Archivos para Abril, 2007

Entrevista a Laura Gallego

laura_gallego.jpg    Entrevista realizada por Javier Rubio. Publicada en la revista Eccus.

“Tengo claro que lo próximo que escriba no va a tener el éxito de Memorias de Idhún” La escritora Laura Gallego triunfó con su novela número 14. Una luchadora incansable da las claves a los nuevos escritores para no perder la esperanza.
Nació el 11 de octubre de 1977 en Quart de Poblet (Valencia). A los 11 años escribió junto a su amiga Miriam Zodiaccía, un mundo diferente, un libro que tardaron tres años en acabar y que nunca se publicó. Diez años más tarde, este proyecto de gran escritora se convertía en una realidad. Su novela Finis Mundi ganaba el Premio Barco de Vapor. A éste le siguió la trilogía de Memorias de Idhun (La Resistencia, Tríada y Panteón), más de 300.000 ejemplares vendidos de una historia traducida a 13 idiomas. 20 novelas publicadas la han encumbrado a los altares literarios de este país convirtiéndola en un auténtico fenómeno editorial. Rara avis de un mundo en el que cada vez es más complicado triunfar para los jóvenes.

Con tan sólo 15 años, Laura Gallego comenzaba a imaginarse Idhún. ¿De qué fuentes literarias bebió aquella joven para crear ese mundo?
De toda la literatura que caía en mis manos, de género fantástico sobre todo. Todo lo que leemos, incluso lo que leemos y después olvidamos, nos influye de alguna manera y nos ayuda a desarrollarnos como lectores, como escritores y como personas. Podría citar algunos autores, pero sería injusto para aquellos a los que no citaría. No creo que deba hacer una selección.

Con la perspectiva del tiempo, ¿ventajas e inconvenientes  de ser una niña precoz de la literatura?
Ventajas, poder dedicarme a lo que me gusta, sobre todo, y saber que todavía me quedan muchos años por delante para seguir haciéndolo. Inconvenientes, que cuando empiezas joven mucha gente no te toma en serio, o, si tienes éxito, piensan que todo ha sido cuestión de suerte. En mi caso, por ejemplo, hay muy pocos que sepan que tengo 13 novelas inéditas, y que ya había publicado 10 libros antes de Memorias de Idhún. No se trata de la edad que tengas, sino de cómo has aprovechado los años que has vivido.

 Eres la protagonista de un fenómeno literario, realizas visitas a colegios e institutos, das charlas por toda la geografía española, se ha creado todo un cibermovimiento en torno a Memorias de Idhún… ¿Todo este éxito te ha sumado presión a la hora de escribir?
Un poco, sí, porque en ningún momento imaginé que esta historia iba a tener tanto éxito, y, sobre todo, por el volumen de trabajo que se me ha venido encima. Por fortuna, ya tenía la historia muy planeada cuando empecé a escribirla, por lo que, dejando aparte el tema de los plazos de entrega y demás, no me sentí muy presionada. Sólo me limité a centrarme en la historia que quería contar.


¿Y tus próximos proyectos?
Tengo muy claro que lo próximo que escriba no va a ser Memorias de Idhún ni va a tener tanto éxito. Lo que pretendo es seguir escribiendo en todo momento lo que me salga de dentro, y tratar de hacerlo lo mejor posible. No tiene sentido que me preocupe de si va a tener éxito o no. Aparte de Memorias de Idhún tengo más obras publicadas, algunas funcionan mejor que otras, y no necesariamente porque sean mejores. Simplemente, hay historias que conectan con más gente y otras más personales. Cada libro es diferente y hay que valorarlo así.
Hablamos de jóvenes escritores. ¿Cómo fue el momento en el que te enteraste de que iban a publicar tu primer libro?
En realidad no era mi primer libro, sino el libro número 14 que escribía. Los 13 anteriores habían sido rechazados en distintas editoriales y la verdad es que ya había perdido
la esperanza. Pero seguía escribiendo igualmente, y aquella novela, Finis Mundi, la envié al premio Barco de Vapor. Llevaba varios años participando, no con la esperanza de ganar, cosa que me parecía impensable, sino por si sonaba la flauta y al jurado le gustaba mi obra lo bastante como para proponer su publicación.
La mañana en que me llamaron estaba sola en casa porque había pillado una gripe. Preguntaron por mí, me preguntaron si era la autora de Finis Mundi y se quedaron muy sorprendidos de saber que tenía sólo 21 años. Me dijeron entonces que había ganado el premio Barco de Vapor de aquel año. Para mí fue… no sé. Creo que me quedé escuchando sin ser capaz de pronunciar una palabra. Tardé bastante en asumir que era verdad, que no era un sueño.

