En una mañana cualquiera, de Susana Visalli

Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Cuando quise abrir la puerta del armario de mi habitación vi cómo un ala salía de mi costado derecho. Mi primera reacción fue retraerla y quedarme quieta. Entonces me percaté que mi nariz había crecido, pero por más que yo lo intentara no lograba detallarla. Intenté tocarla y nuevamente esa ala, ahora enfrente de mi cara… ¿pero qué es esto?, pensé. Sentí miedo, mucho miedo. Estaba sola. Quise gritar a ver si era un sueño pero tan sólo me salió un gruac… Miré alrededor buscando no sé qué y allí me quedé largo rato, como una tonta, tal vez esperando que todo volviera a la normalidad.

¿Qué rayos soy? Comencé a caminar y casi me voy de bruces, mi pie tropezó con algo. Miré y lo que había era tan sólo una silla. Tienes que llegar a la habitación, Matilda, me dije con autoridad a ver si el miedo se me iba. Moví el otro pie con cuidado, no quería otro tropezón. Luego moví el otro… y ¡descubrí que todo era cuestión de subir y bajar un poco las piernas! No exagero al decir que tardé media hora en recorrer el pasillo que me llevaría a la sala. Durante ese tiempo sólo pensé en una cosa: Tengo que verme en el espejo grande de la pared.

Cuando por fin llegué, primero… LEER MÁS.

Relato subido al Blog-Taller de la AEN, Palabras Cruzadas, por Susana Visalli, socia de la asociación.

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