Entrevista al autor Francisco José Jurado

Francisco José Jurado nace en la ciudad de Córdoba en el año 1967. Licenciado en Derecho. se dedicó a la investigación y docencia universitarias, siendo profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Córdoba. Tras su paso por la vida académica, ha desarrollado variados oficios, algunos relacionados con la literatura, como talleres literarios de animación a la lectura y a la escritura. Colaborador habitual de prensa escrita, actualmente es columnista de ABC.

Comenzó a escribir en 1998 y esa labor le ha reportado casi un centenar de premios, menciones y accésit en certámenes nacionales e internacionales de relatos, cuentos y novela corta. “Benegas” es su primera novela publicada. Con «Benegas» ha conseguido ser finalista del Premio NOVELPOL a la mejor novela negra editada en España en 2009, y finalista del Premio Brigada 21 a la mejor primera novela negra publicada en castellano durante 2009.

¿Qué hace un cordobés escribiendo novela negra?

             —¡Vaya, menuda pregunta! Veo que empezamos con fuerza. Pues te diré que, como cordobés y como escritor, he intentado hacer ver a los lectores que Córdoba, al igual que otras muchas, es una ciudad que puede servir perfectamente como teatro para desarrollar una trama negra. En este caso tres tramas, pues Benegas se compone de tres historias o investigaciones distintas que pueden leerse de forma independiente. No todo tiene por qué ser sota, caballo y rey: Nueva York, Londres o Estocolmo. Y créeme cuando te digo que Córdoba es una ciudad absolutamente de novela negra, aunque, en un principio, tal afirmación pueda parecer chocante. Soy consciente. Por ello, para demostrarlo, siempre cuento la misma historia, que viene a ser una de las muchas paradojas que definen la realidad socio-económica y política de mi ciudad. Me explico: Córdoba es la única gran población del hemisferio norte gobernada aún por el comunismo. Al mismo tiempo, como todos sabréis por los Telediarios, el poder económico ha estado en manos de la iglesia católica más ultramontana, lo cual ha producido una hecatombe financiera; esto es, Cajasur. Y, además, ambos poderes se han visto inmersos en los pelotazos inmobiliarios que han machacado a España en los últimos años, por supuesto de la mano de empresarios del ladrillo muy peculiares. Si a ello unimos la cercanía de Córdoba con la Costa del Sol y las ramificaciones con el crimen internacional que ello representa, y que la industria principal hasta hace un par de años ha sido el oro (¡y lo que eso representa… dejémoslo ahí!) resulta que, al final, la gente me dice: «¡Coño, Paco, pues sí que es una ciudad de novela negra la tuya!».

            Así que, respondiendo a tu pregunta, lo que he intentado es plasmar esa realidad a través de tres casos de asesinato que el inspector Benegas y su equipo deben resolver, pues no olvidemos que, en una buena novela negra, tan importante como el caso en sí —o sea, el delito que alguien comete— es explicar y mostrar las circunstancias que hacen posible, e incluso explican, la comisión de ese delito. Denunciar los falsos pliegues de la sociedad que llevan a la comisión de un acto violento. Y eso es lo que he tratado de hacer escribiendo esta novela, en definitiva: contarle al lector que esa aparente balsa de aceite que es mi ciudad (y tantas otras, insisto) tiene un fondo bastante más turbio y complejo, bastante más negro.

            —Ya que has hablado del personaje, preséntanoslo. ¿Quién es él, Benegas? ¿A qué dedica el tiempo libre?

            —¡Je, je, je,  eso quisiera saber yo: a qué dedica su tiempo libre, el muy…! No, ya en serio. Os diré que Benegas es el inspector jefe de la Brigada de Homicidios de Córdoba, y debe resolver tres asesinatos que ocurren en mi ciudad en el periodo natural de un año. A saber: el primero es el de un ex-alto cargo de la Junta de Andalucía que aparece ahogado en el Guadalquivir, un aparente suicidio de un hombre fracasado, un empresario de la joyería a quien todo va mal, pero que, en realidad, esconde un oscuro crimen que tiene un trasfondo histórico, pues hunde sus raíces en la postguerra civil española. El segundo es el asesinato de un prestigioso catedrático que mantenía una doble o triple vida, un caso en el que se mezcla la prostitución de lujo, el sexo en Internet, la pederastia y la extorsión de los poderosos hacia los alumnos (y sobre todo hacia las alumnas, y más si están buenas, en fin, ya me entiendes…) que campa a sus anchas en el ámbito universitario. Y el tercero, que es el secuestro y asesinato de un joven escritor con talento pero sin suerte ni éxito —llamado, ¡mira tú que casualidad! Frankie Jurado— que trabaja como “negro literario” para otro escritor sin talento, pero con mucho éxito. Pues cuando Frankie quiere destapar el asunto, alguien lo hace desaparecer para que no abra el pico, claro.

