¡POBRE DE MÍ…!
Ayer en la carpa de encuentros todo era diferente, y por eso, porque era distinto, no voy a realizar una crónica como las anteriores. Ésta será diferente. Tampoco pondré fotografías. Pretendo que sea diferente, como yo percibí el día de ayer. Distinto, diferente, gris, lluvioso… pero gozoso, por otro lado.
Al mediodía de ayer todos los que todavía resistíamos nos congregábamos en la carpa de encuentros. En el ambiente se respiraba un aire diferente. ¿A tristeza por el final de la fiesta? Seguramente sí. ¿A melancolía por lo vivido estos días? Seguramente también… Pero lo más de lo más llegaría en unos minutos.
Con una puntualidad asombrosa para ser domingo, el semanero más preclaro de cuántos asisten a SN con coche oficial (que son escasos) descendía de su flamante audi ocho negro y blindado para presidir de manera atípica, cercana, cariñosa y diferente los actos con los que concluía esta vigésima edición de la Semana más Negra de la capital de la costa verde. El semanero Areces fue recibido por Paco Ignacio Taibo II, por representantes municipales que, a pesar de su escasa antigüedades el cargo, ya demostró unos talentos de sentido común y sensatez a los que últimamente no estábamos acostumbrados. ¡Enhorabuena por este gallego con nombre de escritor cubano!
Después de la entrega de los correspondientes rufos, (incluidos los de sorpresa), de los premios gastronómicos y literarios, el todavía semi exhausto Paco Ignacio Taibo II tomó la palabra para dirigirse a los presentes. Y he ahí que se lo agradezco de veras porque a través de esas palabras descubrí a la persona, no al director de la Semana Negra, no al autor de novela, que a esos ya los tenía muy vistos. No, en absoluto. A través de esas palabras que le salieron del alma (aunque la lleve un tanto oscurecida por culpa de los Habanos) descubrí al ser humano que, desde su responsabilidad más absoluta es capaz de agradecer a cuántos están directa o indirectamente en el mismo barco que él. Semana Negra no la organiza él. A su lado, remando a su misma velocidad, se encuentran cientos de personas que, cada hijo de vecino, desde su parcela y con su trabajo, logra que este festival sea un éxito absoluto dentro y fuera de nuestras fronteras.
De esta manera tan humana, Paco Ignacio Taibo II quiso testimoniar a todo su equipo su más profundo agradecimiento por un trabajo vital, limpio, y solidario, sin el cual este evento multicultural estaría descafeinado. Pero la vida tiene paradojas. Lo que él había preparado hacía su equipo fue al revés. En el fondo y en la forma, era un homenaje bidireccional, también dirigido, desde el propio equipo, hacia su amigo, Paco Ignacio Taibo II. Quedó patente que este evento no tiene director, no tiene un responsable. Todos son los directores y responsable. Es un equipo y se trabaja como tal. El propio Paco Ignacio Taibo II es la cabeza visible de este equipo, sencillamente. Pero siempre lo encontramos en primera fila de trabajo, y ello es lo que enriquece a las personas y las hace grandes, con independencia de cargos, títulos y venta de libros.
El homenaje que quiso tributar a su equipo, también lo trasladó a los suyos próximos: a Paloma, su compañera, de la cual dijo que sin ella era la mitad de la nada, y a Marina, su hija. Así es Paco, el hombre, el ser humano…
Pero también hubo un momento para la reflexión serena y concienzuda. Si hoy es día de dormir y descansar, mañana empieza una nueva cuenta atrás. La XXI edición de Semana Negra.
Como él bien reflexionó en voz alta, quizás detrás de veinte años, sería el momento de un balance objetivo, de un análisis auto crítico y mesurado. Es la hora de la reflexión, de continuar con aquello que triunfa, de eliminar aquello que lo enturbia, y de mejorar aquello que puede cambiar. Simplemente se trata de enriquecer este evento multicultural. Ni más ni menos.
A pesar de sentencias judiciales, dimes y diretes, con independencia de los sectores más críticos (a los cuales el propio Paco Ignacio Taibo II les agradeció sus reproches porque eso también le enriquecía), Semana Negra no puede sucumbir. De ello, además de él mismo, en sucesivas ocasiones se encargarán las instituciones públicas y privadas que, con su aportación empujan y respaldan este exclusivo festival literario. Pero también allí, aportando lo que podamos, estaremos otras entidades y colaboradores. Que nadie lo dude.
Por éstos y otros motivos, sus colaboradores más próximos, le tributaron un homenaje singular, al cual nos sumamos todos los presentes.
Mientras el cielo asturiano se encapotaba por momentos y la lluvia caía vorazmente, nos dirigimos a Avilés para despedir esta XX edición al más puro sabor asturiano, deleitándonos con una tradicional espicha.
Y allí, en la ciudad a la que en 1085 el rey Alfonso VI le otorgó un fuero, llegó el momento inevitable de las emociones contenidas, de las lágrimas resistentes, del adiós. Desde esta ciudad, los pocos invitados que resistían a los embistes del cansancio regresaban a Madrid para, desde allí, trasladarse a sus respectivos de origen.
Paco Ignacio Taibo II y Paloma despedían, entre abrazos y gestos de cariño, a todos y cada uno de los presentes. Pero en ningún momento se escuchó la palabra “adiós”. Sólo se escuchaba, …hasta el año que viene. ¡Casi nada!
Ahora no entonaremos el famosísimo sanferminero “¡pobre de mí!”. Simplemente descansaremos unos días, reflexionaremos sobre lo vivido, y a la vuelta de algunas semanas, descolgaremos el teléfono y diremos “Paco, que te parece si el próximo año…”.
Es decir, nos pondremos a trabajar.
Un saludo a todos aquellos que habéis seguido estas crónicas día a día, ha sido todo un placer compartirlo con vosotros. ¡Hasta el año que viene!
José A. Jarne