¿Tengo talento?, por Eduardo Martínez Rico.

Estoy leyendo una biografía de Virginia Woolf y allí se habla de la tremenda inseguridad, patológica, que sentía Virginia hacia sí misma, en general, y hacia su talento en particular. Seguramente sin su padre, su marido Leonard y algunos otros próximos, Virginia no hubiera desarrollado el talento -para ellos genio- que sin duda tenía y del que tanto dudaba.

He reflexionado y creo que todos los escritores, en mayor o menor medida, dudamos de nuestro talento. Puede ser un sentimiento pasajero o más estable y duradero. Si hago memoria de los escritores que he conocido, y algunos importantes, pienso que tenían inseguridad hacia sí mismos y hacia su talento, más o menos, ya digo, lo que desencadenaba algunas veces grandes conflictos.

Virginia Woolf tenía una enfermedad mental, el trastorno bipolar, que probablemente era la causante de esa inseguridad. Pero es posible que solo la acentuara, porque esta desconfianza respecto al propio talento la puede tener cualquier escritor, incluso el más grande.

Y el más ególatra. Uno puede ser un escritor lleno de sí mismo, convencido de su genialidad, y al mismo tiempo sentir inseguridad. El problema es cuando los escritores delegamos en los demás el poder de decidir si somos escritores de talento o no. Quien hace esto se arriesga a dejar de escribir, porque las apreciaciones de los demás son irregulares y responden a muchos condicionamientos. Los demás son seres humanos, como nosotros, y por lo tanto imperfectos e inseguros.

Por eso es tan importante la voluntad y el afán de continuar. A veces pienso que nadie sabe de literatura: ni los editores, ni los escritores, ni los profesores, ni los críticos&hellip y a menudo me han dado pruebas de ello. Yo mismo me pregunto qué es saber de literatura. Me conformo con escribir, lo mejor que puedo y como puedo, es decir, como quiero. Pienso que los escritores sienten a menudo inseguridad de su talento porque saben que, en el fondo, todo es enormemente relativo y movedizo. Sabemos que escritores ignorados en vida, fueron muy valorados. Sabemos que vender mucho no es garantía de nada, porque todos sabemos que muchos libros que venden mucho son muy malos, y en cambio libros que venden muy poco pueden ser obras maestras.

Sabemos que el favor del público, de las editoriales, de los medios de comunicación, etcétera, puede ser volátil, y conocemos casos de grandes escritores, muy famosos en vida, que fueron olvidados después de muertos. Sabemos también que hay escritores muy poco conocidos que son grandes escritores, con lo que la fama o la popularidad no significan nada. Para juzgar literatura, el gusto es muy importante; y el saber de literatura te lo da el tiempo, las muchas lecturas y la práctica escribiendo. Me gustaría recordar algo: para la Real Academia Española ‘talento’ significa, en la acepción que mejor encaja aquí, ‘aptitud’. Simplemente.

Fuente: nortecastilla.es
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