            Ese es el tercer caso, en el que muestro la podredumbre de cómo se construyen falsos prestigios de escritores y poetas, o cómo se compran y venden premios literarios.

            Y me preguntabas también que a ¿qué dedicaba su tiempo libre el inspector? Pues a charlar con sus amigos, o a jugar con su perro, a estar con Blanca, su esposa, con la que mantiene una especie de matrimonio/no matrimonio muy extraño (y productivo para ambos), pues siguen casados pero ya no viven juntos…. O a seguir la liga de fútbol, ¡que le encanta!

            Y es que este personaje es un tipo absolutamente normal. Lo cual, tratándose de novela negra es “absolutamente anormal”. Quiero decir que Benegas no es un perdedor al uso y costumbre del género, un asocial, ni un mujeriego, ni un bebedor compulsivo… No, no. Benegas es una persona como tú o como yo, sólo que su trabajo consiste en desentrañar una serie de casos de asesinato, como policía que es. Y él es un buen profesional, por eso quiere hacer bien su trabajo.

            Y si Benegas es un buen profesional, yo también he intentado serlo. Por eso, he trabajado mucho la novela para que ésta sea lógica y coherente. Que cada acción funcione como el engranaje de un reloj. Benegas no descubre los casos gracias a una corazonada o a una intuición de última hora. No. Yo he pretendido que cada página sea coherente y lógica con la anterior, y con la siguiente, claro está. Que todo discurra deforma natural. De forma y manera que el lector, al terminar de leer cada caso, diga: «esto es así por que tiene que serlo, y además no hay otra manera posible de resolverlo que como lo ha hecho Benegas».

            Al parecer, según los críticos y lectores, lo he conseguido, pues una de las cosas que más destaca la Crítica —junto con el sorprendente final del tercer caso, titulado “¿Quién mató a Frankie Jurado?”— es la absoluta solidez de la estructura y del argumento de cada caso. Eso para mí es fundamental. Estructura, argumento, personajes y diálogos. Sin eso no hay buena novela.

            —Cuéntanos que es eso de “Diario de un novato”.

            —¡Ja, ja, ja! Bueno, eso fue una ocurrencia de Paco Taibo II y Cristina Macía, cuando me invitaron a la Semana Negra de este año, allá por el mes de mayo. Como me invitaron los diez días a cuerpo de rey —o sea, toda la SN, tren negro incluido—, pues me dijeron que, al menos, me lo tenía que currar, ¿no?, así que me hicieron trabajar de lo lindo. Pero ha sido un trabajo delicioso, encantador, superdivertido. El trato era que yo podía zascandilear por Gijón como quisiera, siempre y cuando fuera escribiendo un diario en el que detallara mi experiencia como novato en un evento de estas características. No sólo mi experiencia, sino también mis vivencias, mis impresiones, mis nuevas amistades y contactos…; en fin, que describiera en un tono divertido, e incluso jocoso, qué demonios me parecía a mí toda esta locura que damos en llamar Semana Negra. Repito que me he divertido de lo lindo escribiéndolo. Desde el mes de mayo he escrito un capítulo cada semana, y luego, una vez ya comenzada la SN, la periodicidad fue diaria, lo cual te obliga a exprimir la neurona. Todos los capítulos los podéis leer en Facebook. Os metéis en mi perfil, vais a “Notas” y podéis echarle un vistazo. Sé que ha gustado al personal, porque muchos me paraban por el recinto para comentarme tal o cual cosa o chascarrillo que le había ocurrido al novato. En fin, que ha sido una experiencia que me ha enriquecido mucho. De verdad.

            —O sea, ¿pasaste por la Semana Negra de Gijón?