¿Qué aconsejas a los jóvenes que leen y sueñan con ser escritores?
No soy quién para decir lo que cada uno debe leer y lo que no. Lo que sí recomiendo es que los que quieren ser escritores deberían leer todo lo que puedan, cuanto más variado, mejor. Y escribir mucho. Parece una perogrullada, pero es verdad: hay mucha gente que dice que quiere escribir, pero luego no escribe. Muchos se cortan pensando que lo que escriben no es bueno, pero esa no es razón para bloquearse, al contrario. A escribir se aprende escribiendo. Cuanto más se escribe, más rápido se aprende y se mejora.

¿Y enviar los escritos?
Sí, por supuesto hay que probar a enviar lo que uno escribe a diferentes editoriales y concursos, pero sin agobiarse. Tan erróneo es creer que se es un escritor pésimo como creerse un genio incomprendido. Cuando uno empieza a escribir, será durante un tiempo un aprendiz de escritor; puede tener talento, pero aún tiene que aprender las técnicas del oficio, a sacar el máximo partido a nuestra herramienta, que es el lenguaje. Por lo tanto, está muy bien enviar textos a editoriales y concursos, pero no hay que ofenderse ni deprimirse si a uno le rechazan sus primeras obras. Es importante curtirse y aprender de los propios errores para mejorar. Hay que tener paciencia y trabajar mucho.

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Las editoriales: ¿una apuesta por los que empiezan?

Autor, Manuel Monar. Publicado en la revista Eccus.

Los jóvenes en España, después del esfuerzo que supone terminar una novela, un libro de relatos o de poesía,  tienen ante sí un desafío mayor todavía, el de publicar. Y es un desafío porque las editoriales poderosas, en la mayoría de los casos, no cuentan con ellos. El camino más accesible hacia la publicación para un escritor novel es el de acudir a las pequeñas editoriales. Las grandes, que no quieren correr riesgos con autores desconocidos, pueden rechazarla si es que llegan a leerla entre la gran cantidad de manuscritos que reciben (entre 20 y 30 mensuales).
Algunas editoriales pequeñas, sin embargo, están más dispuestas a arriesgarse. Caballo de Troya y Dilema, entre otras, trabajan para dar a conocer a los autores que empiezan, o que todavía no han obtenido un reconocimiento comercial que pueda avalarles.
BAJA CALIDAD
Las dos editoriales citadas explican, sin embargo, que su principal línea de acción no es publicar a los jóvenes escritores, sino a los nuevos escritores. Según
Francisco Hernanz, que está al frente de Dilema en solitario, “en los hábitos editoriales prima la obra, no el nombre ni
la edad. Si la obra es buena, da igual la edad que tengas”. Constantino Bértolo, director editorial de Caballo de Troya coincide con él: “Mi labor no consiste en descubrir jóvenes talentos sino en publicar nuevos escritores, porque aún cuando lo de nuevo suele coincidir con lo de joven, no siempre es así”.  Si matizan la respuesta es quizá porque la mayoría de los manuscritos que envían los jóvenes autores no llega al nivel esperado por los editores. “Las editoriales están deseando encontrar a un joven autor, pero el 99 por ciento de los manuscritos que recibo no se editan, es que son muy flojos, muy flojos” reitera Hernanz, con cierta desolación. “Cuando alguien que no conoce el mundo del libro escribe y termina una novela, o un libro de poesía, está convencido de que Planeta puede editarlo. Y como no lo hace, manda el manuscrito a otra, y a otra, y a otra. Y todas
la rechazan. Es que no es tan fácil escribir una novela publicable”, asegura el editor. Bértolo abunda en esta cuestión: “En general opino que el nivel de la cantera no es muy bueno. La mayoría de los originales que llegan tratan de vender; parecen tener más ganas de ser escritores que de escribir”. Y termina con un consejo directo: “Antes de decidir ser escritores, los jóvenes deberían considerar si tienen algo que contar”.
Según ambos editores, la causa de esta falta de calidad es que los jóvenes escritores no le dan la suficiente importancia al aprendizaje del oficio. Herranz habla de “dedicarle mucho tiempo a pelearse con el lenguaje, con una palabra, con un párrafo. Flaubert llegó a escribir cuatro veces el mismo capítulo de una novela. Y era Flaubert”. Aunque se muestra comprensivo: “Es normal. Nadie nace sabiendo, y nadie acierta a la primera” y, citando a Robert Graves, afirma que “una papelera es el mueble más importante en la habitación de un escritor”. Así, el editor destaca la importancia de una autocrítica feroz y de la reescritura, como proceso necesario para convertirse en un buen escritor.
Bértolo intenta acabar con el mito de que el talento puede suplir la falta de técnica: “El término talento es muy confuso, remite a una semántica romántica que entiende la figura del escritor como un genio sagrado investido de dones supranaturales”
Los editores también se muestran alarmados por la ausencia de un relevo generacional sólido, de un proyecto creativo común que sí puso de acuerdo a otros grupos de escritores. Hernanz atribuye casi tanta importancia a la formación a través de escuelas como a la tertulia, a la investigación: “Al maestro le escuchas, pero con el colega se comparten afinidades estéticas, se investiga, y así es como de verdad se aprende”.

