
Momento captado del acto de clausura del I Congreso de Escritores Noveles

Entrega del I Premio Luís Adaro de Relato Corto al ganador, Carlos Frübeck Moreno.
Como anticipo al resumen prometido desde la organización del congreso, y que será puesto en breve, os ponemos un resumen enviado por una asistente y socia a quien damos las gracias desde aquí por su participación y ayuda, así como por el bonito detalle de escribir este artículo y enviarlo a la asociación.
Incluímos alguna foto de las que se realizaron y pedimos disculpas por el retraso; aún seguimos trabajando en la clasificación de datos y en la recepción de fotografías realizadas por varias personas durante dicho congreso.
Resumen realizado por Feli Rebaque de Lázaro, socia y asistente al congreso.
Siempre que entro en Oviedo por la plaza de Castilla me encuentro el semáforo que accede a dicha plaza cerrado. Este hecho me estresa porque me siento minúscula y agobiada entre las hileras de coches que esperan impacientes, con el pie en el acelerador, a que el semáforo se abra para irrumpir en la ciudad.
Pero el jueves pasado por ser festivo a las doce de la mañana apenas había tráfico, y el semáforo lucía en verde, permitiéndome el acceso sin esperas, ni paradas, como si se estuviera aguardando mi llegada.
Oviedo me recibió amable. Lucía el sol; la mañana era cálida y luminosa, con una agradable temperatura, inusual para el mes de diciembre.
Dejé el coche en la Plaza de la Gesta, y tomé un taxi hasta el hotel en pleno corazón de Oviedo.
Después de acomodarme en la habitación, salí a la calle. Estaba deseando recorrer el casco antiguo de la ciudad una vez más, y pasear por sus calles estrechas y empedradas. Tenía tiempo más que suficiente, hasta la hora de mi “cita”. Por eso caminé despacio volviendo a sumergirme en el gusto y el aroma de la vieja Vetusta clariniana. Llegué hasta la Plaza de la Catedral. Desde sus plantas y en mi caso, sin ayuda de catalejo alguno, contemplé su maravillosa torre gótica que lucía imponente y majestuosa y, tras saludar a la figura de La Regenta, me encaminé hacía “El Yantar de Campomanes”.
Fue un gran acierto del comité organizador que el primer encuentro de los congresistas fuera a la hora de comer. A la entrada del restaurante nos esperaban Covi Sánchez y José Á. Jarne. Para mí, ese día eran la presidenta y el secretario de la asociación. Hoy son dos entrañables amigos.
Nada mejor que hacer los primeros contactos degustando un buen plato de fabes, una exquisita merluza, y brindando con sidrina por el encuentro y por el éxito del congreso. Tanto es así que cuando salimos del restaurante, mientras iniciábamos un paseo turístico por la ciudad, ya se hablaba animadamente y el entusiasmo entre todos era palpable.
Entusiasmo que fue en aumento mientras recorríamos las emblemáticas plazas de Oviedo, como la de Porlier con la escultura “El regreso”, en homenaje a los indianos; la de la Constitución con su regio ayuntamiento; La Plaza del Paraguas, la de La Catedral, la de la Fontán, la de Trascorrales y otras muchas.
Fue parada obligada la visita a la Catedral, para continuar por rincones y calles del casco histórico como la calle Cimadevilla y la calle Mon entre otras; lugares donde se concentra la esencia de la ciudad de Oviedo, de sus monumentos y de su historia, y que nos regresa a sus orígenes en el S.VIII, a su recinto amurallado y a la ciudad medieval sede de los primeros reyes asturleoneses.
Mezclados entre los comentarios de asombro y admiración, por todo lo que se mostraba a nuestros ojos, se escuchaban otros que reflejaban la ilusión que experimentábamos al encontrarnos con otras personas que compartían nuestra misma inquietud y locura: “escribir”.
Terminamos nuestro recorrido a las puertas de Auditorio “Príncipe Felipe”, sede del congreso: un magnífico edificio de original y novedoso aire neoclásico.