            —Sí, sí, ya te digo. Estuve invitado por la organización toda la Semana negra como autor novel, como debutante. Enterita. Desde el día 8 de julio, que tuvimos el Encuentro en la Casa de América de Madrid, hasta el día 18. Bueno, yo me tuve que marchar un día antes, debido a problemas en el trabajo, pero básicamente he estado toda la SN en Asturias. De hecho, tras la presentación en la Casa de América, donde todos los autores intervinimos, participé en varias mesas redondas y charlas el sábado 10, y también el lunes, martes y miércoles; en especial en las Tertulias de las cinco de la tarde y Tertulias de la medianoche (me gustó mucho esa experiencia). Además, y ese fue para mí un momento mágico, pude presentar a mi inspector BENEGAS en la Semana negra. Fue el miércoles, día 14 de Julio, fiesta nacional francesa, como todo el mundo sabe.

            —¿Cómo viviste esa experiencia? ¿Para repetir?

            —Rotundamente, sí. Una y mil veces sí. Es para repetir. Mira, para un escritor, y más si eres un autor novel, nuevo, un debutante como yo, es fundamental que te inviten a un sitio como éste. Y poder presentar aquí tu novela, aunque Benegas ya llevase casi un año en el mercado funcionando muy bien. Y conocer a la gente que aquí conoces, ya sean compañeros, editores, agentes, críticos literarios… Es importantísimo, porque para una persona como yo, que vive en Córdoba, trabar contacto con estas personas es muy difícil; me llevaría mucho tiempo, mucho dinero y mucha energía. Lo maravilloso de Gijón es que todos los que nos dedicamos a esto nos reunimos en unos pocos metros cuadrados y trabamos contacto. Y además haces amigos. Es estupendo.

            Y respecto a mis vivencias —más allá de las que plasmé en el Diario del Novato— te diré con la mano en le corazón que, al principio, me vi desbordado. No acababa de cogerle el punto a eso de presentar un libro o dar una charla literaria al lado de una pulpería o una tómbola. Pero comprendí que ese espíritu popular funcionaba aquí. Que esto es una feria con libros, una locura con letras. Quizás en otro lugar esa extraña mezcla no acabe de cuajar, de funcionar. Pero en Gijón, sí. Esa es la magia. Así que me zambullí a fondo en el ambiente, tanto desde la perspectiva literaria como desde la personal (participé en el karaoke, o en la obra de teatro “Don Mendo”, que interpretamos, ¡es un decir!, los autores por la noche en el Hotel Don Manuel), y resulta que, al final, me lo he pasado en grande. Pero en grande con mayúsculas.

            A ello debemos unirme una experiencia única, no sólo para mí, sino para todos los españoles, y es que, ha sido aquí, en Gijón y durante la SN, cuando he visto ganar a España un Mundial. Imagino que habréis visto mi foto celebrándolo, vestido con la camiseta roja, pues el diario “Le Monde” hizo un reportaje titulado “Le rouge y le noir”, mezclando el color rojo del deporte y el negro de la cultura (ámbitos perfectamente compatibles, por supuesto), y esa fue la foto que lo ilustraba.

O sea, que quizás no me haga famoso como escritor, ¡pero como forofo de la Selección seguro que sí, ja, ja!

            —Defínenos con una frase este “festival”, que diría Paco Ignacio Taibo II.   

            —La mejor frase es también de Paco Taibo, cuando definió la Semana Negra como un “campamento de verano para escritores”. Yo estoy de acuerdo con la misma, pero intentaré aportar la mía. Para mí, tras vivir toda una Semana Negra a tope, ésta del 2010 que ya hace la número XXIII, os diré que la SN es: “una experiencia inolvidable en lo personal, y algo básico y fundamental en lo profesional”.

            —Hablamos ahora de la persona. ¿Por qué escribe Francisco José Jurado? ¿Acaso espera algo a cambio…?

            —Buena pregunta, aunque sean dos. Escribo porque quizás sea lo único que sé hacer. No lo que mejor sé hacer, ¡ojo!, sino quizás lo único. Siempre lo he sabido, incluso cuando ni siquiera me planteaba escribir más o menos en serio. Tras varias experiencias profesionales (digamos que no muy satisfactorias), comencé a escribir relatos. Empecé a participar en premios y concursos de pueblos, villas y bonitas localidades de toda España, con la gran suerte de que me los premiaban. Eso m permitió vivir de la Literatura, aunque hablemos del circuito de la «segunda división B» de las Letras, pero es algo de lo que estoy muy orgulloso, de haberme curtido en pequeños premios de provincias y casas de Cultura. Del relato pasé a la novela corta (de hecho, Benegas es una sucesión de novelas cortas o nouvelles, que dirían los pedantes franceses) y ya vi que esto podía ir enserio cuando envié la colección de historias de Benegas a la editorial Almuzara y me contestaron que estaban interesados.