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Reportaje, muy interesante, sobre los escritores noveles.

Autor, Javier Rubio. Editado en la revista Eccus.

Año tras año, miles de jóvenes se acercan a las aulas de las escuelas y talleres de escritura de este país.

Los más, buscan resolver los obstáculos que se les presentan a la hora de escribir; los menos, una base literaria que les permita asaltar el sueño de convertirse en escritores de éxito. Juan Carlos Suñén y Elisa Velasco, director y jefa de estudios de la Escuela de Letras de Madrid respectivamente, y Enrique Páez, director del Taller de Escritura, conviven cada año con cientos de estos escritores en potencia. A través de sus palabras asistimos a un curso acelerado sobre la realidad que rodea al sueño de publicar.
Lo primero de lo que se da cuenta un joven que quiere dedicarse a la literatura es de que “escribir es muy difícil”, afirma Velasco. Lo segundo, “que el camino para publicar es muy largo”. No basta con dominar el lenguaje, “hay que aprender a hacerlo” apunta Suñén.
Pero para aprender a escribir, no es necesario un taller, y en ello coinciden ambos. Aquel joven que quiera consagrar su vida a las letras, y más aún, tratar de vivir de ello, “debe leer mucho, y muy variado, debe asumir que la literatura son los libros de texto del escritor”, puntualiza Velasco. Enrique Páez va más allá y coloca el sueño al alcance de la mano al apuntar que “poca gente dedicándole todos los días unas horas a la lectura y a escribir no acabará publicando algo”. Y añade que “el joven debe asumir que el escritor está en constante formación, el aprendizaje del escritor no acaba nunca”.