Tras acreditarnos y recoger documentación y regalos con los que se nos obsequió a los congresistas, por parte de los muchos colaboradores que pusieron su grano de arena en este primer congreso, nos dirigimos al restaurante del Auditorio, donde se nos agasajó con un cóctel de bienvenida pudiendo saborear, de nuevo, productos típicos de la tierra, como sus excelentes quesos, embutidos y, como no, todo bien regado con sidra.
Después de bien comidos y bien bebidos, las emociones y el cansancio de esta primera jornada, unido al acumulado en el viaje, hizo que la mayoría nos retiráramos al hotel a descansar para afrontar frescos y bien despiertos las jornadas siguientes; si bien, los más jóvenes, se entretuvieron hasta la madrugada, en recorrer los lugares nocturnos y de la movida juvenil de la ciudad.
Al día siguiente, viernes 7 de diciembre, a las diez de la mañana, se inauguraba oficialmente “el I Congreso de la Asociación de Escritores Noveles” contando con la presencia de Rosendo Tello, Premio de las Letras Aragonesas 2005. La conferencia Inaugural, corrió a cargo de Susana Checa, Jefa del Departamento de Socios de Cedro.
Ese primer día se expusieron ponencias tan interesantes como: “Corrección literaria y su importancia en la creación”, impartida por Ricardo Menéndez Salmón o “Distribución y venta. Un problema añadido para el autor novel”, por José Mª Anta.
Mesas redondas que abordaron cuestiones tales como: “La importancia de la creación literaria”, con la participación de Antonio Martín, Luís de Luna, Cesar Noragueda y Graciela Litvak.
Todos los ponentes dejaron muy claro en sus intervenciones la importancia que tiene a la hora de pensar en publicar, que nuestro libreto, ya sea de poesía, narrativa o novela, haya pasado por un corrector. El corrector pulirá nuestro texto, tanto ortográfica como gramaticalmente, hará una primera valoración de estilo y contenido, y nos servirá de carta de presentación, casi imprescindible, al enviar nuestra obra a una editorial. Tanto es así, que muchas editoriales no admiten ningún libreto que no haya pasado previamente por las manos de un corrector.
Al parecer, hay autores que no permiten que nadie les mueva ni una coma, ni admiten una sugerencia, justificando ese hecho en un alegato a su propio estilo. Como dijo Manuel L. Alonso: “es mejor empezar a ser humildes antes de que la vida te fuerce a ello”.
Personalmente, cuando escuché el papel que tiene un corrector, respiré aliviada, porque, aunque me esfuerce en que mi escritura sea lo más correcta posible, el saber que un profesional revisará mi texto, y colocará las comas y puntos en los lugares adecuados, me hace escribir mucho más relajada.
Otro tema que se abordó y se debatió ampliamente fue: “La creación literaria como canal de comunicación”. Manuel Alonso, Álvaro Ruiz de la Peña, Lorenzo Pollán, Gonzalo Moure y Mayte Guerrero tuvieron magníficas intervenciones. Sus opiniones y valoraciones fueron sumamente esclarecedoras.
Esa tarde, y la del día siguiente, el congreso nos ofreció un taller de escritura creativa a cargo de Graciela Livak. Argentina. Escritora, correctora, profesora de estilo que nos enseñó y recordó los recursos para matizar y potenciar la habilidad del escritor; los parámetros para evaluar un relato, y nos orientó la forma y modo de mejorar nuestros textos. Fue una delicia asistir a su taller.
Al final de la jornada, antes de volver al “Yantar de Campomanes” para reponer fuerzas, tuvo lugar la presentación de los libros de los socios y la firma de ejemplares. Momento emotivo para los compañeros que presentaban sus libros y así mismo, para los que escuchábamos sus exposiciones, viendo el brillo de sus ojos, y el orgullo con que presentaban, después de la gestación y del dolor del parto, a ese nuevo hijo, para muchos el primero, temblando entre sus manos.
El sábado día 8 amaneció nublado, pero la temperatura seguía siendo suave; tal vez fuera por el calor, la energía que emanaba del auditorio en donde unos cuantos hombres y mujeres seguíamos tejiendo sueños e historias.