            Lo que ha ocurrido después, a lo largo de 2009 y este 2010, es algo que ya escapa al control del escritor, porque el éxito de ventas y crítica es algo con lo que tú o puedes contar. Ni esperar, y así contesto a tu segunda pregunta.

            Cuando escribí «Benegas» y lo envié a la editorial, sólo esperaba que pudiese llegar a los lectores, que les gustase y que, gracias a eso, no me costara tanto trabajo, esfuerzo y angustia poder publicar una segunda novela (en el hipotético caso de que la hubiese en el futuro); o sea, abrirme un pequeño hueco. Porque si esperas el mega-éxito y ser un best-seller con tu primer libro, entonces vas listo, chaval. Las cosas no funcionan así, salvo que seas un presentador del Telediario o tu novio sea Iker Casillas. Pero nosotros estamos hablando de Literatura, no de fabricar un librito superventas y super-prescindible, ¿no?

            Lo que ha ocurrido con Benegas es que todo me ha superado. ¡Ha sido increíble! Yo me conformaba con un diez o un veinte por ciento de todo lo maravilloso que me ha ocurrido desde que lo publicamos: la repercusión y el cariño con que lo habéis acogido los lectores y los aficionados al género negro; y quiero mencionar aquí a Paco Camarasa, el librero negro-criminal, que se ha volcado con mi novela; o haber sido invitado en febrero a BC-Negra (Barcelona Negra), junto a los más consagrados escritores del género de Europa; estar en la Semana Negra de Gijón; o ser finalista en esos premios tan prestigiosos, lo cual hizo que se interesasen por mí las agencias literarias y que, finalmente, haya firmado un contrato de representación con Sandra Bruna…; ¡en fin, todo esto es un 200 % de lo que yo esperaba!

            Por ello, os reconozco que no puedo esperar nada más de mi primera novela. En todo caso, siendo sincero y honesto, devolverle yo al personaje, al inspector Benegas, lo mucho que él me ha dado a mí.

—¿Cómo ves el mercado editorial?

            —Parado. Bueno, para ser correctos, te diría que lo veo al ralentí. No se ha paralizado, pero es obvio que, con la actual crisis, las editoriales no se atreven a lanzar tantos títulos como en los años precedentes. Y obviamente, eso conllevará que, a corto y quizás medio plazo, limiten sus apuestas por los nuevos escritores, pues intentarán ir a tiro seguro y publicar a autores que ya estén consagrados – o mejor situados – y que puedan asegurarles la venta de un determinado número de ejemplares. Al fin y al cabo, esto también es una industria, un negocio, y entiendo que aquellas personas que se juegan su dinero y su prestigio profesional, quieran obtener un beneficio y un rédito empresarial.

            Pero aunque el mercado se ralentice, estoy seguro de que bastantes editoriales seguirán publicando a autores noveles que ellos consideren interesantes. Y esas serán sus apuestas comerciales, pues en el mercado —afortunadamente— hay sitio para todos, y para todas las ofertas. Y es ahí, en ese segmento del mercado, donde muchos autores noveles tendrán su oportunidad. Y recordad que esa es nuestra misión: llegar al mercado. Nacer editorialmente, si me permitís la metáfora. Y luego, lo que tenga que venir o dejar de venir, repito, ya no depende tanto de nosotros. Nosotros tenemos que contar historias, y contarlas bien. Y conseguir que vean la luz. Esa es nuestra misión. No lo olvidéis.

            —O sea, que hay hueco para “los invisibles”.

 

            —Sinceramente, así lo creo. Pero, fíjate bien, es que aunque no hubiese hueco, y sólo hubiese un huequecito, un huequecito muy pequeño, habría que seguir luchando, peleando cada metro por conseguir que nos publicaran. Porque, al final, si una obra merece la pena y luchamos por ella, nos dará satisfacciones.

            —Danos tu impresión sobre los premios literarios. ¿Consideras que la participación en los mismos es una forma de salir a la luz autores que hasta ese entonces eran desconocidos? 

            —Bueno, vamos a ver, esto es una cuestión muy genérica y compleja, así que ¡vayamos por partes!, como hubiera dicho el tío Jack.

            Mi impresión sobre determinados premios literarios será muy distinta según la clase de premio de que estemos hablando.

