Una entrevista

Recientemente, Lorenzo Silva, uno de los autores que intervendrán en el II Congreso de Escritores Noveles, ha concedido una entrevista a Diario de Navarra, que por su interés reproducimosa integramente:

Lorenzo Silva:”Ahora ya sabemos que los criminales están entre nosotros”

Fuente: DN

 

Podría ser un presidente de los escritores. Una especie de presidente de honor. No podía tener otro oficio Lorenzo Silva (Madrid, 1966) aunque estudió derecho. Hace poco en la Clínica Universitaria le pidieron un libro sobre el implante coclear de los sordos, vino a ver una operación y lo escribió. Acaba de fundar una pequeña editorial, Playa de Ákaba, como la que alcanzó T.E. Lawrence (el de Arabia) tras cruzar el desierto. Él quiere ayudar a autores de calidad a salir de los suyos. Jurado en mil concursos literarios, ganador en otros tantos, autor de 40 libros, algunos llevados al cine, hasta se encarga de la correspondencia de los lectores en la revista XL Semanal. Siempre entre letras. Leyendo y escribiendo. Al hablar, Silva mira tan fijamente que a veces se le nubla a uno la vista y entonces emerge Bevilacqua, el personaje que ha protagonizado ya siete novelas suyas, la última el premio Planeta, La marca del meridiano. Bevilacqua, Vila, para facilitar las cosas, un “picoleto” apátrida con pasaporte español.
¿Qué tienen en común Viladecans, Getafe, Madrid, Peñaranda de Bracamonte, Venecia, Estocolmo y Llança?

Poco. Sobre todo Peñaranda de Bracamonte y Estocolmo[risas]. Son lugares donde yo he escrito este libro. De una forma extraña, los lugares donde escribes se infiltran en la historia. Yo estoy permanentemente entre Madrid y Barcelona, y esa perspectiva acaba llegando a los libros. Hoy ha quedado un poco en evidencia ese viejo esquema español de que hay que tener un empleo fijo, una casa, una hipoteca. Esa idea ha sido la fosa de mucha gente. Los siberianos montan y desmontan la tienda cada cuatro días, y te das cuenta que muchas veces el que las cosas se hagan en varios lugares es más normal que lo contrario.

El monumento del meridiano de Greenwich, en plenos Monegros, inspira de algún modo esta novela. ¿Cómo se le ocurrió?
Estaba documentándome y un policía muy veterano me habló de sus compañeros corruptos, pero no me dijo “ellos” o “los otros”, sino que él en un momento estuvo a punto de corromperse. Me impactó eso de que “si me muevo un milímetro más he cruzado la raya”. Me dio el germen de la historia. Pero la metáfora del meridiano vino después, cuando empecé a viajar a Cataluña y cruzaba el meridiano. El meridiano pasa por ahí porque alguien lo decidió. Pero el GPS cambia, vas con la W y cuando lo atraviesas pasa a la E. Divide el este y el oeste. Es una convención, una ficción, pero tiene efectos. Era una buena metáfora.

¿Y cómo consigue que un policía llegue a contarle que estuvo a punto de cruzar la raya?

El arte del narrador es ganarte la confianza de la gente para que te haga partícipe de sus historias. La gente siempre tiene una desconfianza, pero he descubierto que también tiene necesidad de contar su historia, que es lo único que tiene. A Urdangarín le embargaron todo ayer. Sin embargo lo que nadie puede quitarle es su historia. Y la gente la quiere compartir.

Antes era más exótica la novela negra, pero ahora al abrir el periódico ¿no es todo novela negra?
Eso nos da más argumentos. No tienes que convencer al lector de que estas cosas pasan. En la novela policiaca no puedes poner lo que el lector ya encuentra en la sección de sucesos, que efectivamente ya es todo el periódico. En buena medida el auge de la novela negra tiene que ver con que, de una forma extraña, ahora tenemos más información sobre las conductas criminales. Antes los criminales vivían en otro mundo, al otro lado de un tabique. Ahora sabemos que los criminales están entre nosotros, pueden estar parados en el mismo semáforo o viviendo en la misma escalera.

