LA EDAD DE HIERRO
Decir de esta novela que es maravillosa y amena seria ponerle adjetivos demasiado trillados y propios de un vendedor de biblias, aunque fuera verdad. Como bien dice J.M.Coetzee en “El maestro de Petersburgo” La lectura consiste en ser el brazo y ser el hacha y ser el cráneo que se parte; la lectura es entregarse, rendirse, no mantenerse distante ni burlón.
Con su brazo transparente me metió entre las líneas de “La Edad de Hierro” y de un solo hachazo cortó todo lo que sucedía a mi alrededor, para mantener mi cerebro en una historia; intensa, triste a la vez que violenta. Tuve que leer despacio porque al hacerlo deprisa mi personaje se moría. Lloré, me dolieron los huesos y sentí la lluvia caer dejándome el vestido pegado a la piel. Cuando lograba salir del trance en el que estaba metida y volver a la realidad, lo único que me apetecía era seguir leyendo en alto para que todos los que me rodeaban sintieran lo mismo que yo.
Carmen García.