Comenzamos la jornada con una ponencia sobre: “Los problemas de edición en los autores noveles”. Jesús Fernández, director de Ediciones LetraClara, nos expuso las dificultades que nos encontramos los escritores a la hora de publicar nuestra obra. La autoedición es una salida válida y al parecer, en muchos casos la única. Jesús nos dio pautas y consejos a la hora de optar por ese tipo de edición. Después de la exposición de Jesús Fernández, se celebró una mesa redonda sobre el mismo tema.
Esa mañana fue especialmente emocionante el acto poético a cargo de José Corredor-Matheos, Precio Nacional de Poesía 2005, con quien tuve el placer de compartir mesa, mantel y una agradable conversación en la cena de la noche anterior, junto a Rosendo Tello, su esposa, Luís de Luna. Nuestra presidenta presidía la mesa frente a un plato vacío, desde donde se esforzaba en reflejar una sonrisa.
Recordaré siempre esa cena por varios motivos, o mejor por cada una de las personas que se encontraban esa noche a mi lado.
Por la tarde, la ponencia y mesa redonda, sobre la distribución y venta de las pequeñas y medianas editoriales, impartida por José María Anta, y el taller literario, de Graciela, ponían punto final al congreso.
En el acto de clausura que se hizo entrega del premio al ganador del I Premio “Luís Adaro” de relato corto: Carlos Frühbeck Moreno; y a los Sres.: Sánchez-García, el título de socios de honor.
Así mismo, se entregó a José A.Jarne una agenda firmada por todos los asistentes al congreso y una carta de agradecimiento también rubricado por todos los congresistas, que leyó la escritora Águeda Iris.
Nos despedimos de la misma manera que nos encontramos, disfrutando de una excelente cena en el restaurante del auditorio. Intercambiamos direcciones de correo, teléfonos, y palabras de afecto y cariño, con la promesa de mantenernos en contacto y emplazándonos hasta el próximo encuentro.
Alguien pudo pensar que un hecho empañó el último acto. La ausencia de nuestra presidenta. Pero en realidad no fue así: Porque ella, con su mente y su corazón se encontraba entre nosotros, aunque su cuerpo se negara acompañarle.
Estoy segura de que Covi habría pensado muchas veces en ese acto de clausura, cuando todo termina y se recogen los frutos del esfuerzo. Deseaba estar allí esa noche junto a José, la junta directiva y con todos lo que han colaborado con su trabajo y esfuerzo al éxito de este congreso, con todos los congresistas, con todos los socios.
Pero ese día, la vida, había dispuesto otra cosa para Covi, y ella, en silencio, sola, apretando los dientes, sin molestar a nadie, tranquilizando a José y a todos, procurando que nada empañara el acto final, aguantó hasta que no pudo más.
El congreso ha sido un éxito tanto de organización, de contenido y de participación. La repercusión en prensa y en medios había sido grande y todos estábamos más que satisfechos. El congreso ha sido un éxito, no podía ser de otra manera, cuando en la asociación se encuentran personas de tan alta calidad humana.
El domingo día 9, en el hotel, todavía pude volver abrazar a algunos de mis compañeros mientras esperaba el taxi que me llevaría a recoger mi coche. El taxista y yo recorrimos el trayecto sin hablar. Las calles, sin apenas transeúntes, ni coches, se mantenían, así mismo en silencio, en una despedida callada y emotiva.
Salí de nuevo de Oviedo por la Plaza de Castilla en dirección a la montaña y me encontré el semáforo cerrado. Mientras esperaba a que se abriera, por el espejo retrovisor, eché una última mirada a la ciudad y, sorprendida, vi que suspendidas en el aire, multitud de letras se movían suavemente de un sitio a otro formando palabras. Las palabras, a su vez, iban y tornaban para acomodarse componiendo frases, y las frases corrían de acá para allá, subían y bajaban, buscando su lugar correcto, y dar forma y estructura a un párrafo.
Saqué la cabeza por la ventana y me quedé atónita: La Plaza de Castilla estaba invadida por escritos que se balanceaban en el aire en un suave movimiento. Entraban en la ciudad y se perdían entre sus calles y plazas, más allá de donde mi vista podía llegar.
Sonreí emocionada: Oviedo se había quedado con buena parte de los escritos de cada uno de uno de nosotros como pago por ser ella la primera ciudad de España donde se fraguó y se hizo realidad un sueño.