El jilguero de Donna Tartt en… los jueves literarios

El jilgueroTítulo: El jilguero

AutoraDonna Tartt

Editorial Lumen,

Año 2014.

Traducción de Aurora Echevarría.

1143 páginas.



Donna Tartt
nació en una ciudad cercana al delta del río Mississippi pero fue criada enDonna Tartt Grenada (Misisipi). Se inscribió en la Universidad de Mississippi en 1981. Su estilo de escritura atrajo la atención de Willie Morris, profesor en el campus, cuando aún era una estudiante de primer año, quien le sugerirá que se traslade al Bennington College. Allí estudiará a los clásicos literarios con Claude Frederick y trabará amistad, entre otros, con Bret Easton Ellis, considerado el mayor exponente de la Generación X en literatura, y uno de los autores posmodernos más relevantes de la actualidad.

A los 28 años publicó “El secreto”, un libro que le llevó ocho años de preparación y que la situaría entre las filas de los escritores clásicos contemporáneos. Fue traducido a 24 idiomas.  Tras el éxito fulgurante de la novela, mantendría diez años de silencio hasta la publicación de la que sería su segunda novela, “Un juego de niños”, publicada en 2002, obra que desilusionó a quienes habían sido cautivados por la promesa literaria que habían  atisbado  en  ella.  Ese  desencanto,  no  obstante,  la  elevó  al  Olimpo  de  los escritores de culto. Al cabo de otros diez años, publica esta novela  que ha despertado el entusiasmo de una parte de la crítica y el favor del público, y con la que ha obtenido el Premio Pulitzer, siendo también nominada para el premio del Círculo Nacional de Críticos y para la medalla Andrew Carnegie.

Resumen del libro

Metropolitan MuseumLa novela se inicia  enfocando una habitación de hotel en Amsterdam. Theo Decker lleva más de una semana encerrado entre esas cuatro paredes, fumando sin parar, bebiendo vodka y masticando miedo. Es un hombre joven, pero su historia es larga y ni él sabe bien por qué ha llegado hasta aquí. ¿Cómo empezó todo? Con una explosión en el Metropolitan Museum hace unos diez años y la imagen de un jilguero de plumas doradas, un cuadro espléndido del siglo XVIII que desapareció entre el polvo y los cascotes. Quien se lo llevó es el mismo Theo, un chiquillo entonces, que de pronto se quedó huérfano de madre y se dedicó a desgastar su vida: las drogas lo arañaron, la indiferencia del padre lo cegó y su amistad con el joven Boris lo llevó a la delincuencia sin más trámites. Todo parecía a punto de acabar, y de la peor de las maneras, en el desierto de Nevada, pero no. Al cabo de un tiempo, otra vez las calles de Manhattan, una pequeña tienda de anticuario y un bulto sospechoso que ahora va pasando de mano en mano hasta llegar a Holanda…

Reseña

Novela ecléctica, producto de una lectora erudita, hunde sus raíces en la tradición dickensiana (Theo bien podría ser un Oliver Twist moderno o un David Copperfield), inspirándose también en autores como Dostoievski o Proust, sin dejar de lado la Literatura americana de Faulkner, Poe, o, por qué no, de Truman Capote. Posee además una gran plasticidad, tanto en sus descripciones de corte hiperrealista, como en su lenguaje, no carente de tintes cinematográficos que pudieran remitirnos al cine de los hermanos Coen con la aparición de personajes extravagantes, situaciones próximas al surrealismo y un humor que roza el absurdo.

Hotel AmsterdamSi, como dice Joyce, “la Historia es una pesadilla de la que estamos intentando despertar”,  sin  duda  alguna,  en  esa  pesadilla  parece  estar  inmerso  Theo  cuando comienza a narrar su historia desde Amsterdam, postrado por la fiebre y por la ingesta de vodka en la sórdida habitación de un hotel. Desde allí, desde su inmediato presente, nos va a conducir por los laberintos de la memoria, sumiéndonos en una vorágine de emociones, sensaciones y reflexiones, descubriéndonos los estragos que en su vida ha ocasionado “su secreto”.

Es una narradora eficaz, una magistral creadora de ambientes, pues a través de una escritura brutal e, incluso, violenta, nos sumerge en la visión demoledora de un universo caótico, asfixiante, angustioso, de paisajes inhóspitos y fríos (Nueva York), o desolados y tórridos desiertos (Las Vegas). Ese es el mundo de Theo, el lugar donde su desamparo y su soledad se hacen más patentes, un mundo que se viene abajo desde el mismo momento de la explosión, en el instante en el que pierde a su madre, una situación traumática de la que no se recuperará nunca.

La novela trata múltiples temas (amor, amistad, tristeza, soledad, alcohol, drogas…) en el recorrido que es la formación de un joven. Será un camino tortuoso, siempre al borde de un abismo, una bajada a los infiernos, y aun así logrará sobrevivir.

En ese camino se encuentra con personajes extraordinarios: Audrey, su madre, una mujer que ama el arte y el cine; la familia Barbour, que lo acoge en su casa y que será el reflejo de esa “aristocracia” neoyorkina que vive al otro lado del Central Park,  y que, en cierto sentido, es el reflejo de una clase decadente, llena de luces y de sombras; su padre, una persona de la que desconfía y a la odia y ama a un mismo tiempo, que es la persona  a la que irremisiblemente parece condenado a semejarse; Boris, ese amigo y, a veces, algo más, con el que irá de la mano en esa bajada al infierno de las drogas y el alcohol; Hobbie, el enigmático anticuario del Village, que se convertirá en su ángel protector, su amigo, su maestro…; Pippa, su gran amor…

Es esta una novela de la que se han vendido más de 1,5 millones de copias y, si bien, críticos como Michiko Kakutani la encumbran a los cielos, considerando que es una de las obras maestras del siglo XXI, otros como James Woods dicen de ella que “su tono, su lenguaje y su historia pertenecen a la literatura infantil”. Yo, modestamente, tomaré el camino  de  en  medio:  sin  duda  alguna,  es  una  buena  novela  que,  en  algunos momentos, llega a ser magistral, pero hay que reconocer que no está carente de ciertos altibajos, ya que no consigue mantener la tensión dramática en su hilo narrativo, introduciendo escenas que nada aportan a la trama o descripciones en las que se recrea y que son del todo innecesarias. Repito es una novela buena, muy buena, pero no sé si será  una de las mejores novelas del siglo XXI, ya que queda mucho siglo por delante.

T. Villarino

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