Descubriendo autores noveles: Marina Gómez y El sueño del corcel.

El sueño del corcel

Cuando el mundo no era más que trozos de islas rodeados de agua y sobre sus tierras habitaban seres puros e inmortales, la vida era perfecta, mucho más de lo que lo es ahora. Aquellas criaturas que vivían en la más hermosa armonía gozaban de una total libertad, mezclándose las diferentes razas con amor y fraternidad. Habitaban por todos los rincones de la Tierra y se proclamaron Reyes de la Naturaleza, pues eran hermosos y únicos pobladores, y cada cual era dueño y señor de un mundo joven que empezaba a transformarse con el paso de los tiempos. Pero algunas de aquellas antiguas beldades se volvieron rebeldes ante tanta paz, aburriéndose hasta manifestar sus diferencias a los que seguían siendo felices en aquel paraíso. Nadie hasta aquel momento supo de quejas o de destierro, y quizás por eso los puros de espíritu se sumieron en un sentimiento hasta ahora inexistente: la tristeza. Eso lo dicen nuestras antiquísimas Escrituras, y también nos cuentan lo que de sobras sabéis.

               ‘El Gran Dios que desde todas partes veía los extraños acontecimientos lanzó un rayo a la Tierra, fue el Supremo quien no quiso ser débil y expulsó con autoridad omnipotente a los que se rebelaron. Los puros de espíritu le rogaron piedad para los desdichados, pero no hubo misericordia para los rebeldes, ni siquiera para ellos, a quienes les fue arrebatada la inmortalidad aun sin culpa alguna. A los desterrados se les echó de menos, pues en tiempos anteriores fueron nobles y buenos, pero cometieron el error de alzarse contra los suyos y sobre el Gran Dios que todo lo ve. Fueron humillados, obligados a vagar por las tinieblas del submundo, pues no había sido justo quejarse ante la felicidad más plena, y lloraron su desdicha durante miles de años, escondidos en los lugares más remotos de la Tierra. Pasaron hambre, frío y desconsuelo, pero ante tal desgracia todos ellos unieron sus fuerzas, y mientras allá arriba sus hermanos mortales disfrutaban sus vidas llenos de luz, allá abajo se hizo la más completa oscuridad. Los que antaño fueron hermosos y gráciles se tornaron horrendos y deformes, y su inteligencia se volvió demencia, olvidándose de hablar y de pensar con cordura. Nadie sino ellos hubiese podido entender su propio lenguaje. Ninguno de ellos recordaba ya el mundo porque sus mentes lo habían borrado. Hubieran podido morir de hambre, pero su inmortalidad seguía intacta, y en los miles de años que vivieron escondidos en las profundidades del averno aprendieron a trepar las rocosas paredes que no tenían fin con un único objetivo: escapar. Mas no había salida en el submundo, y dedicaron entonces sus vidas a entrenar un nuevo propósito: conseguir una manera para alimentarse de la felicidad de los que un día los condenaron y vengarse del Gran Dios, pensándolo posible.

               ‘Así pues se reunieron todos ellos en un círculo eterno, y al margen de los propósitos del Gran Dios se hicieron poderosos, logrando así su ansiado fin. Abandonaron la oscuridad más absoluta con un simple pensamiento, y al atravesar las miles y miles de capas que cubrían su hogar un resplandor que los cegó les arrebató la forma, mostrándose ante el mundo como el aire, invisibles. Pero el mundo que abría sus puertas había cambiado, y aunque ni un vago recuerdo anidaba en sus mentes la necesidad de venganza era cada vez más y más grande. ¿Qué importaba a quién maltratar si su deseo simplemente era hacerlo? Cada espíritu impío voló hacia un lugar distinto y lejano, pero uno en concreto quiso quedarse bien cerca. El sol lo había cegado y ahora buscaba penumbra y sombra, y exhausto ante la luz se filtró por el hueco de un extraño monumento de piedra que dejaba salir de lo alto algo así como el humo de una hoguera. En su interior calmó su daño, y sonrió triunfante cuando vio un ser angelical durmiendo apaciblemente en un colchón de plumas. Era hembra, y excitado se fundió en su cálido cuerpo cabalgando sobre ella, y entró en sus felices sueños para no dejarla despertar hasta que no estuvo satisfecho. En cada confín de la Tierra un espíritu desterrado se alimentó de los sueños de los nuevos seres mortales, y alguno que otro no despertó jamás, y aquí estoy yo para daros fe.

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