Lo que pasa es que la frase de que la realidad supera a la ficción se lo está poniendo muy difícil.
Depende lo que quieras hacer. El que quiera atrapar al lector con una trama abracadabrante sí, porque la realidad es muy estrambótica. Hay cosas que leo en el periódico y digo “esto no puede ser”. Pero si tratas de aprovechar esa realidad del crimen y del sufrimiento, y de la culpabilidad que provoca, no tienes por qué competir. Además, la crónica de sucesos siempre atiende la espectacularidad, te deja todo el espacio para profundizar en los aspectos que a mí me interesan.

Séptima novela con Bevilacqua y Chamorro. Les conocerá ya como la palma de su mano. ¿Podría abrirles una cuenta de Twitter?

Podría hacerlo sin problemas.La existencia de algo también es una convención. ¿El euro existe o no? Hace tres meses estuvimos a punto de decir que no. ¿Una persona existe o no? Pues en buena medida según la percepción que tengan los que la rodean. Un personaje de ficción, cuando muchas personas empiezan a tomárselo en serio, acaba teniendo una presencia. Yo en este momento no puedo hacer lo que quiera con ellos.

Se lo habrán preguntado muchas veces, pero al presentar la novela con estos personajes ya conocidos, el jurado del Planeta sabía que el libro era suyo.
Naturalmente. Al Planeta se puede concurrir con tu nombre. Pensé hacerlo. ¿Por qué no lo hice? Porque conozco la mecánica . Y sé que el viernes anterior se publican los diez finalistas. Imaginé lo que habría sido tres días con tu nombre circulando. Yo no me pretendí esconder del jurado, me escondí del público, por comodidad mía. Si la pregunta es ¿es legítimo que se presente una persona y que miembros del jurado sepan quién es? Yo he sido jurado de 90 premios, y habré reconocido 85 veces a 3 ó 4 participantes porque el mundo no es tan grande, todos nos hemos leído. Si impusiéramos ese requisito no se podrían celebrar premios literarios en España. Un Nadal en el que fui jurado había cinco amigos míos entre los finalistas. Cinco. Cuando los fui identificando, dije: Estoy en el acto de perder cuatro amigos, pero es lo que toca.

¿Los perdió?
Perdí uno, nada más. No te diré su nombre, pero sí el de dos de ellos: una, Marta Sanz, buena amiga y a la que admiro, y otro Javier Pueblo, al que había visto tres veces, y acabé votando por él. Estas cosas pasan y hay que normalizarlas. Lo que pasa es que la gente tiene la boca muy grande.Yo con Lara no he hablado nunca. Nunca.

¿Sabe cómo llegó a mis manos el libro? Una tía mayor me lo regaló diciendo que era el Nobel, que le habían dicho que era buenísimo. Desde luego el premio abre muchas puertas.
Sí, abre puertas pero al final cuenta el libro. Yo gané el premioPrimavera con Carta Blanca, sobre la guerra de Marruecos, la novela más dura que he escrito, casi un Meridiano de sangre a pie, y no es un libro para el premio Primavera, que suelen ser para el día de la madre. El premio pasó y lo que queda es el libro. Ahora se lee independientemente del premio.

¿Hay saga para rato?

Pienso que sí. Bevilacqua se tiene que jubilar en el año 2023 pero parece que les van a prorrogar un poquito más, casi hasta el 2030. Quiero escribir todo lo que pueda con ellos y que se parezcan lo más posible a personas. Y por tanto un día se jubilarán y un día se morirán. Sherlock Holmes siempre tiene una edad, pero aquí año a año van envejeciendo.

¿Se los imagina diciendo un dictado, como el pobre policía que le ha dictado cinco folios a Bárcenas para la prueba caligráfica?
[risas] Mis amigos policías lo que me han enseñado es que no hay marrón del que un investigador criminal esté exento. Porque hay toda una serie de recursos estandarizados, pero también cada criminal es de su padre y de su madre y ves las cosas más variopintas. Esta novela hay un guardia civil de asuntos internos. ¿Cómo se vigila una casa cuartel? Bueno, pues hay que hacerlo, y se hace. Con imaginación.

“Naturalmente que miembros del jurado del Planeta sabían que la novela era mía, todos nos conocemos, si fuera un requisito no saberlo no se podrían celebrar premios literarios en España”
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