            Y así, existen una clase de premios —normalmente sin dotación económica— que otorgan las Asociaciones de Críticos, de lectores, o distintos organismos públicos o privados, y que suelen convocarse para destacar los libros editados en esa temporada. En ese sentido, para mí ha sido un honor verme en alguna de esas candidaturas y haber sido finalista en dos de ellos. Obviamente, este tipo de premios es siempre para obra ya previamente publicada, así que la pregunta no se refiere a los mismos.

            Y luego están los premios con dotación económica, la pela, el vil metal. Y aquí también me gustaría ir por partes, ¡vaya con el Destripador, me va a dar la tarde!

            Y así, por ejemplo, todos sabemos que hay premios con una altísima dotación económica y un aparato mediático y editorial detrás apabullante, fabuloso, con el cual no puedes competir. Son esos premios que suelen ganar autores muy consagrados con una obrita menor, muy menor, o…,¡sí, sí, mira tú que casualidad: el presentador famosillo del Telediario o la novieta de Iker Casillas! Poco más que decir desde un punto de vista literario. Pura mercadotecnia. Consumo puro y duro. Pero, ¡ojo!, a mí no me parece mal del todo que existan este tipo de premios si, gracias al rendimiento económico que generan en las editoriales, eso hace posible que las susodichas apuesten por otros autores desconocidos o menos “vendibles”. Me consta que algunas lo hacen. Ojalá fuera así siempre. Además, y digo esto con todas las prevenciones posibles, si un autor novel participa en este tipo de premio —que nunca vamos a ganar, bien, ya lo sabemos—, pero gracias a esa participación consigue, al menos, que lean su original en esa editorial super poderosa, pues entonces…, tendremos que admitir que participar en este tipo de certámenes quizás sí nos ofrezca una pequeña oportunidad de que publiquen a un desconocido, aunque sea entrando por la puerta de atrás de esos premios.

            Luego están esos otros premios y concursos patrocinados y organizados por editoriales no tan poderosas junto a algunas Instituciones, Casinos, Ateneos…, los cuales suelen tener una dotación monetaria más que aceptable —hablamos de treinta, cuarenta o cincuenta mil euros— y, además, publicación. Pues bien, creo que ese es un camino estupendo y que todo escritor novel debe recorrer. Por lo menos, intentarlo. Quizás ese tipo de premios también empiecen a estar copados por las agencias literarias y por escritores que ya llevan una sólida trayectoria, quizás, no digo que no, no nos engañemos; pero, pero, pero… al mismo tiempo, ese tipo de certámenes también otorgan un premio al finalista, cual es la publicación en la editorial convocante. Y ahí suelen apostar por nuevas voces emergentes. Y eso es lo que vamos buscando nosotros. Ese es el objetivo, así que imagínate si será importante participar.

            Y luego están esos premios pequeños, sin repercusión mediática ni trascendencia más allá de tu propia familia o ciudad, esos concursos a los que antes me refería, organizados por concejalías de cultura, Asociaciones extrañas o Ayuntamientos lejanísimos. También creo que es importante participar; foguearse. Quizás no sirvan para que nos publiquen en una editorial de prestigio, de acuerdo; pero sirven para hacernos creer en nuestra obra. Premios y concursos que a mí, personalmente, me permitieron conocer la dureza y también la belleza de la Literatura de primera mano; en el sentido de que he tenido que ir a aldeas y localidades que ni siquiera sabría situar en el mapa, y allí recoger un premio de…, qué te voy a decir yo…, 300 euros. Pues bien, eso es también el duro camino de la Literatura. Porque, tal vez para ti, como autor, ese premio no signifique nada, pero para los organizadores es el evento cultural del año. Así que tienes que ir, dar la charla o conferencia y agradecerles el apoyo que nos brindan a los que estamos empezando. Porque esa es otra: cada premio, por pequeñito e intrascendente que sea, supone una inyección de autoestima enorme. Primero porque te lo acaban de dar a ti, y porque demuestra que, al fin y al cabo, si algo que tú has escrito en la soledad de tu habitación, le gusta a un grupo de personas que están a novecientos kilómetros de donde vives, pues entonces es que quizás hayas escogido el camino acertado. Y cuando uno ha acertado en el camino, amigos, no queda otro que recorrerlo con la mejor dignidad que podamos.

—Cambiemos de tercio. ¿Tu próximo libro?   

