegó el tren para el Norte, lo abracé por última vez y… me quedé petrificado sobre su cuello. No quería dejarme marchar ni estando muerto.
—Sin embargo usted está aquí y espera un tren.
El anciano sonrió:
—No estoy tan loco como cree. Sé muy bien que no existo, estoy petrificado y acostado sobre el lomo de mi perro. También sé que los trenes ya no pasan por este lugar. También sé que mi padre está enterrado desde hace mucho tiempo y que mi madre, también muerta, ya no me espera en ninguna estación, nadie me espera. Mi mujer volvió a casarse, mis hijos ya son adultos. Soy viejo, señor, muy viejo, mucho más viejo de lo que cree. Soy una estatua, no me iré. Todo esto no es más que un juego entre mi perro y yo, un juego al que hemos jugado durante años, un juego que ganó de antemano en el momento en que lo conocí.

La autora

agota-kristofÁgota Kristof (Csikvánd, Hungría, 30 de octubre de 1935 – Neuchâtel, Suiza, 27 de julio de 2011) escritora húngara, que residió en Suiza y escribió su obra en francés.

Sus primeros pasos como escritora fueron en el ámbito de la poesía y el teatro (John et Joe, Un rat qui passe), aunque sería su obra narrativa la que obtendría mayores reconocimientos. En 1986, aparece su primera novela, El gran cuaderno. La secuela titulada La prueba llegó 2 años después. Hasta 1991 no aparece la tercera parte bajo el título La tercera mentira. La trilogía novelística ha sido publicada en España por el sello El Aleph bajo el título Claus y Lucas.

Ágota Kristof recibió el premio europeo a la literatura francesa por El gran cuaderno. Esta novela ha sido traducida a más de 30 idiomas. En 1995 publicó una nueva novela, Ayer.

Ágota Kristof también escribió el relato autobiográfico La analfabeta (L’analphabète) publicado en 2004.

Su último trabajo es una colección de historias cortas titulada C’est égal que se publicó en 2005 en París. La mayoría de sus obras han sido publicadas por Editions du Seuil en París.

Como no es una autora conocida, os copio un comentario sobre su obra, en concreto sobre La analfabeta. Si tenéis oportunidad de haceros con algún libro suyo, no os lo perdáis.

«La analfabeta es precisamente el testimonio de una mujer apasionada por la literatura y el lenguaje, truncada por la dificultad y el trauma sobrevenido al tener que hacerlo en una lengua extranjera. Como bien apunta Nadal Suau en el prólogo de esta edición, el libro de Kristof es un testimonio primero de vida, luego literario. Y es que la escritora húngara es capaz de impactarnos hasta conseguir que nos dobleguemos ante su discurso utilizando esa simbiosis de vida y literatura, en apenas treinta y cinco páginas memorables, sin que nada parezca sentimental ni pretencioso pero, en cambio, resulte desgarrador para el lector, gracias a su prosa sencilla y desnuda, capaz de conmovernos en tan solo once breves capítulos. Son once momentos de la vida de la autora que transitan por distintas secuencias de un exilio obligado. En este relato autobiográfico aparecen estampas de una existencia arriesgada e intensa que transcurren desde una infancia feliz, hasta la superación de una posguerra cruel, pasando por años de soledad en un internado, la pobreza y el definitivo exilio a Suiza con un bebé a cuestas. Tenía treinta años cuando atravesó la frontera con su marido y su niña recién nacida. Agota Kristoff llegó a pie al corazón de Europa, huyendo del hostigamiento ruso. Se instaló en Neuchâtel, en la parte francófona suiza, en un pequeño apartamento. Allí se colocó en una fábrica de relojes. Se levantaba de madrugada para ir a trabajar durante interminables horas, repitiendo los mismos movimientos mecánicos para ensamblar aquellos pequeños aparatos del tiempo. Esa monotonía cansina le ayudaría a componer poemas que después transcribía en casa.
 
La magia de la literatura no escoge ningún formato ni extensión alguna para sorprendernos, incluso en la estrechez de un relato breve cabe toda una vida y,  aunque parezcan pocas páginas, son las suficientes y esclarecedoras para esbozar la vida entera de una mujer. En este minúsculo y hermoso libro se plasman, no sólo los momentos vitales de una escritora empujada a emprender una nueva vida en otro país, sino además su perfil literario, con un estilo minimalista y claro, desde la verdad y la desnudez del lenguaje». (Jimy Ruíz Vega en su bitácora El Fescambre)
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