Comenzó la Semana Negra en Gijón (del 7 al 16 de Julio)

El día 7, viernes, con una puntualidad británica, a las cinco en punto de la tarde, hora taurina por antonomasia, un cóctel extraño y curioso de personajes, personajillos, algún intelectual que otro, diferentes politicos, muchos periodistas y varios espectadores se dieron cita a los acordes de la famosa banda musical begin to begin para dar la bienvenida a un convoy que de negro tenía poco.Ya no quedaba nada de otras épocas. Lo único, la reminiscencia atesorada en las retinas de algunos. El recuerdo de algunos, la nostalgia de muchos. Todo lo demás se había transformado. Su espíritu se había convertido en algo puramente mercantilista y chavacano, bien alejado del aroma literario. Pero, en el fondo daba igual, porque hoy por hoy lo que predomina es el pesebre.

Pasaron los minutos, y después de que cada mochuelo se refugiara en su olivo, de nuevo un sugestivo combinado de personajes, personajillos, algún intelectual que otro, diferentes politicos, muchos periodistas volvían a reunirse y a la largar lo legal y lo ilegal. En esta ocasión, amenizados por varios ejemplares del orden de los proboscidios y de los artiodáctilos rumiantes. Todo un espectáculo, sí señor, ver cómo un ejemplar de los primeros se incomodaba al percibir un abuso de sus dominios.

Machete en mano, troncharon la venda para pasear entre aquel inmenso tropel de sombreros negros ribeteados en blanco, tops mantas, olor a criollo y algún que otro libro.

En resumen, un buen ejemplo de algo que apenas tiene ver con un evento literario.

El día 8, sábado, en la segunda de feria, el tiempo acompañaba. El público no se quedaba atrás. Y las diferentes variantes de personajes y personajillos lo sabían. Por eso se dejaron ver. No existían grandes motivos para ellos, pero era lo que menos importaba. Lo fundamental era la fotografía. La agenda, daba igual. Un éxito rotundo.

Riadas de gente, nuevamente, con olor a cordero a la estaca y a criollo inundaban el coso del Piles. Como el día acompañaba, todo el mundo se dio cita. Muchos no sabían muy bien aún para qué, pero allí estaban, aunque sí era evidente que lo que menos apetecía era una velada literaria. Y quedó bien demostrado.

En resumen, dos jornadas de mercado rural.

Esperaremos al resto de la feria, aunque la premonición me dice que, aunque no se vuelvan a contemplar en cercania tan próxima a los descendientes directos de los proboscidios, no habrá grandes novedades que merezcan una edición especial.

Pero todo es posible. Sin duda.

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4 comentarios en “Comenzó la Semana Negra en Gijón (del 7 al 16 de Julio)

  1. Hola, Me gusta el blog, y toda la web en general. Seré asiduo seguro. Tan sólo quiero dejaros esta nota para felicitaros por los libros, los comentarios y por todas las letras. Un saludo desde Xixón.

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  2. Miércoles día 12, sexto día.

