Luis Mateo Díaz, desvela la sustancia de la eternidad.

El otoño del patriarca literario no arranca hasta que el maestro Luis Mateo Díez publica su nueva obra. Es un clásico, que disfrutamos plenamente cada septiembre. Al cumplir sus primeros setenta años, el escritor leonés nacido en Villablino ha querido celebrarlo por todo lo alto con el libro «La cabeza en llamas» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), una joya en la que escribir es una manera de ser en la vida. Compuesta por cuatro novelas: «La cabeza en llamas», «Luz del Amberes», «Contemplación de la desgracia» y «Vidas de insecto», el lector disfrutará de este paraíso pulso a pulso, sentimiento a sentimiento, palabra a palabra.

Sostiene Luis Mateo que la edad va conformando muchas cosas, y a veces desequilibra un poco: abres la ventana, miras hacia atrás y ves niebla; abres la ventana, miras hacia adelante y no ves nada. Sumergirse en «La cabeza en llamas» es gozar de una lección magistral que nos alecciona sobre el alma. «En el momento de escribir estas cuatro historias, en los últimos tres años, novelas que están hechas por separado, ese tiempo lo empleé asimismo en una reflexión personal sobre lo realizado, vivido y lo que se avecina -confiesa el escritor-. He querido evaluar obsesiones, historias, traumas, como un punto de llegada y de partida». Los retos que aguardan a un escritor que jamás ha sido complaciente.

La vida como elemento de la convicción. Un reto de disconformidad, la descripción de fábulas cada vez más complejas, Luis Mateo Díez piensa en el lector imaginario -que es él mismo-, para mantenerlo en tensión y no pasarle la mano por el lomo. Cómplice convicto y confeso de sus admiradores y lectores, que son legión, y para nada conformistas, Luis Mateo Díez cuenta la vida con la mayor complejidad posible a la hora de inventarla. «El arte está fundamentalmente atado a la vida, donde esta se procrea, crece, se transforma, se metamorfosea, y nos hace ser soñadores desde el pensamiento y el sentimiento. Se trata de contar la vida para inventarla».

El regusto de la pena

El autor narra en sus cuatro imprescindibles novelitas dentro de una gran novela, cómo la desdicha puede ser placentera, o se adentra en la emoción de la literatura rusa, un componente extraño e íntimo, cuando uno de los personajes ve la desgracia sobre el escenario y la asume como una dicha interior que la reconforta; y entonces el protagonista delimita la pena con cierta regusto. «Dicho así, todo parece un poco disparatado, pero cuando se lee el relato tal vez al lector le perturbe más», advierte el maestro..

«Vidas de insecto», el cuarto de los libros que contiene este gran libro que es La cabeza en llamas», es un artefacto narrativo con ciertas connotaciones surrealistas, unas memorias escolares, una composición literaria de los recuerdos en torno a la clasificación de los insectos. «Aventuras adolescentes en un colegio de curas, donde se hace un repaso a lo que sucedía. Lo que viene a demostrar el muchacho protagonista -cuenta Luis Mateo- es el contraste entre el medio educativo que administra unas enseñanzas y cómo se genera insumisión y rebeldía en el chico. Yo creo que este chico, que se parece muucho a mí, se fue de los padres tolontinos, e hizo un aprendizaje distinto al que querían los curas».

Luis Mateo Díez abona su literatura con sabor a eternidad

Luis Mateo Díez abona una… Leer más.

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