¿Idiotas o falta de olfato?
Últimamente estamos leyendo noticias que en lugar de desasosiego, nos deberían llenar de optimismo a los autores noveles.
En una noticia sobre una conferencia titulada “Editoras” que tuvo lugar en el marco de la 39 edición de la Feria del Libro de Valladolid, todas coincidieron en señalar que lo difícil es encontrar obras de calidad para publicar, ya que los escritores noveles parecen no haber leído mucho.
La responsable de Tusquets Editores, Beatriz de Moura, declaró que “todo el mundo puede escribir, pero escribir bien es otra cosa“, y añadió que “los aspirantes a escritores no saben nada del mundo literario, lo único que quieren es hacerse famosos“.
Yo le diría que todos “los aspirantes a escritores”, por muy famosos que ahora sean, nunca han sabido nada del mundo literario cuando comenzaban, sólo escribían. ¿Acaso es obligatorio estar al tanto del mundo editorial para poder escribir?
Pero, si bien como dicen la calidad de los noveles es mala, no sabemos escribir bien y sólo buscamos hacernos famosos ¿Qué justificación tiene entonces rechazos editoriales de los que ahora es incomprensible sólo el pensarlo?
Pongamos sólo dos ejemplos muy recientes: J.K. Rowling e Ildefonso Falcones.
La escritora británica Rowling es la autora de Harry Potter, una obra que la ha llevado a convertirse en millonaria, pero que tuvo que escuchar siete noes de diferentes editoriales antes de encontrar una que quisiera editarlo. Otro caso, Ildefonso Falcones autor de La catedral del Mar, novela que ha sido la más vendida en San Jordi y cuyas ventas se han disparado después a nivel nacional, pero que previamente fue rechazada por un montón de editoriales.
La pregunta es: ¿Todos los que previamente leyeron esos manuscritos eran idiotas o faltos de olfato comercial? ¿Qué hubiera pasado si Rowling se viene abajo y no sigue en su empeño de publicar?
Evidentemente no, pero además de ser humanos y por tanto, poder cometer errores, no son totalmente objetivos, tienen la subjetividad de sus propios gustos, de lo que ellos entienden por “calidad para publicar” por la línea editorial a la que representan y otras circunstancias varias.
Sí es cierto que el autor novel debe de concienciarse que su obra tiene que estar bien corregida antes de presentarla a una editorial, ya que ésta en cuanto comienza a leer un manuscrito y detecta errores la descarta sin seguir su lectura, pero en otros casos también es cierto que se rechaza una obra por su falta de “calidad para publicar” por mucha calidad literaria que ésta tenga, lo importante es el dinero que se pueda ganar con ella, sino es comercial no interesa; aunque es mucho más fácil acusar a los aspirantes a escritores de que sólo se quieren hacer famosos sin importarles lo que realmente escriben.
¿No es el mercado y el mundo editorial el que les lleva a pensar en ello?
Después de todo esto, errores incluidos, uno piensa que realmente es cuestión de suerte que te digan sí o no, que la novela interese desde un punto de vista comercial, y que muy pocas editoriales “apuestan” por editar textos que no tengan “calidad para publicar” pero sí una calidad literaria. Lo dicho, la paciencia es una virtud, el trabajo es esencial para escribir un texto de calidad, y el tesón muy necesario para no rendirse en este difícil camino del mundo editorial.
Y me quedo con dos frases: “La buena literatura trasciende sin avales” (Santos Domínguez, crítico literario) y “El escritor siempre debe de saber cual es su sitio y no pretender estar donde no le corresponde” (Juan Bolea, escritor y periodista).