La literatura mercantilizada


Y llega el momento crucial, el momento en el que el escritor finaliza una novela y quiere publicarla, el momento en el que la realidad le golpea. Según Juan Carlos Suñén, “cuánto antes sepan los jóvenes que vivir de lo que uno escribe en este país es muy difícil, mejor. Tan sólo media docena de personas puede decirlo en España”. “El mundo editorial apuesta en los últimos años por una literatura fácil, de baja calidad, en la que priman los best-sellers”, considera Elisa Velasco. Apunta que “el espacio en las librerías es muy pequeño y las grandes empresas prefieren tener una pila de Harry Potter a varios títulos firmados por autores desconocidos. Conlleva menos riesgos y reporta más ganancias”. Para Velasco “la gente sólo se mueve por lo que ve anunciado en televisión o en la prensa. Ésta se mercantiliza cada vez más y aquello que es nuevo, diferente, como lo que ofrecen los jóvenes escritores, se rechaza”.
Enrique Páez, en cambio, exculpa a las editoriales de que cada vez sea menos frecuente la edición de obras de noveles. “El nivel literario de nuestros jóvenes no es tan alto como se quiere hacer ver. Es muy bajo, en muchos casos, incluso en lo ya publicado”. Páez considera que el problema se halla en la falta de escritos de calidad. “Las editoriales están deseando encontrar un buen libro, el caso es que no es muy frecuente hallarlo”. Y aconseja a todos aquellos que quieran publicar que asuman que es necesario “escribir varias veces una novela y realizar muchas prácticas antes de enviarla a una editorial”.
Más libros, menos lectores.
Suñén apunta una cifra: “En España no hay más de 500 lectores. Otros 200.000 sólo compran libros, normalmente un best-seller”. No sabemos si este apunte es cierto o un tanto exagerado, lo que sí que ha dejado claro el Anuario sobre el Libro Infantil y Juvenil 2007, publicado por Ediciones SM recientemente, es que en España cada vez se lee menos y eso afecta directamente a todo aquel que quiera dedicarse a la literatura.
Según dicho estudio, en nuestro país se lee una media de 3,1 libros al año en castellano. En las comunidades bilingües la cifra asciende. En Cataluña, por ejemplo, se leen casi seis libros por individuo lector. Durante 2006, a pesar de que el número de ejemplares editados ascendió hasta los 55 millones, las ventas descendieron más de un 3%.
De este modo, 3 de cada 10 libros editados se vieron obligados a volver al almacén. “La realidad es así de triste”, comenta con nostalgia Elisa Velasco, “encontramos ejemplos brillantes como los de Javier Arriero, un joven premiado en varios concursos que ve cómo sus novelas pasan sin pena ni gloria por nuestras librerías”. Así, España vive la paradoja de estar a la cabeza de Europa en producción editorial, pero a la cola en cuanto a
la lectura.
Suñén considera que se debe “cuidar al lector, tratar de que esos 500 sean más, que la demanda crezca y así los jóvenes escritores puedan tener más oportunidades”.
Y mientras los lectores bajan, las editoriales continúan con su lucha por el espacio que ofrecen las librerías. A todas les cuesta apostar por un autor novel cuando tienen que enfrentarse al hecho de que tres de cada cuatro libros leídos en la escuela durante el año pasado estaban escritos por los mismos 30 autores, según recoge el Anuario publicado por SM. 
 

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Cálamo & Cran celebra su 10º aniversario en la Feria del Libro de Madrid

El Día del Libro va a ser una buena oportunidad para conocer el mundo de la edición de la mano de sus protagonistas. Tres representantes de la cultura y del libro –el Ateneo de Madrid,
la editorial Trea y el centro de formación editorial Cálamo&Cran– han unido sus esfuerzos para organizar unas jornadas con este objetivo: descubrir el trabajo de quienes hacen nuestros libros: autores, editores, traductores, tipógrafos, maquetadores, correctores, impresores y libreros. Un homenaje, un curso gratuito de edición y mesas redondas completarán este “día” del libro que durará cinco jornadas.

Desarrollo de las jornadas

El lunes, día 23, la apertura del evento, estará marcado por el homenaje a D. José Martínez de Sousa, el mayor representante de la heterodoxia editorial en español (www.martinezdesousa.net), a quien se le impondrá la medalla del Ateneo.Cómo una idea se transforma en un proyecto, cómo trabaja un editor y sus colaboradores, cómo se diseña y compone el libro, y cómo el libro llega a las manos del lector, son los temas que se tratarán a lo largo de la semana: por las mañanas, a través de un curso básico para descubrir el proceso de edición; y por las tardes, en debates abiertos con los distintos profesionales. Todas las actividades son gratuitas y de libre acceso.Con estas jornadas, los asistentes verán sus libros con nuevos ojos: aprenderán a descubrir los detalles que les brindan estos profesionales para conseguir que su recorrido por las páginas se convierta en una lectura clara y apacible.

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