El muro de Cisjordania, una serpiente de ‘graffiti’

‘Artistas sin barreras’, una organización compuesta por israelíes y palestinos, protestan a través del arte y la no-violencia contra la construcción del muro que se ha transformado en un destino obligado de los turistas

El muro que separa a Israel de Cisjordania se ha convertido en una serpiente gris que se contornea por colinas y montañas con decenas de graffiti que activistas y visitantes han dejado sobre su piel de cemento. “Libertad para Palestina”, “Detengan el muro racista” y “Nuestra imaginación es su destrucción” figuran entre los mensajes escritos en el muro con aerosoles, brochas o pinceles. Y las técnicas son tan variadas como los idiomas en que están escritos los mensajes: inglés, árabe, italiano, francés, castellano o vasco.

El muro comenzó a construirse en 2002 durante el gobierno del entonces primer ministro israelí, Ariel Sharón, para evitar la infiltración de terroristas suicidas palestinos en Israel, en una iniciativa que suscitó las críticas de la comunidad internacional por considerarla un símbolo de la segregación. El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya lo declaró ilegal en 2004, ya que la barrera corta tierras palestinas y ha aislado a alrededor de 450.000 personas.

‘Impresionante y triste’

La censura generalizada fuera de Israel no ha impedido, sin embargo, la curiosidad popular por la construcción, una combinación de vallas electrónicas, bloques de hormigón de hasta nueve metros de altura y torres de vigilancia. “Este sitio es visitado por muchos turistas que quieren conocerlo, leer los mensajes o escribir sobre él”, dice Najer, un taxista de Belén que espera a una pareja de jóvenes checos que tocan el cemento y se fotografían con el muro de fondo, como durante décadas los visitantes hicieron en el Muro de Berlín. “Vinimos a tocarlo con nuestras manos y me parece impresionante y triste que exista. No pensé que hubiera tantos mensajes y espero volver a por un pedazo cuando caiga”, dice Anika, la turista checa que se inmortalizó junto a su compañero ante el muro, ahora escala obligada de cualquier viaje por Israel y los territorios palestinos.

El gobierno israelí ha asegurado que el muro, considerado el proyecto más costoso y controvertido en la historia del país, es una solución temporal para frenar la violencia. Alegan, además, que desde que se levantó ha reducido drásticamente el número de ataques suicidas. Los defensores de derechos humanos, sin embargo, mantienen que el muro llegará a ser la línea divisoria de Israel con un estado independiente palestino, y critican que en su construcción no se tuvieran en cuenta las fronteras marcadas por la ONU y la apropiación de territorios por Israel.

“A través de este muro se están expandiendo los asentamientos israelíes. Hace unos días, Israel levantó dos torretas nuevas de control en medio de una aldea palestina”, dice Salah Tamir, alcalde de la ciudad de Belén, por la que pasa la barrera. Con un tono de tristeza en la voz, Tamir dice que el muro está convirtiendo a Belén en una “gran prisión” al impedir la libre movilidad de sus habitantes.

Bolsas de basura y zapatos rotos

Si las paredes de esta estructura de cemento hablaran, probablemente contarían las historias de los cientos de activistas que han sostenido pancartas o gritado contra él. También podrían contar los relatos ocultos de todos aquellos que se han acercado al muro para arrojar bolsas de basura o zapatos rotos, o para incendiar camisas y muñecas de plástico que reposan carbonizadas sobre las piedras que lo rodean. Porque en los alrededores del muro, cerca de la tumba de Raquel (esposa de Jacob en la Biblia) y de la mezquita de Bilal en Belén, se ven montañas de basura que se ha acumulado a su alrededor y le han dado un toque de inmundicia al paisaje.

Lo cierto es que, por una razón u otra, el muro a nadie deja indiferente. Un grupo de israelíes y palestinos crearon una organización llamada Artistas sin barreras para erradicar las fronteras de separación entre ambos pueblos y protestar a través del arte y la no-violencia por la construcción del muro. Artistas de varios países, además, se han reunido alrededor de él para exhibir pinturas, proyectar películas, ofrecer conciertos, colgar fotografías o crear vídeos, como Tres ciudades (Tel Aviv, Ramala y Nueva York) contra el muro. “Éste es el resultado de los extremistas palestinos e israelíes, y seguirá existiendo mientras ellos existan”, concluye Musa, un taxista palestino que estaciona todos los días su vehículo amarillo apenas a un palmo de la, tristemente célebre, construcción.

Fuente: ELPAIS.com

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