            —Sí, cambiemos de tercio, que nos estábamos poniendo muy melodramáticos, ja, ja. Pues mi próxima novela la acabo de terminar. No es una novela negra, ni tiene al inspector Benegas como protagonista. Es una novela histórica, de intriga y espionaje, que transcurre durante ocho horas exactas del día 30 de octubre de 1938. Batalla del Ebro. Ese día, las tropas nacionales desatan el más furibundo ataque contra la República; demoledor, terrible. Miles de muertos. Esperan acabar con la tenaz resistencia republicana, echarla al otro lado del río, llegar a Barcelona rápidamente y liquidar a la II República. Fin de la guerra. Las cosas le van bien a los nacionales, pues casi rompen el frente. Pero, de repente, sin explicación ninguna, el que iba a ser el ataque definitivo (¡y que estaba siéndolo, ojo!), se paraliza. Durante ocho horas, todo el frente se paraliza, el bando franquista y el republicano; los dos. Es como si el tiempo se hubiese congelado. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió? He buscado en cientos de Archivos militares y privados y nada se dice al respecto; sólo que las condiciones climáticas hicieron imposible el combate. He consultado mapas y fichas meteorológicas y he llegado a la conclusión de que, aunque es verdad que ese día llovió mucho, también lo hizo en días precedentes, y en lo sucesivos, y esos días hubo combates durísimos con miles de muertos. ¿Qué pudo ocurrir, pues?

            La respuesta está a miles de kilómetros. En Nueva York. Y es que, justo ese día, el 30 de octubre de 1938, mientras los españoles nos matábamos a tiros en el Ebro, Orson Welles y su equipo de actores retransmitieron la obra «La Guerra de los Mundos» de H. G. Wells, creando el miedo y el pánico en todos los Estados Unidos, pues todos creyeron que los marcianos estaban invadiendo la Tierra. E iniciando así la era global de la comunicación,  ese fenómeno mediático que finalmente ha cristalizado en Internet.

            Pues bien, la novela comienza cuando las estaciones de radioescucha del ejército Republicano, por un lado, y las del ejército Nacional, por el otro, captan esa retransmisión radiofónica y, metidos en un agujero como están, incomunicados, resulta que empiezan a sospechar que quizás sea cierta la invasión. Entonces paran los combates, claro. Y empiezan a hablar ambos Estados Mayores para ver qué pueden hacer en el caso de que la invasión marciana sea cierta y pretendan atacar a España como ya han hecho con toda Norteamérica.

            Esas conversaciones duran ocho horas. Y esas ocho horas son la novela. Cuento todo lo que ocurrió durante esas horas cruciales, claves para el desarrollo de la guerra civil y para el desarrollo de la futura e inmediata II Guerra Mundial.

            —Hablando de libros… El verano es un tiempo especial para la lectura. Recomiéndanos un libro.

            —Pues como éste del que os he hablado aún no ha visto la luz, y tampoco quedaría muy fino auto-recomendarse, permitidme que, al menos, juegue para casa. Y como al principio de la entrevista estuvimos comentando diversos aspectos de la Semana Negra, qué mejor recomendación que la novela que obtuvo el Premio Dashiell Hammett, a la mejor obra del género negro en 2009: “Ciudad Santa”, de Guillermo Orsi, compañero de editorial y de colección, pues ha sido Almuzara, en su colección Tapa negra, la editorial que lo ha publicado. Una novela soberbia, sobrecogedora, y que sitúa a Orsi donde siempre debió estar, entre los mejores del género.

             —Siempre se dice que existen ciertos libros y ciertos autores que inexcusablemente hay que leer, ahora… recomiéndanos a un autor.

            —Bueno, acabo de hacerlo, je, je. Pero, ya que me lo pides, y siempre dentro del género negro, no voy a recomendar a uno sólo, sino a tres, y así completamos un buen póker de ases.

            Puesto que el premio gordo de la Semana Negra lleva su nombre, el primero de ellos, no podría ser de otra manera, es Dashiell Hammett. Si leéis “Cosecha Roja” ya tendréis mucho ganado para saber cuáles son los fundamentos del género negro moderno.

            El segundo es la otra gran figura que ha hecho grande a este tipo de Literatura: Raymond Chandler. Philip Marlowe, “El sueño eterno”, “El largo adiós”…, para qué seguir. Otro maestro.