    Hoy, a las cinco de la tarde, continuaba la tertulia ¿Tiene sentido ser narrador en este siglo XXI?, tema que había sido iniciado ayer.
    Los ponentes eran Javier Días Huder, Juan Bolea, Juan Carlos Martín Leroy, Eugenio Aguirre, Alfonso Mateo-Sagasta, Bef, Fritz Glockner, Francisco González Ledesma, Juan Hernández Luna, Alfredo Antonio Fernández, Bruno Arpaia, Fernando Bonassi, Eduardo Monteverde, José Mª Fajardo y José Luis Ovejero.
    La charla estuvo entretenida y la hora de duración se hizo corta. Cada autor fue dando su punto de vista:
    José Luis Ovejero dijo que el problema más acuciante es la invasión del mercado por oligopolios, concentración de la oferta editorial en un reducido número de empresas que poseen editoriales, librerías y medios de comunicación, lo cual lleva a mediatizar lo que se vende según los parámetros de dichas ofertas, quedando fuera lo que no es de su gusto o elección.
    Eugenio Aguirre opinaba que la literatura es un trabajo reflexivo, sensual, que tiene que buscar la calidad, el enriquecimiento, y no basarse sólo en la acción y el ritmo ahora demandados por las editoriales.
    Eduardo Monteverde consideraba que el autor no tiene que dejar de escribir para un público culto, especializado, al que hay que tener en cuenta, pues sus textos pueden ser utilizados en las universidades, cursos de escritura creativa, conferencias, etc.
    Francisco González Ledesma, autor que comenzó a escribir a los cincuenta y cinco años, comentó la dificultad de llegar al mercado cuando se es novel y, además, se añade el factor de una edad más avanzada. Las editoriales en estos casos son aún más reticentes que con los jóvenes.
    José María Fajardo veía la necesidad de buscar canales alternativos además del clásico autor-lector, que cada vez es más difícil debido a la gran oferta de autores y el poco espacio que éstos tienen dentro del mercado. Uno de esos canales sería Internet, una forma de llegar a más público interesado en un género, o una forma de literatura distinta, refiriéndose a la que no se encuentra en el punto de mira de los oligopolios anteriormente citados.
    Así fueron pasando los minutos hasta llegar a su término, dejando abiertas las puertas a la tertulia de mañana, donde se añadirá otro tema: la Guerra Civil Española.
    A continuación, se pudo disfrutar de la presentación del último libro de Craig Russell, Muerte en Hamburgo. El autor estuvo comentando su libro, la temática y el por qué de localizar sus tramas en la ciudad de Hamburgo, a la vez que nos deleitaba con sus conocimientos sobre las investigaciones policiales y el crimen.
    Después pudimos asistir a la presentación del último libro del autor Fernando Martínez Laínez, El rey del Maestrazgo. Mateo-Sagasta fue el encargado de matizar diferentes aspectos de la novela, siempre acompañado por el autor, el cual nos explicaba como había tratado ciertos aspectos de la historia en su libro.
    Pero para los que sintieran más ansiedad literaria aún había muchas cosas más, como la presentación de los libros de Juan Carlos Somoza y Juan Bas, una charla con Richard Morgan sobre cómic o una mesa redonda llamada Recuperando a Da Vinci, una perspectiva escéptica, con Luis Alfonso Gámez y Fernando Frías.
    Como podéis observar, el ritmo es constante, la variedad asegurada; tan sólo se necesita tiempo e interés por asistir.
    Y mañana, más.

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  3. Pasearse por el coso del Piles para perder el tiempo, salir con olor a chorizo frito, correr el riesgo de que uno salga sin la cartera y observar que no hay apenas ninguna actividad que realmente resalte el verdadero espíritu que debería tener la feria es, sin dudá, una soberana pérdida de tiempo.

    Por eso dosifico mi presencia en ese antiguo circo romano, reservando energías para mañana que, sí puedo asegurar que un gran maestro de estas artes martinianas, vestido de obsidiana y oro, debutará y, a la vista del panorama, seguro que abrirá la puerta grande. Eso se llama hacer las cosas bien. Lo demás… comer en el pesebre.

    Hoy debutaba otro maestro, novato en estos ruedos, aunque no en los de los premios más o menos limpios. Nos saludamos cortesmente, y desde su ego más profundo pero también más evidente, demostró, en definitiva, cuál era su objetivo en una tarde de nubes, aire, y pepsi a raudales. ¡Qué tristeza!

    El público, que de tonto tiene lo que un servidor de Cardenal de Iglesia, empieza a pasar del tema. Pocos eran los que realmente estaban interesados en lo que allí se cocía. Menos, los que se paraban en los diferentes tendidos. Sin embargo, muchos, los que salían con olor a fritanga y, conforme la luna imponía su hegemonía, muchos también los que intentarían trapichear con cuánto estuviera a su alcance.

    De nuevo, una estampa triste.

    A ver si mañana, el maestro de obsidiana y oro limpia la imagén y el sabor de boca de cuántos asistamos. Espero. No dudo que será así.

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  4. Día 9, domingo, el ambiente rezumaba diferente. El calor apretaba y se esperaba que el cartel de lleno no se hiciera esperar, hoy al final de un week end sanferminero.

    Como otros muchos ciudadanos de a pie, que no intelectuales, esta mañana miré el cartel de la tarde. Intrascendente. Estático. Patético, más bien. Pero no podia perderme el evento.

    Sin embargo, el olor a mar que procedía de no sé qué escalera era más sugerente que el olor a criollo, top manta y, quién sabe, si hasta pastilleo y fritangas aderezadas con un sirope seudo cultural intelectualoide.

    La elección no era dudosa. Menos aún la compañía.

    Por eso cambié los planes.

    Me olvidé de ese contubernio. He preferido pasar una agradable tarde de olaya, en no menos agradable y sugestiva compañía. Uno no es tonto y sabe diferenciar una sugerente belleza que me aporta una dulce compañía antes que una tarde entre intelectuales con olor a sidrina y pote.

    O dicho de otra manera, donde haya una estrupenda compañía femenina que se quiten los intelectuales, aunque les pese el apellido. En el fondo, no les sirve para nada. Digo.

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