            Y el tercero quizás no sea tan conocido, pero seguro que os sorprenderá: Jim Thompson. Su mejor novela, “1280 almas”, es, simplemente, una obra maestra.

            —¿Qué debe hacer la sociedad para dar más protagonismo al libro y a la lectura?     

            —Imagino que darse la vuelta como un calcetín, cambiar totalmente. Dejar a un lado tanta vulgaridad, tanta chabacanería, ese absurdo culto a lo cutre, a lo ignorante, a lo casposo, que se nos ha impuesto como un icono de nuestro tiempo.

            Pero, del mismo modo que España no ha llegado a ese lamentable estado de escoria intelectual por casualidad (¡ay, amigos, nada es casualidad en el mundo de la política!), sino que dicha indigencia mental ha sido planeada y buscada por los poderes públicos desde hace por lo menos 20 años —destrozando nuestro no tan malo sistema educativo, por ejemplo—,  hemos llegado a un punto en el que, creo yo, la sociedad en general ya no puede hacer nada por sí misma (me refiero al colectivo, no a las élites, claro), tal es su decrepitud. Así que deberían ser esos poderes públicos que han destrozado a un par de generaciones enteras quienes tendrían que realizar esa labor de concienciación cultural (¡qué risa María Luisa!).

            No soy nada optimista. Al poder político no le interesa una población bien formada, leída y culta, y, por tanto, pensante, con criterios personales y políticos. ¡Eso sería el fin de muchos de ellos; quizás incluso de este sistema extraño que nos hemos dado! Prefieren una masa informe de animales que únicamente consuman, beban, coman, compren…; que no piensen, sino que procesen una mala información —censurada y sectaria— con las vísceras (ya sea el hígado del botellón o con los programitas del maldito corazón).

Sólo así se explica la actual situación de nuestro país, claro. ¡Qué asco me da todo! Los políticos por haberlo hecho. Y nosotros, la sociedad, por haberlo consentido.

            —Por último, dinos tres consejos que consideras más importantes para aquellas personas que se quieran iniciar, o se hayan iniciado recientemente, en el oficio de escribir.   

            —No sé si le servirán a alguien, pero yo les diría…:

            1) Dedícale tiempo a cada obra que escribas, todo el tiempo que ésta necesite. Y más, si hiciera falta. Una obra, sea un cuento, una novela…, lo que sea, siempre es producto de una buena idea —esto es, un chispazo, apenas unos segundos— y de muchas horas de trabajo. Horas-nalga, lo llama Paco Taibo II. Es decir, que una obra literaria es una obra de arte, sí, de acuerdo, pero también de artesanía. Y eso representa muchas horas de trabajo, de aburrida filigrana hasta que el producto quede como nosotros queríamos. Pues bien, hay que estar dispuesto a ser un artesano. Normalmente, una novela de 300 páginas (o un cuento redondo) no sale por arte de birlibirloque. El que no esté dispuesto a asumirlo, que se dedique a corredor de bolsa. Obtendrá más beneficios, y mucho más rápidos.

            2) Una vez concluida la obra, selecciona muy bien aquellas editoriales o premios a los cuales la vas a enviar. No todas las obras tienen acomodo en todas las editoriales. Y no a todo el mundo le va a gustar aquello que hemos escrito. Eso también hay que asumirlo. Y no por ello la obra será peor. Ni mejor. Simplemente, a esas personas no les ha gustado. Punto. Seguro que a otras sí les gusta. Cada obra debe encontrar a su editor. Por eso, hay que perseverar. Aunque la cosa esté un poco más complicada por la maldita crisis. Y si se acumulan las negativas, pues podemos aprovechar este impass, esta ralentización editorial, para trabajar más y mejor esa obra que tenemos en el cajón. Todo menos venirse abajo.

            3) Dicho lo cual, el tercero no es tanto un consejo como un deseo: ojalá todos los escritores noveles, o aquellos que aún no habéis tenido la suerte de publicar, consigáis vuestro objetivo. Os lo deseo de todo corazón. La recompensa es demasiado bonita. Estoy seguro que cuando la disfrutéis, os acordaréis de estas palabras.

            Mientras tanto, que tengáis muy buena suerte. Muy, pero que muy buena suerte en este camino —duro, muy duro, pero maravilloso— que habéis escogido y en el que ya estáis dando vuestros primeros pasos.

            Espero que algún día nos encontremos caminando por ese sendero.   Un abrazo hasta ese entonces.

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